19|10|2021

05 de mayo de 2021

05 de mayo de 2021

Del ostracismo post derrota, al regreso con anhelo de triunfo. Las terminales que mantuvo vivas y 2023. Algo de autocrítica para el discurso de la moderación.

15 puntos separaron a María Eugenia Vidal de su sucesor Axel Kicillof en 2019, una derrota dura que muchos tradujeron rápidamente como el ocaso de su carrera y el inicio de una contienda interna a su alrededor por ver quién encabezaba la pelea para recuperar el cinturón que había quedado en manos del kirchnerismo. Pero, como en boxeo, en política siempre se puede volver a empezar, aunque eso no signifique necesariamente un nuevo triunfo. Consciente de eso, de todos modos, la exgobernadora decidió dejar atrás el año y medio de estricto régimen de silencio y retomar el entrenamiento necesario para subirse nuevamente al ring, como en sus mejores tiempos. En su esquina creen que ganó la cintura que da la experiencia y el estudio de sus principales errores, que le permite no volver a cometerlos, pero todavía es una incógnita qué estrategia utilizará para intentar romper el techo de la mejor elección que hizo Cambiemos en 2019, en el que sacó cerca del 41%, para soñar con un lugar en la cartelera estelar de 2023.

 

El día que dejó el sillón de Dardo Rocha en la Gobernación bonaerense, Vidal comenzó a cultivar el bajo perfil y su vínculo con la política lo continuó, fundamentalmente, a través de un puñado de dirigentes de su máxima confianza. Principalmente, a través de quien fuera su jefe de Gabinete en la provincia de Buenos Aires, Federico Salvai, y vía el presidente del bloque PRO en la Cámara de Diputados de la Nación, Cristian Ritondo. También, a través del diputado bonaerense Alex Campbell y, en menor medida, mediante otros legisladores y legisladoras que le responden de manera directa. Desde ahí, bajó línea a los propios, dejó margen de acción a sus socios dentro del PRO, sobre todo a los intendentes que exigían mayor protagonismo en las decisiones, y se asomó en contadas ocasiones: cuando intentó cerrar las negociaciones con el oficialismo por la Ley Fiscal e Impositiva de Kicillof desde Europa, cuando se puso a disposición vía Whatsapp de la nueva administración para hacer frente a la pandemia, o cuando lanzó el sitio ayudardesdecasa.com, con el que buscó promover donaciones para diversas organizaciones sociales y ganarse un lugar en el corazón del conurbano peronista.

 

La co-conducción durante el debate por la Ley Impositiva en enero de 2020 le trajo costos políticos importantes. Mientras el Frente de Todos (FdT) la culpaba de no encausar los acuerdos, los propios dirigentes bonaerenses de Juntos por el Cambio (JxC) le hacían sentir que las palabras finales ya no corrían por su cuenta. Las idas y vueltas de aquella larga jornada de tensiones se resolvieron una vez que la exmandataria dio el paso al costado final y envío a Salvai a mostrarle al nuevo gobierno que los interlocutores de la oposición eran múltiples: el diputado Maximiliano Abad, el senador Roberto Costa y cada uno de los intendentes con su propia lógica, como Jorge Macri (PRO) o Miguel Fernández (UCR). Los primeros testigos de aquel mensaje fueron Abad y Costa por la oposición y por el oficialismo, el jefe de Gabinete Carlos Bianco; la vicegobernadora, Verónica Magario; el presidente de la Cámara de Diputados, Federico Otermín, y el diputado Carlos “Cuto” Moreno. Con el oficialismo, Salvai se reunió en el despacho de este último. 

 

Casi un año y medio le tomó regresar a la escena pública. Lo hizo el 28 de abril pasado con la presentación de su libro Mi Camino, que le sirvió de excusa para enviar varios mensajes políticos en distintas direcciones. Por un lado, criticó al ala dura de Juntos por el Cambio, al decir que “el consenso no es ni tibieza, ni negación de valores” y, por el otro, remarcó el nuevo rol que considera que debe tomar la alianza opositora, en el que dejó lugar también para ponerse en pie de igualdad con sus antiguos “padres” políticos, el expresidente Mauricio Macri y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, dos de los principales líderes de la oposición nacional. 

 

Después de ahí, Vidal blanqueó sus aspiraciones para 2023 durante un encuentro virtual con su círculo más cerrado de legisladores y legisladoras. “Voy a trabajar para ser presidenta”, avisó a Campbell y al resto de su tropa más cercana, como Sergio Siciliano, su exsubsecretario de Educación; las diputadas Noelia Ruiz, que integra la mesa directiva del PROGabriela Besana, que trabajó junto a SalvaiAnastasia Peralta Ramos, que estuvo en la Subsecretaría de Asuntos Municipales; y Johana Panebianco, exfuncionaria en ANSES; además de los senadores Walter Lanaro, uno de los principales armadores en la Tercera sección durante la gestión macrista, y Owen Fernández, quien también responde a la estructura del primer vidalismo.

 

En el equipo de la exgobernadora dicen que pretenden “volver mejores”, aunque hacen poca autocrítica. Como sea, hay hendijas por las que se filtran reproches por el mal manejo de los temas vinculados a la educación y la poca apertura en el Gabinete a los demás espacios que conforman la alianza. Fuentes que trabajan junto a Vidal consultadas por Letra P lamentaron la batalla abierta que libraron contra el sindicalismo educativo, y puntualmente, contra el secretario general de Suteba, Roberto Baradel.

 

“Nos relacionamos mal con el sector y confundimos la discusión que teníamos que dar. En el medio, perjudicamos a 300 mil docentes y cinco millones de familias”, apuntó un hombre que observó con atención el tema y criticó al entonces ministro de Educación, Gabriel Sánchez Zinny, a quien también le estalló la crisis después de haber cerrado escuelas rurales. “Tenían entre uno y cinco estudiantes, lo que tendríamos que haber hecho simplemente es trasladar a esa comunidad educativa a otra cercana, pero por el contrario se firmó una resolución que las cerraba, algo completamente innecesario, porque la dinámica de la ruralidad muchas veces deja las escuelas inactivas porque se van trasladando”, ejemplificó la misma fuente.

 

La falta de acuerdo con la oposición, pese al buen diálogo con los jefes comunales del Partido Justicialista (PJ), y prácticamente nula apertura del gabinete a expresiones por fuera del PRO creen que también fue un error. Tuvo a Jorge Elustondo (Ciencia, Tecnología e Innovación) y Joaquín De la Torre (Jefatura de Gabinete) y no mucho más. “Mantuvimos incluso a muchos funcionarios de la gestión sciolista, cuando podríamos haber dejado esos lugares para nuestro equipo”, matizó un diputado del PRO.  

 

De todos modos, todo indica que Vidal está decidida a retomar el cetro e intentar convertirse en la próxima presidenta de la Nación, aunque en el camino a 2023 tiene distintas variantes. “Lo más importante ya lo decidí y le voy a poner el cuerpo a esta elección”, respondió sin dar más detalles durante su participación en el último programa de La Noche de Mirtha, y no descartó “un día” pelear por ese lugar. La motiva su caudal electoral, la horizontalidad de los liderazgos y sentirse dueña de su propio contrato para subirse nuevamente al ring de las elecciones en el que los segundos probablemente se queden afuera.