El legado más grave que dejará Javier Milei cuando le toque retirarse del poder –¿el año que viene o en 2031?– tal vez no sea la economía primarizada; la destrucción de la industria; la precarización del trabajo y la licuación de los salarios y las jubilaciones; la estabilidad –por ahora pendiente– de la macro a fuerza de un ajuste desmedido e injusto; la degradación de las condiciones de vida de la población vulnerable y de la clase media, ni la falta de capacidad y vocación hasta para realizar campañas de vacunación razonables. Lo más grave podría ser su tenacidad implacable para sembrar en la sociedad los vientos del odio.
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La mezcla de una economía que sigue entregando señales positivas sólo a los segmentos más concentrados de un puñado de actividades primarias y financieras, una crisis socioeconómica profunda y el mal olor de escándalos de corrupción a esta altura generalizados no es abordada por la extrema derecha gobernante con una corrección del rumbo, con una narrativa que busque recrear la esperanza ni con una acción política destinada a sumar y no a expeler aliados. Al contrario, el Presidente y Toto Caputo se atan al mástil del modelo, Karina Milei porfía en la protección de Manuel Adorni aunque el humor popular resulte cada vez más adverso y hecha raíces la estrategia de buscar chivos expiatorios para explicar los tropiezos. Para peor, con un lenguaje incendiario.
Se puede volver de muchas cosas y también reconstruir lo destrozado, pero resulta más difícil extraer el veneno una vez que se lo inocula.
Una narrativa made in USA
Para eso, el Gobierno sigue libretos escritos en otras partes. Así lo demostró al salir a capitalizar el atentado sufrido el sábado a la noche por Donald Trump y otros miembros de su administración. Al espejar la reacción de la Casa Blanca, no hizo mea culpa alguno por su propio discurso de odio e hizo foco en "la izquierda" y en "los periodistas". Como si en la Argentina una banda de extrema derecha no hubiese tratado de matar a Cristina Fernández de Kirchner.
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Sin embargo, el republicano parece un moderado en relación con su groupie argentino. Habla habitualmente de "fake news", señala a periodistas concretos y entabla demandas multimillonarias contra medios que nunca prosperan, pero el calibre de sus insultos lo muestra casi como una carmelita descalza en comparación con Milei.
Ayer mismo, al brindarle una entrevista a una periodista crítica de su administración –Norah O’Donnell, de la cadena CBS– se enfureció cuando esta le preguntó por el manifiesto del atacante del sábado, Cole Allen, en particular por el tramo en que este menciona que "ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor cubra mis manos con sus crímenes".
"Estaba esperando que lo leyeras. Sabía que lo ibas a hacer porque ustedes son personas horribles, personas horribles", la cruzó, antes de aseverar que él no es ni pedófilo ni violador, y que esas son acusaciones infundadas.
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Mucho se habló ayer en Estados Unidos de ese cruce y hasta cabe preguntarse por la pertinencia de una pregunta que, en base a la permanente mancha de aceite del caso de Jeffrey Epstein, se hace eco de los dichos de un asesino frustrado. Sin embargo, el trance revela que Milei es un presidente más intolerante incluso que Trump.
Primero porque se presta a entrevistas con profesionales que, bien o mal, no le tiran centros. En la misma línea, brinda conferencias de prensa que permiten preguntas de periodistas y medios de línea opositora. De hecho, el atentado fallido del fin de semana se produjo cuando asistía –aunque fuera por primera vez desde que llegó por primera vez al poder el 20 de enero de 2017– a la cena anual de la Asociación de Corresponsales ante la Casa Blanca, donde se suelen escuchar monólogos y chistes muchas veces incómodos. Eso, en Argentina no se consigue.
En segundo lugar porque sus insultos parecen menos violentos que los del anarcocapitalista argentino. A vuelo de pájaro, cabe recordar que ha hablado de "escoria humana" para referirse al conjunto de los periodistas y que, frente a frente, ha mencionado palabras como "cerdita", "estúpida" y, como se dijo, "persona horrible".
