GRAN HERMANO 2026

La SIDE de Javier Milei: estado de excepción

El empoderamiento del aparato de inteligencia pone al Gobierno fuera de la ley. La paradoja libertaria. Las sociedades controladas en el mundo del algoritmo.

Las recientes iniciativas legislativas referidas a cambios en la Secretaria de Inteligencia (SIDE) que impulsa Javier MIlei siguen la narrativa impuesta por los neoconservadores en el mundo, desde que el gobierno republicano del menor de los Bush impuso las Patriot Act en 2001, con motivo de los atentados a las Torres Gemelas por el grupo terrorista de Bin Laden.

Esta iniciativa plantea literalmente una suerte de “estado de excepción”, como lo teorízó Giorgio Agamben en su libro Homo Sacer II, por el cual, una ley impone la suspensión del Estado de Derecho, toda vez que la SIDE podrá detener a una persona sin intervención judicial.

En una paradójica conformación legal, los gobiernos comienzan a actuar fuera de la ley. Este proceso, según el filósofo italiano, se va volviendo común en las democracias occidentales y no la anomalía.

Embed - Milei ama ser el topo: "¡Soy el que destruye el Estado desde adentro!"

Finalmente, para que no se equivoquen quienes lo enarbolan como la última panacea de la vida política, una de las cuestiones más relevantes de ese Estado es su no intervención en cuestiones privadas. Ya vimos, supongo, suficientes películas como La conversación, de Francis Ford Coppola, o La vida de los otros, de Florian Henckel, en la Alemania oriental o la más vieja aun Los tres días del cóndor, en la que se denuncian las operaciones encubiertas de una agencia de inteligencia que la operan “encubiertamente” los mismos sectores de la agencia. En nuestro país y nuestra cinematografía no hay mejor relato que Los últimos días de la víctima, de Adolfo Aristarain, basada en la extraordinaria novela noir de José Pablo Feinmann.

Embed - Últimos días de la víctima, de Adolfo Aristarain

Javier Milei, el que avisa

Lo llamativo de esta iniciativa del presidente Milei es que no es llamativa. Ya lo había anunciado: nadie pude decir que traicionó. Lo que sucede es que, en realidad, esta propuesta guarda afinidades electivas inevitables con un estado de época.

Como bien lo había anticipado Ignacio Ramonet en El imperio de la vigilancia, ya vivimos en sociedades vigiladas, solo que hasta ahora lo hacía sólo el sector privado a través de los dispositivos digitales. ¿Es igual que lo haga el Estado?

La pregunta atinada responde a una inquietud más densa: ¿Qué tipo de subjetividad está constituyendo el mundo de los algoritmos? ¿Se habrá disuelto ya como un rostro de arena en el mar la idea de que la vida privada debe ser protegida? ¿Acaso ya no nos importa ser controlados?

MUSK SALUDO HITLERIANO
Elon Musk convirtió a Twitter en su juguete rabioso.

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En la vieja hipótesis deleuziana del pasaje entre sociedades disciplinarias y sociedades de control este proceso era inevitable. Asistimos al canto de sirenas de los vestigios de las sociedades modernas de masas y entramos en las fauces invisibles de las sociedades posmodernas, controladas por dispositivos inmateriales, subordinados a zonas de exclusión, gobernados por burbujas de filtro.

Así, estado de excepción y sociedades digitales se potencian en un proceso de subjetivación que no hace más que profundizar lo que Karl Polanyi definió como “desincrustación”, el vertiginoso desacoplamiento entre economía y cultura, la famosa desterritorialización tecnológica que acelera el movimiento digital de capitales, economías, fuerzas de trabajo, biopolítica.

¿Nos es acaso Federico Sturzenegger el verdadero Mago del Kremlin, agente extraterritorial, devenido en el ángel exterminador del estado popular por antonomasia de América Latina? Lo que no habían logrado ni con la dictadura en el 76 lo consiguen hoy con los votos de las propias víctimas.

Habrá que hacernos muchas preguntas para desbrozar las razones, el inmenso dolor causado por los fraudes, como para que el subsuelo de la patria se sublevara en provecho de sus victimarios.

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