La causa universitaria, un test para el poder

Los sucesivos gobiernos suelen confundir el estado del tiempo con la evolución del clima: es es lo que los lleva, cuando están en su cénit, a imaginarse fundacionales y eternos. Cuando eso les ocurría a los extremistas de derecha que se encolumnan o se han dejado rigorear por Javier Milei, la narrativa oficial jactanciosa dividía a la Argentina entre quienes "la ven" y quienes "no la ven", cosa que hasta llegó a algún panfleto televisivo que, llamativamente, aún se sostiene. Pues bien: las estaciones fueron pasando y ahora es el Gobierno el que "no la ve".

La referencia, claro, es a la cuarta Marcha Federal Universitaria, que ayer unió a la Argentina en un grito, incluso más angustioso que en las ocasiones anteriores, en defensa de lo que los trabajadores y los sectores medios empobrecidos entienden como el único vehículo que queda para que sus hijos e hijas tengan un futuro mejor: la educación superior.

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Esa educación que el Gobierno se empeña en ahogar, por un lado, por su apego fanático a un ajuste sin destino y, por el otro, acaso por el resentimiento de los marginales y viejas víctimas de bullying que lo lideran contra todo lo que implique luz y esperanza. Hay cosas que ya es necesario que el periodismo, incluso el que se asume responsable y no encuadrado, se permita decir.

Presencias, indolencias y ausencias

Juan Rezzano repasó en una nota publicada en Letra P los datos duros del atentado que el Gobierno perpetra contra las universidades nacionales. No hace falta abultar este newsletter con datos que están allí, a los que simplemente cabe añadir el provocador guadañazo presupuestario del lunes, porque no hay dieta que alcance. Mejor es analizar qué está pasando en la calle y cómo reacciona la política frente a eso, lo que trae algunas novedades.

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Córdoba capital fue uno de los epicentros nacionales de la Marcha Federal Universitaria.

Córdoba capital fue uno de los epicentros nacionales de la Marcha Federal Universitaria.

Asimismo, hay que resaltar la estupefacción suicida de Milei y funcionarios que deben su posición más a su capacidad de adularlo que de ayudarlo a registrar, aunque le cueste, la realidad.

Y, por último, una defección clamorosa, una ausencia que supone la carencia más significativa cuando se piensa en reconstruir la Argentina tras el mileiato.

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Abajo, en la calle, docentes, alumnos, profesionales, trabajadores y hasta pacientes de los hospitales abandonados a su suerte no solamente expresaron la insuficiencia de los salarios y los insumos, sino –muy especialmente– el sentimiento de humillación que les impone el Gobierno. Y su sana rebeldía, desde ya.

Los que siempre están…

El desguace mileísta de las universidades no es una isla en medio de otros. Se suman el de las capacidades de las provincias y los municipios de atender la salud, la educación y la seguridad; el de las políticas públicas de atención y prevención sanitaria, y de vacunación; el de la instrucción elemental; el de la seguridad ante el avance del narcotráfico en los barrios; el de una infraestructura que ya no solo no alcanza, sino que se cae a pedazos; el de la ciencia y técnica que se entrega en paquete, y tantas cosas más.

Ante eso, no sólo la calle responde en serio, con esas multitudes tan grandes que resulta baladí tratar de mensurar; también la política. Ahí hay una novedad.

La izquierda siempre está donde existe una reivindicación, cosa que hay que reconocerle, incluso desde la diferencia.

El peronismo y el sindicalismo que le responde también acuden a estas tenidas. En este caso, lo relevante es que, más allá de que las diferencias personales y programáticas asoman con mayor claridad desde que el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner quedó vacante, ese sector ya puso en marcha un proceso doloroso que, por las buenas o por las malas, lo conducirá a alguna forma de reordenamiento.

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El radicalismo, ya una causa ilevantable, recupera los colores cuando le tocan sus bastiones universitarios y –esto sí que es significativo– hasta el PRO de Mauricio Macri comienza a dar algunas muestras de independencia respecto del Gobierno.