Valiente varón: como Milei, suele cebarse más contra mujeres.
El discurso de odio de Milei
Algo se puede estar escapando, claro, pero lo del émulo argentino parece más subido, para empezar por la arenga constante en sus posteos de X que indica que "no odiamos lo suficiente a los periodistas".
Ya que los demanda, presiona para que sus medios los despidan –como se supo que ocurrió con varios de La Nación–, los suspende de la oficina de prensa de la Casa Rosada y los insulta a diario, ¿qué sería para él la expresión de un odio "suficiente"?
Entrar a la cuenta de Milei en esa red social es pisar un pantano. Atrás quedan trabajos como el de Fopea concluido en septiembre de 2025, que constató desde su asunción y hasta esa fecha, que prácticamente el 15% de los tuits –16.806 sobre un total de 113.000– del presidente ofendieron o estigmatizar a personas, empresas y entidades, en particular a 62 periodistas y 14 medios.
También parece superada la actualización que realizó La Nación, según la cual lanzó casi mil injurias contra el periodismo durante la última Pascua.
Lo más reciente da cuenta de un ensañamiento llamativamente mayor.
La cloaca presidencial
"NOL$ALP". "Basuras inmundas". "Imbéciles". "Tirapiedras pelotuda". "Cínicos". "Sicarios". "Farsantes". "Ensobrados". "Enemigos". "Operadores". "Zurdos". "Kukas". Esas y otras delicadezas –posteadas o reposteadas– se leen en la cloaca, en la que a veces aclara que sus dardos se dirigen sólo contra el 95% de los periodistas.
El reposteo presidencial que muestra a la informadora de TN Luciana Geuna esposada y vestida de presidiaria pareció el colmo de esa violencia, sobre todo cuando esta e Ignacio Salerno acaban de ser denunciados nada menos que por "espionaje ilegal" por filmar pasillos y escaleras de la Casa Rosada.
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La colega explicó, incluso, que habían pedido autorización para eso a un funcionario del área de comunicación. Sería bueno que precisara a quién y, si los tiene, que muestre algún chat que pruebe la perfidia, que aprovecha la volteada para mantener sellada a cal y canto –para alivio del portavoz mudo– la sala de acreditados.
A propósito, provoca una carcajada de sarcasmo que la patria republicana no diga una palabra sobre estos y otros asuntos lesivos para la convivencia social o que, como máximo, que sus exponentes los atribuyan, cuando ya no pueden evitar la pregunta, a una cuestión de "estilo".
Si se tratara sólo del jefe de Estado, podría suponerse que esos son arrebatos personales. Sin embargo, como Santiago Caputo se suma a la diatriba, lo más probable es que se trate de una estrategia, sobre todo cuando entre sus propios posteos se cuela la cita de uno de Trump que enmarca la disputa política en términos religiosos, de "batalla", del bien versus el mal, y de Dios versus Satanás.
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Allí, en Estados Unidos, se escribe un guion del que los ingenieros del caos criollos parecen hacer copy and paste con una eficacia grande en el pasado y más discutible en la actualidad.
El asesor sin firma también se valió del atentado de Washington para recordarles a los "zurdos" y a "los pelotudos locales" la importancia de "la seguridad nacional, el cuidado de las fronteras, la inversión en defensa, inteligencia, ciberseguridad e infraestructura crítica".
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Acaso haya hablado de esos ítems con el contratista de la guerra algorítmica, el control social y la manipulación de datos privados Peter Thiel.
Culpable, sos el único culpable
El chivo expiatorio debe servir para todo.
Si la industria se desploma, los salarios pierden y pierden, y el consumo no reacciona nunca, el problema son los periodistas que, con sus críticas al modelo, deprimen las expectativas.
