Los demonios internos del peronismo de Córdoba: el hacer y lo que quedó sin hacer
Los escándalos reabren una discusión incómoda en el PJ: cuánto de los 28 años de poder podrá reivindicar Llaryora y cuánto tendrá que dejar atrás en 2027.
Martín Llaryora, Alejandra Vigo, Juan Schiaretti, Daniel Passerini, cabezas del peronismo de Córdoba
Ramón Cañito Flores, Oscar González, Guillermo Puma Kraisman, Ricardo Moreno son nombres ordenados alfabéticamente que representan las vergüenzas del peronismo que gobierna Córdoba con Martín Llaryora a la cabeza y que gobernó con Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota.
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Estos cuatro operadores del PJ de Córdoba no comparten el mismo nivel de influencias ni poder, pero están en la conversación pública por utilizar el Estado para su beneficio. Configuran ese demonio interno que Martín Llaryora tendrá que vencer en la campaña y que le recuerda que su deseo -la generación que se va- no se cumplirá al menos en el corto plazo.
La dicotomía entre el hacer y todo lo que el cordobesismo dejó hacer u omitió durante casi tres décadas en el poder marcará las tensiones dentro del oficialismo en 2027.
El humor cambiante del peronismo de Córdoba
La interna del peronismo late debajo de la tierra y se expresa en el sentimiento dividido que atraviesa al oficialismo provincial. Un sector se aferra a datos objetivos para vaticinar un triunfo del hacer. Hay otro que sostiene que, por primera vez, la provincia se puede perder y, para colmo de males, con un abanico opositor desarticulado. Eligen calificarlo como débil y sin ideas.
En el team más optimista afirman que Llaryora es el mandatario que puede mostrar la obra vial más importante del país en Río Cuarto; el año que viene los padres de 16 ciudades importantes del interior tendrán a sus hijos estudiando en las sedes de la Universidad Provincial y se mantuvo la política social en tiempos de sálvese quien pueda.
Ese sector, que es amplio y rodea a Llaryora, relativiza estos cisnes negros que presentan al cordobesismo como una pared en la que ya parece imposible controlar sus humedades. El gobernador no pidió la renuncia de Flores, el legislador que opera en el norte cordobés, cuyo asesor está detenido por corrupción de menores en una causa que, a medida que avanza, se vuelve más indigerible.
Cañito Flores, el legislador apuntado por tener asesores involucrados en un caso de corrupción de menores en el norte de Córdoba
El "caso Flores" resulta especialmente incómodo porque obliga al llaryorismo a decidir hasta dónde alcanza la renovación que prometió y cuánto está dispuesto a pagar por las estructuras territoriales heredadas.
El legislador Cañito Flores quedó en el centro de la escena política tras estallar una causa judicial por grooming, abuso sexual y explotación de menores en Villa de María del Río Seco. Aunque el peronista no está imputado, la Justicia estableció que su asesor, José Villarreal, es uno de los principales detenidos y que al menos dos de las agresiones habrían tenido lugar en un campo que es propiedad de Flores.
Ante el impacto del escándalo -que involucra a más de una docena de imputados, la remoción de la cúpula policial del departamento y revelaciones sobre contrataciones irregulares en su entorno-, Flores solicitó una licencia de 180 días sin goce de sueldo.
El bloque comandado por Facundo Torres, también presidente del PJ provincial, aprobó el pedido de licencia en la Legislatura. La oposición exigió durante todo el fin de semana la expulsión, que al cierre de esta nota asomaba como inminente. También se defendió de la instalación del caso de la legisladora y exintendenta de Villa Dolores, Gloria Pereyra, quien enfrentará un juicio oral y público por la muerte de dos trabajadores municipales ocurrida durante una obra de desagües en esa ciudad de Traslasierra.
Es que se la dejaron picando: la opositora Pereira se levantó rápidamente de su banca en el momento justo en que empezaba a votarse la licencia de Cañito Flores.
El mísil verbal de Alejandra Vigo
La declaración de la senadora Alejandra Vigo cayó como un torpedo en la interna peronista, pero especialmente en los legisladores filoschiarettistas que apoyaron la salida light en el recinto: Ricardo Sosa, Leonardo Limia y Stella Maris Peralta, por citar los principales ejemplos.
“Hoy el legislador, por lo pronto, tendría que renunciar porque le toca directamente a él, porque ha sido parte de su staff. Es la política la que tiene que dar ese paso”, afirmó Vigo a Cadena 3 en el marco de una entrevista que dio por la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto que declara al Camino de Brochero como patrimonio cultural inmaterial de Argentina.
Alejandra Vigo y Martín Llaryora
Hasta ese entonces, el llaryorismo invitaba a renunciar a Flores como “consejo de amigo”. No hay rencores hacia la esposa de Juan Schiaretti porque saben que no fue planificado, aunque es una constante en ese núcleo que no haya diferencias entre lo que sostienen en privado y en público. De hecho, hace diez días Llaryora y Schiaretti mantuvieron una reunión en el Panal para coordinar la tarea en el Congreso. En este marco, la salida de la Vigo no sorprendió, pero generó un cimbronazo.
A ese sector del peronismo que tiene su asiento principalmente en la capital le asignan la mayor carga de pesimismo sobre el futuro cercano. “Tienen la mentalidad de la derrota. El peronismo de capital, que tiene hoy entre 45 y 50 años, trabajó siempre para perder porque por décadas les pidieron eso”, disparan en oficinas encumbradas del Panal, como se conoce a la casa de gobierno cordobesa.
En el viguismo sostienen que la senadora dio su posición porque le preguntaron. Respondió como respondió conforme a su trabajo en políticas de género. Ahora bien, ajustar la declaración a un estado de opinión ante la prensa es subestimar sus efectos. La frase alteró la administración del costo político.
De quién es la culpa
¿Es un anticipo de la pelea que se viene? ¿El cordobesismo empezó a discutir cómo distribuye el peso de la carga de lo que se hizo mal en estos 27 años?
Llaryora necesita apropiarse de los 27 años de cordobesismo para reivindicar rutas, hospitales, universidades y políticas sociales, pero no puede elegir qué parte de esos 27 años integra su herencia y cuál pertenece exclusivamente a la generación que se va.
Casi 30 años de continuidad ofrecen una base sólida a un electorado que no los vota por peronistas camuflados en la transversalidad, institucionalistas o el atributo positivo que se utilice en la campaña. Los vota por lo que hicieron en estos años y quizás esa sea la razón por la que tantos cisnes negros no incidieron en el sostenimiento del poder desde 1999.
Juan Schiaretti, Martín Llaryora, Daniel Passerini, cabezas del peronismo de Córdoba
La duda que atraviesa hoy al cordobesismo y que confirma sus tensiones es si lo que no hizo y que expresan los comportamientos de los Moreno, los Flores o los Kraisman pesará en la campaña luego de lo ocurrido en 2023, cuando la gente no se acobardó ante el cambio, el salto al vacío que representaba Javier Milei. Las mugres que se sacan oficialistas y opositores en medio de estos escándalos no hacen más que sumar a ese clima de descontento general con la política.
El manual indica que el peronismo no se echará culpas. Sería volver hacia atrás, a una etapa en que los egos peronistas eran la fortaleza del dominio radical en la provincia y en la capital.
Sin embargo, en la campaña, todo vale y, como cantó Charly García, cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada.