TRIBUNA LETRA P | KICILLOF 2027

La encrucijada del peronismo

El desgaste de Javier Milei abre una oportunidad electoral, pero el PJ debe resolver la tensión entre CFK y Axel Kicillof para construir una oferta competitiva.

El escenario político argentino atraviesa un proceso de reconfiguración. Frente al visible deterioro institucional y al desgaste político de la presidencia de Javier Milei, no se observan en la sociedad fenómenos de desafección política ni mayores niveles de apatía electoral respecto de los registrados en la pospandemia. Los datos de la consultora Analogías indican lo contrario: la ciudadanía exhibe una mayor sofisticación, un pragmatismo exigente y una demanda sostenida de resolución efectiva de sus problemas cotidianos.

Esta exigencia social se apoya en datos contundentes del último monitor nacional de octubre: el 60% de las personas encuestadas califica negativamente la gestión del gobierno nacional, mientras que el 55% manifiesta que su situación económica personal y familiar es peor que hace un año. Asimismo, en la jerarquía de demandas, la sociedad prioriza, en una relación de 2 a 1, la reactivación de los salarios y el empleo (61%) por sobre la estabilidad de precios (30%).

La clave analítica no radica en el triunfo de la antipolítica, sino en la necesidad imperiosa de "más política" para encauzar y representar las demandas de la ciudadanía. Muestra de ello es el crecimiento paulatino de la autoafirmación opositora (que trepó al 37%) y la consolidación de un rechazo mayoritario a la continuidad del proyecto oficialista: ante un eventual balotaje, el 55% se manifiesta a favor de un cambio de Gobierno.

En este marco, la atención analítica se concentra en el segmento "en disputa" (17%): un conjunto de ciudadanos altamente críticos tanto del oficialismo como de la oposición tradicional, en el que se concentran los indecisos y donde el ausentismo electoral podría ser algo mayor.

A medida que nos acercamos a las definiciones electorales, prevemos un avance gradual hacia una polarización en un contexto de relativa paridad. Esa paridad ya se registra en un escenario de intención de voto del 32% para un eventual Peronismo Unido, frente al 31% de Milei. El espacio de la derecha buscará consolidar sus pisos, mientras que el peronismo deberá resolver su crisis de liderazgos para articular una mayoría competitiva.

El problema de los liderazgos

Es precisamente en esta dinámica de polarización donde la interna del peronismo cobra una dimensión estratégica determinante. El espacio enfrenta el desafío insoslayable de estructurar una oferta electoral capaz de responder a las demandas de un electorado cada vez más exigente, en medio de una tensión de liderazgos encarnada en la relación entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. Dicha tensión refleja, al menos, dos dimensiones complementarias y necesarias para el peronismo:

1- El liderazgo histórico de la expresidenta: Cristina representa un liderazgo cuya centralidad resulta irremplazable. Su capacidad para traccionar volumen electoral en los márgenes y sostener el marco de coherencia identitaria del espacio sigue siendo el núcleo duro del peronismo. Cuenta con una imagen positiva del 45% a nivel nacional, que trepa al 52% en los sectores populares. No obstante, las restricciones y los condicionamientos impuestos por el frente judicial bloquean objetivamente su viabilidad como candidata.

2- La continuidad, la cohesión y la densidad programática: en ese esquema, el gobernador bonaerense emerge como una figura de continuidad para el electorado de base, en tanto comparte con el kirchnerismo una composición equivalente en sus apoyos. Registra, además, un 43% de imagen positiva y picos del 53% en los segmentos medios. Sin embargo, para consolidar un perfil de alcance nacional capaz de interpelar al segmento "en disputa", Kicillof enfrenta el desafío de dotar de mayor densidad a su proyección política: necesita desarrollar elementos estilísticos y un programa propio que trasciendan la gestión provincial y dialoguen, desde una perspectiva federal, con el escenario nacional.

Las reglas de juego y la exigencia de síntesis

La ausencia de un liderazgo hegemónico impacta directamente sobre las reglas de juego. Mientras que para La Libertad Avanza las PASO pierden valor instrumental —dado que Milei encabeza y ordena naturalmente su propio espacio—, para el peronismo las primarias constituyen el instrumento institucional indispensable para dirimir su interna y relegitimar sus referencias.

Si el oficialismo avanzara en la suspensión de las PASO para acortar la ventana de exposición política y eludir una crisis de expectativas derivada del desgaste de su gestión (Milei acumula un 57% de imagen negativa), le trasladaría al peronismo la obligación de resolver sus candidaturas mediante una negociación de cúpula. En ausencia de un mecanismo de ordenamiento primario, esa negociación interna incrementaría los niveles de tensión y el riesgo de fragmentación entre los espacios que hoy integran el peronismo.

Frente a un Gobierno que evidencia resistencias mayoritarias en la agenda pública —el 62% percibe que no hubo una baja de impuestos, el 68% rechaza la venta ilimitada de tierras a extranjeros y el 63% desaprueba el incumplimiento de los fallos sobre financiamiento universitario—, la sociedad no está firmando cheques en blanco.

El peronismo y el espejo de Brasil

El peronismo tiene la oportunidad de canalizar las demandas de este electorado pragmático y desesperado. La tensión entre el liderazgo de base popular de Cristina (véase la experiencia de Lula da Silva en Brasil) y el tipo de continuidad que propone Kicillof deberá encontrar una síntesis operativa que permita preservar el piso identitario del espacio y proyectar un horizonte programático competitivo para disputar la mayoría nacional.

Lo que aparece claramente para el peronismo es que la fórmula que presente —en el sentido amplio del término— deberá ser capaz de promover mayores grados de politización y provocar una reacción más que proporcional entre los sectores más humildes, en especial las mujeres. En el tramo final, serán esos sectores los que tendrán —o no— ese pronunciamiento histórico y decisivo, a contramano de lo que en estos años se denominó desafección política o abstencionismo.

Axel Kicillof con Lula en octubre de 2024, durante su visita al país vecino
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