14|6|2021

De candidato a líder regional a persona no grata

10 de junio de 2021

10 de junio de 2021

Fernández, los argentinos, los barcos y la gaffe del año. Extrañeza en el progresismo regional que lo imagina líder. La manía de comunicar mal. "Efecto Zelig".

"¿Qué que dijo Alberto?". "¿Eso dijo?". Esas dos preguntas, palabras más, palabras menos, se dispararon el miércoles en numerosos diálogos y chats entre referentes del progresismo latinoamericano y pares, periodistas o simples amigos bien informados de la Argentina ni bien el presidente Fernández hubo pronunciado, frente al jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, una de las frases más infelices de lo que va de su mandato.

 

 

"Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos. Eran barcos que venían de Europa", le dijo Alberto Fernández al visitante, una cita errónea en lo formal y políticamente fallida.

 

Esos líderes del progresismo regional que causaron agobio en Buenos Aires con mensajes y llamadas vía WhatsApp –ya sea miembros del Grupo de Puebla o de la Alianza Progresista– ven en el mandatario argentino una referencia internacional, algo que explica que hablaran, primero con incredulidad y después con algo de desencanto, de un lamentable paso en falso que aleja al jefe de Estado de su pretendida condición de profeta offshore.

 

Más atribuible al falsete de Litto Nebbia que a la lectura de Octavio Paz, la gaffe presidencial no pasó desapercibida en la delegación española, que comentaba el episodio con humor mientras abandonaba el país, tras tratar de vigorizar la relación bilateral, para viajar a Costa Rica. "No hay problema por nuestra parte. El problema lo van a tener con Brasil", escuchó Letra P.

 

 

Fue así, nomás. El diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente Jair Bolsonaro, se dio el lujo de hablar de "racismo" y de meter el dedo en viejas llagas al señalar que "el barco que se hunde es el de Argentina". La inesperada oportunidad que Fernández le ofreció en bandeja a la ultraderecha brasileña para que se lavara la cara fue aprovechada por el propio presidente del país vecino, quien olvidó su contumacia discriminatoria para tuitear una foto rodeado de algunos indígenas.

 

 

Mauricio Macri no perdió la ocasión de disculparse con Bolsonaro vía chat, se supone que en nombre del pueblo argentino.

 

El segundo comparó a Fernández con Nicolás Maduro y dijo que “para ellos, no hay vacunas”, según reveló, jocoso, este jueves ante un grupo de simpatizantes en Brasilia.

 

No todas las quejas fueron tan interesadas, claro. La prensa de ese país reaccionó de inmediato para notar que la referencia a los brasileños como salidos de la selva fue "racista" y, a nivel político, entre varios pronunciamientos, se destacó el de Aécio Neves, presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Diputados, quien, en un comunicado que recibió Letra P, dijo que "es lamentable la declaración prejuiciosa del presidente Fernández. El tono despreciativo que reproduce una visión colonialista, atrasada y superada de la historia merece repudio. Nosotros, los brasileños, tenemos mucho orgullo y respeto por nuestros orígenes, de la misma forma que los argentinos deben tenerlo por su propia diversidad". Neves siguió y habló de "desprecio por sus vecinos de América Latina" y "obsecuencia con Europa", algo que "en nada ayuda (…) en un momento en que el Mercosur ha sido cuestionado".

 

Probablemente exageran: por todo lo que se conoce de él, Alberto Fernández no es un racista ni un adversario de la causa latinoamericana. Sin embargo, la frase –poco feliz– efectivamente existió y no por nada él mismo salió a aclararla, también vía Twitter, el mismo miércoles y de nuevo este jueves, cuando se dio cuenta de que no solo había ofendido a la parte del pueblo argentino que no reniega de un origen que no es solo europeo –un pecado grande para un peronista– sino a países hermanos.

 

 

Por la cantidad de potenciales injuriados, sus dichos fueron tan desafortunados que hasta lograron superar –de modo poco edificante, hay que aclarar– el "querido rey" de Macri, quien habló en 2016 –nada menos que el 9 de julio y en Tucumán– de "la angustia" que deben haber sentido nuestros próceres por "tomar la decisión de separarse de España". Así es porque, al fin y al cabo, el centroderechista dejó un tendal menor de heridos: apenas la dignidad patriótica y su propia inteligencia.

 

 

En la vida nunca conviene asimilarse al peor estereotipo que otros hacen de uno y, lamentablemente, Fernández contribuyó a reforzar el de los argentinos racistas y que presumen de europeos, siempre vigente en países vecinos. Además, erró en el diagnóstico porque el nuestro no fue el único país de la región en recibir una enorme inmigración europea a principios del siglo XX y porque basta con salir a la calle de cualquier ciudad o viajar por la geografía nacional para advertir que los rostros de innumerables compatriotas atestiguan una raíz originaria que siempre negó el espejo deformado en el que la Argentina ha gustado mirarse.

 

Muchas veces se ha insistido en las falencias comunicacionales del Gobierno, pero hay que enfatizar que, antes que en sus asesores, estas nacen de la lengua del propio Presidente. Aunque ese argumento volvió a resonar a partir de este episodio, cabe preguntarse qué estrategia de difusión puede evitar que el protagonista diga lo primero que se le viene a la cabeza cuando está acompañado de una delegación extranjera de alto nivel y con cámaras y micrófonos que transmiten todo en directo.

 

Fernández es un hombre que confía en la sintonía personal que logra con sus interlocutores para allanar caminos de diálogo y entendimiento. Por eso tantas veces abusa de la calificación de "amigo" para sus ocasionales interlocutores. Más allá de algunos desdenes que eso le causa, como cuando Horacio Rodríguez Larreta negó esa condición en una entrevista, esa actitud lo hace parecer condescendiente y a veces desdibuja su propio perfil. Está muy bien buscar puntos de encuentro con quien piensa diferente, ¿pero qué es, en esencia, Alberto Fernández?

 

Peronista con los peronistas, progresista con los progresistas, federal con los gobernadores, latinoamericanista con los latinoamericanos y, ahora, "europeísta, alguien que cree en Europa" con Pedro Sánchez.

 

Eso no pasaría de ser un dato de color si no fuera porque, dentro del Frente de Todos, mucho antes y mucho más allá de este episodio desgraciado, referentes importantes que lo miran con recelo se hacen la misma pregunta: ¿quién es en realidad?

 

Una vez más: nunca hay que parecerse al estereotipo que los rivales hacen de uno. No parece negocio, entonces, actuar como Zelig, el personaje de la película homónima estrenada en 1983 por Woody Allen, quien, como un camaleón, se mimetizaba con sus interlocutores de ocasión.

 

 

Ojalá que la gaffe del año sea pronto una anécdota. Temas más importantes esperan.