… y los que captan un cambio

El partido amarillo no convocó a la protesta –¿para qué pedirle lo que no es capaz de dar–, pero republicó ayer el comunicado que había lanzado el domingo, en el que se propone como el "próximo paso" de la reforma nacional, uno que reconoce que "hay una diferencia entre que los grandes números mejoren y que tu vida mejore", y que "eso duele, desgasta". Un texto que pide que se escuche "el dolor" y que el poder dé "el ejemplo", que se diferencia del del populismo peronista y del mileísmo arrogante.

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En él, el PRO promete "enfrentar a los dos" para, desde el gobierno, hacer que "el cambio llegue y cambie tu vida" con "más rutas, más hospitales, mejor educación".

Es tentador argumentar que esas palabras contienen dosis grandes de impostación. Ese partido "acompañó el rumbo", avaló cada paso del ajuste y la represión de la protesta, y votó todas las devastaciones posibles en el Congreso, tanto con el culo en las butacas del quorum como con las manos de las aprobaciones en general y en particular. A la vez que calló y aún calla, limitándose a aludir ambiguamente a "ejemplos" ausentes, ante escándalos como el Libragate y los que protagoniza Manuel Adorni, entre varios más. ¿Entonces?

Lo significativo es que, aunque mienta, acusa recibo de un cambio de clima social y, ante eso, hace política.

Eso es relevante, aunque mañana mismo borre con el codo lo que algún consultor le escribió con la mano.

No hay caso: Milei no la ve

En el mismo sentido hay que resaltar que el Gobierno "sigue en una", eligiendo sufrir los casos Adorni Propiedades y Adorni Travel para que no se hable de $LIBRA, aunque se sospeche que aquellos llevan a este.

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Las autoridades ya no pueden disimular que no hay ajuste que les alcance, que la confianza en su plan no se asienta en el mercado, que las inversiones no fluyen como esperaban, que la inflación demora demasiado en bajar y que su receta de dejar que todo aumente –todo lo que amplifica la tasa de ganancia de las empresas más grandes de los sectores privilegiados– mientras pisan jubilaciones y salarios es un pasaporte a Siberia.

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El impresionante descalce entre la narrativa oficial y la realidad también se observó en el conflicto por las universidades, un equivalente de la crisis de la Resolución 125 del kirchnerismo en lo que hace a las dosis de porfía que llevan al desastre. Aunque con menos potencial que aquella de desquiciar la economía y de desabastecer el país, puede considerarse aun más profunda por afectar a mayorías que o bien viven –como docentes, trabajadores varios o estudiantes– en los entornos universitarios o que, simplemente, no desean decirse a sí mismas que ese ya no podrá ser el destino de sus hijos.

No la ven, no hay registro.

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Así, Sandra Pettovello emitió un comunicado en el que habla de "un supuesto desfinanciamiento de las universidades nacionales", cuando es público que desde el debut de este gobierno se produjo un recorte presupuestario real del 41,6%.

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Asimismo, como el 88,1% del mismo corresponde a salarios, su licuación brutal se tradujo en una merma del 34% entre el personal docente.

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El comunicado de Capital Humano volvió con el recurso a la xenofobia, artículo cada vez más presente en la "batalla cultural", pero que no mueve la aguja. Según el mismo, el 40% de los estudiantes de Medicina de la UBA son extranjeros, así como el 51% de los que cursan esa misma carrera en la Plata.

Falso: en todo caso, la proporción de quienes optan por esas profesiones es elevada entre los extranjeros que estudian en el país, lo que es algo totalmente diferente. De hecho, los estudiantes nacidos en otras naciones representan menos del 5% del total.

El subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, recorrió ese mismo camino infeliz en un video posteado en las redes y en entrevistas con periodistas amigos.

Aseguró que las universidades nacionales no quisieron valerse "por razones ideológicas" de un decreto que les permite arancelar a los alumnos extranjeros, ignorante de que un decreto no rige por encima de una ley, y que una de estas, la de Educación Superior, indica que la gratuidad rige para ciudadanos y residentes legales, estatus sin el cual nadie puede ni siquiera inscribirse.

Cabría preguntarle, así las cosas, por qué su gobierno ahoga la educación superior, la elevación del nivel de cultural de la población y las perspectivas de futuro de millones de argentinos, justamente, "por razones ideológicas".