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Si las denuncias de corrupción se abren como un campo de flores negras a lo largo y a lo ancho de buena parte de la administración, implicando desde Milei Hermanos y al jefe de Gabinete hasta funcionarios de tercer o cuarto orden, la culpa también debe ser del mensajero.
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El juez federal Marcelo Martínez de Giorgi, el mismo que junto al fiscal Eduardo Taiano pisa la investigación del Libragate, aceptó el pedido de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) para avanzar con medidas de prueba contra el titular de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), Andrés Vázquez, por presunto enriquecimiento ilícito, lavado y evasión. Sí, un aparente caso de lavado de dinero y evasión tributaria que involucra al recaudador de impuestos en jefe. La Argentina tiene un guionista desopilante.
"El gobierno de Milei salió a respaldar a Andrés Vázquez tras conocerse el pedido de indagatoria desde la PIA por haber ocultado a la Oficina Anticorrupción (OA) y al organismo fiscal que él mismo lidera que es el dueño y beneficiario final de tres propiedades que valen más de 2,1 millones de dólares en Estados Unidos", dijo Jaime Rosembergen una nota publicada en La Nación.
El caso escala después de que fuera defenestrado del Ministerio de Economía el ahora ex secretario de Coordinación de Infraestructura Carlos Frugoni, quien se olvidó también de declarar la propiedad de siete departamentos en Miami.
Si a lo anterior se suma que uno de los costados más indefendibles del caso Adorni Propiedades es la confesión de un acuerdo para pagar en negro 65.000 dólares realizada por el hijo de una de las jubiladas vendedoras-prestamistas del departamento de Caballito, sorprende la baja propensión al pago de impuestos en el elenco oficial.
¿Sorprende? En verdad no si se tiene en cuenta la prédica del propio mandatario sobre la condición "patriótica" de esos evasores. Sin embargo, si algunos quieren ser a la vez funcionarios públicos y violadores de la ley penal tributaria, que después no les echen la culpa a los periodistas.
"La hermandad de la Rosada"
Cada métier conlleva sus falencias, y el de los especialistas en comunicación política suele ser la sobreestimación de la herramienta por encima de lo que imponen las realidades materiales.
Así, el Gobierno puede escupir insultos día y noche, pero al final la de Adorni resulta una presencia radiactiva, un lastre para el Gobierno y un motivo de preguntas fuertes sobre los motivos que llevan a Karina Milei a sostenerlo contra viento y marea. El desplome de 12,1% del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, un muy buen predictor del voto, debería llamar la atención en el poder.
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A propósito, la esperada presencia del Presidente, su hermana, ministros y senadores en la Cámara de Diputados cuando el vocero brinde mañana su informe de gestión no parece destinada a mejorar la foto de las encuestas.
La elevada correlación entre la imagen de Milei y la de Adorni es un primer problema.
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Que el jefe de Gabinete esté, aun con sus paupérrimos números, en la mitad de la tabla en cuanto a ponderación de los ministros, es el segundo.
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"'La rosa es el símbolo del secreto y del silencio, signo de una hermandad clandestina y peligrosa', empieza una breve reseña de La hermandad de la rosa, el best-seller de David Morrell que fue película dos veces y ahora tiene su remake clase Z, La Hermandad de la Rosada, con Javier Milei y Karina Milei en los roles principales", escribió en Letra P Juan Rezzano.
"La versión libertaria, que se va rodando en tiempo real en una Argentina que parece de ficción, pero es la más cruda realidad, ofrece cada día pistas más sólidas sobre el aparente funcionamiento de una sociedad 'clandestina y peligrosa', amparada en el secreto y el silencio de un pacto de impunidad", siguió.
"En La Hermandad de la Rosada, los hermanos Javier y Karina, como 007, tienen licencia para matar a los infieles que ensucian al gobierno de la moral, pero, también, para proteger a los miembros de la logia, aunque luzcan sucios como papas", remató.
Ellos sabrán lo que hacen. Igual, la culpa es de los otros.