26|11|2021

Fernández tiende la mesa pero el Círculo Rojo desconfía del menú

15 de octubre de 2021

15 de octubre de 2021

El Presidente llamó a un gran acuerdo con el sector privado, pero con control de precios y sin reforma laboral. Plan aguantar, apatía y aplausómetro letal.

El aplausómetro es un medidor del clima con el que la platea ejecutiva del 57° Coloquio IDEA recibió a la política. Y que las chicanas del candidato a diputado José Luis Espert hayan sido más aplaudidas que el presidente Alberto Fernández dan la pauta de algo. Tampoco es que el referente de Avanza Libertad haya sido muy festejado. Más bien, la apatía dominó a un casi lleno centro de Costa Salguero. En este contexto, Fernández convocó a un diálogo en el que, advirtió, no habrá espacio para una reforma laboral. Y defendió el congelamiento de precios que aún termina de definirse porque, dijo, “una sociedad en la que pocos ganan y millones pierden no se parece a una sociedad, se parece a una estafa”.

 

Fernández hizo una convocatoria, pero también marcó condiciones. ”Este momento es oportuno para abandonar los insultos, las quejas altisonantes, las antinomias y los desacuerdos. Es hora de que tratemos de profundizar los acuerdos”, dijo. “Confío en encontrar equilibrios en una mesa común”, agregó.

 

Como contó Letra P, los ejecutivos y las ejecutivas que conforman IDEA -donde hubo mucha presencia gerencial y poca de grandes empresarios y empresarias- no depositaban muchas expectativas en el mensaje del Presidente. Todavía intentan desentrañar la agenda empresaria que planteó el Ejecutivo esta semana, que comenzó con el almuerzo con grandes popes nacionales, continuó con el congelamiento de precios y prosiguió con la convocatoria al diálogo para impulsar las exportaciones vitivinícolas en medio de un conflicto entre las bodegas y la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), un organismo público privado de promoción del vino. La agenda también incluyó la presentación del proyecto de ley de electromovilidad y rondas con inversores en Nueva York, a cargo del jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el ministro de Economía, Martín Guzmán.

 

Los ejecutivos de distintos sectores se preguntaban cuál es el trasfondo de esa convocatoria y merodea la pregunta de qué fortaleza tiene el Presidente para llevarla adelante. “A Alberto le creo, pero no sé si tiene capacidad para hacer lo que dice. Y la confianza se basa en las dos cosas”, dijo el director de una empresa de telecomunicaciones que todavía mastica desánimo por el DNU que congeló tarifas y declaró al sector como servicio público esencial hace un año. “Yo no tengo expectativa en lo que diga”, sostuvo, tajante, un banquero. 

 

No había muchas precisiones. Las especulaciones apuntaban a un “plan aguantar”, un tibio consenso que garantice gobernabilidad después del 14 de noviembre y a la espera del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. “Nuestra decisión de llegar a un acuerdo con el FMI es absoluta, pero un rápido acuerdo nos puede llevar a un mal acuerdo”, dijo el Presidente, dos días después de que Guzmán y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, buscaron acercar números, que, según fuentes al tanto de las gestiones, siguen lejos. “Acuerdo va a haber, pero será light. No va a haber reformas estructurales”, aventuró el banquero desencantado con el Gobierno.

 

En el sector de consumo masivo, la convocatoria al acuerdo se cruza con la política de precios. “No somos culpables de la inflación”, bramaban en una gran compañía que, por otro lado, respiraba porque la lista de precios congelados que pidió el Gobierno les incluía un puñado de productos y no toda la línea de producción. Daniel Funes de Rioja, en su rol de presidente de la Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal), acercó al secretario de Comercio, Roberto Feletti, una contrapropuesta y el Gobierno convocó al empresariado a seguir discutiendo el próximo lunes a las 18. Esta vez, la reunión será en el Ministerio de Economía. 

 

“Los empresarios deben hacer su aporte”, dijo Fernández en IDEA. “Pero hemos visto que en septiembre y en lo que va de octubre el precio de la canasta familiar se ha incrementado de manera incomprensible. Debemos encontrar la manera para que eso cese. Queremos hacerlo con el acuerdo de las empresas y los supermercados, pero deben saber que seremos inflexibles”, enfatizó el Presidente.

 

El CEO de una multinacional del agronegocio se quedó con sensaciones encontradas. Valoró el gesto de Fernández de volver al centro y reforzar el perfil dialoguista, pero adivinó las tensiones que permanecen dentro del espacio de Gobierno. “No podés hacer un congelamiento sin un plan antiinflacionario. Porque, si no después del 7 de enero, ¿qué?", se preguntó.

 

Fernández también se dedicó a desarmar los pedidos de reforma laboral, focalizados en la eliminación de las indemnizaciones por despido. “Una economía que crece, produce y exporta necesita de una fuerza laboral bien paga y protegida en sus derechos. Con este sistema laboral se crearon cuatro millones de empleos entre 2002 y 2015”, dijo. Y sostuvo, sobre la prohibición de despidos y la doble indemnización, que “las medidas de excepción deben ser entendidas de ese modo”.

 

Mencionó que recogió de IDEA algunas propuestas en las distintas rebajas de cargas laborales que hizo el Gobierno, como el programa Te Sumo, para el empleo joven, y la ley de Economía del Conocimiento. Y adelantó un DNU “marco” para que quienes son titulares de planes sociales no pierdan los beneficios si consiguen un empleo en el sector privado. La conversión de subsidios en trabajo fue el tópico que atravesó las tres jornadas de coloquio.

 

Para el cierre, quedó el reclamo de siempre de IDEA, en boca de su presidente, Roberto Murchinson: baja de impuestos, modificaciones laborales y previsibilidad jurídica. “Sin una macro ordenada, no vamos a poder generar trabajo. Pero eso solo no alcanza”, sostuvo.