En una vieja charla con la banda de Carajo, el funcionario justificaba las políticas por las que pone la cara en base a la existencia de "curros". Cuando sus amigos le preguntaron cuáles había detectado, señaló: "No, ninguno. Si no, los denunciaría".

No hay remate.

¿Eso es una respuesta?

Mientras el Gobierno deploró "la politización" de una causa sensible, La Libertad Avanza (LLA) habló en un comunicado de la cautelar que, finalmente, le permite incumplir la ley de Emergencia Universitaria, votada por el Congreso y ratificada, tras su veto, con mayorías especiales. Nada dijo de los meses de contumacia hasta que consiguió ese respirador, que regirá en tanto la Corte Suprema mantenga su tesitura de no resolver cosas que, entiende, debería arreglar la política.

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El amparo en una cautelar, la denuncia de la "politización", la queja por el uso de una causa sensible y las multitudes impresionantes que coparon las principales ciudades del país –de modo triple, por su tamaño, transversalidad y heterogeneidad– son indicios expresivos del aislamiento del Gobierno, de su creciente soledad y de su incapacidad para concebir la política más que como un terreno de odio.

La pregunta que cabe realizarse ante lo ocurrido ayer, un verdadero caso testigo para la sociedad, la política y la propia Casa Rosada, es hasta dónde pretende llevar las cosas Milei.

Podría discutirse si su administración –por llamarla de algún modo– tiene una visión sobre el presente del país, pero angustia constatar que no tiene ninguna para el futuro.

¿Qué clase de equilibrio macro construye empobreciendo a la gente y fundiendo empresas; desfinanciando universidades, escuelas y hospitales; dejando que se deteriore la infraestructura existente y ajeno a la necesidad imperiosa de ampliarla? ¿Qué clase de necesidades generará para el futuro que en un año y medio o en cinco y medio deje a quien lo suceda? ¿Sienta las bases de un big bang " populista" que pretende erradicar?

El gran ausente

El conflicto universitario también es un caso testigo para otro actor, señalado como ausente al inicio del desPertar de hoy: el Círculo Rojo empresarial. Si hasta la Confederación General de Twitter (CGT) dio ayer el presente, llamó la atención la falta de pronunciamientos de las empresas a las que les interesa el país.

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¿En serio ese tramo de la dirigencia considera viable este intento de construir un pinochetismo en democracia, así como el equilibrio fiscal que fetichiza mientras reclama pagar menos y menos impuestos y, reforma laboral mediante, incluso desfinanciar una seguridad social que ya está en estado crítico?

En un sentido provocador, si se quiere, a la Argentina sólo la puede salvar "la casta". ¿Qué significa la metáfora?

Que no habrá salida sin que las dirigencias –política, sindical, empresarial y hasta confesionales– concuerden unas pocas reglas de juego que limiten –atención al término– la corrupción y la evasión impositiva, y que establezcan un nivel de gasto público mínimo que permita reparar tantas cosas que quedarán rotas. Eso, claro, supondría una reforma tributaria nueva y mucho más equitativa, en la que los hombres y mujeres más ricos contribuyan en la medida que les corresponde y no cada vez menos, como ocurre ahora y pretenden que siga ocurriendo. Sin eso, lo que construirán será un país ingobernable.

En un sentido, el saneamiento de las cuentas públicas, la erradicación de la inflación y el relanzamiento del crecimiento económico deberán encontrar una suerte de mínimo acuerdo nacional y un rumbo –digamos– progresista. Si no, simplemente no ocurrirán.

Podría decirse que si se trata de esperar cierta claridad de esas élites, más dadas a la apropiación que al riesgo inversor, realmente no hay futuro. Pero si lo que debería ocurrir no se dará por conciencia de dirigencias sin concepción de país, podría darse por liderazgo político. El año y medio que separa a la Argentina de las urnas contiene claves que sólo el tiempo desvelará.

No se trata de apretar y apretar hasta encontrar el peligroso límite de la tolerancia. Eso expresó ayer tanta gente en las calles de toda la Argentina. Mientras se lidia con un gobierno sordo, ya es hora de que otros sectores tomen nota.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

Imagen generada con inteligencia artificial
patricia bullrich 2027

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