23|9|2022

Fernández se mete en interna ajena y busca seducir caciques radicales

02 de septiembre de 2020

02 de septiembre de 2020

Se acerca a los tres gobernadores que tiene la UCR, Suárez, Valdés y Morales, en una apuesta territorial pero sin efecto inmediato. Reunión y viaje en agenda.

Mientras crece la tensión entre el oficialismo y la oposición en el Congreso, el presidente Alberto Fernández apuesta a estrechar las relaciones con los gobernadores radicales Rodolfo Suárez (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes) y Gerardo Morales (Jujuy), con quienes ya trabaja en la agenda pospandemia y pretende profundizar los vínculos en una apuesta política a largo plazo.

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Los tres referentes estuvieron el lunes con Fernández en la Quinta de Olivos, antes de partir hacia la Casa Rosada para el acto en el que el Presidente presentó los resultados del canje de deuda con los tenedores privados de bonos bajo ley de Nueva York junto al ministro de Economía, Martín Guzmán. Suárez y Morales llegaron juntos en el avión de la provincia de Jujuy, que se desvió hasta Mendoza para levantar al gobernador de esa provincia y acercarlo a Buenos Aires.  

 

Los mandatarios aprovecharon la ocasión para extenderle a Fernández una invitación a sus tierras, que se concretará la semana que viene. Entusiasmado, Morales confirmó la visita para el lunes en sus redes sociales. Suárez apuntó el mismo día y la noticia se publicó en varios diarios de Mendoza. En la Casa Rosada aseguran que la agenda todavía no está definida, pero las visitas están aseguradas.

 

 

El diálogo se aceita. En Olivos, la conversación giró en torno a la situación sanitaria de cada provincia y temas relacionados con las cuentas públicas de cada distrito. La semana anterior, el Presidente había tenido un cruce vía Zoom con Suárez por el número de los contagios en Mendoza y el consiguiente estrés del sistema de salud. Fernández le reprochó por el aumento de casos. El gobernador discutió las cifras y el debate se saldó. La Nación se comprometió a enviar respiradores a la provincia y Suárez accedió a aplicar restricciones en el Gran Mendoza.

 

 

 

Ya con la situación encaminada, Suárez, Morales y Valdés llegaron el lunes a Olivos. Todas las partes coinciden en señalar que la reunión fue "muy buena" y que se acordó "trabajar en conjunto, más allá de las diferencias políticas", aunque todavía no se especifica en qué puntos en particular. 

 

 

 

En la Casa Rosada tienen claro que los gobernadores radicales tienen pocas herramientas para ayudar al oficialismo en el Congreso, en las batallas más duras que le quedan por dar, como la reforma judicial. Léase, tienen pocas figuras propias en el Senado y en Diputados a quienes pedirles un sentido del voto, en caso de que quisieran alinearse con algún pedido del Presidente, como en su momento hiciera el peronismo federal para colaborar con el gobierno de Mauricio Macri. Suárez, por ejemplo, no tiene ni una banca propia en el Parlamento nacional que le responda. En el Senado domina Julio Cobos y, en Diputados, el exgobernador Alfredo Cornejo.

 

 

 

 

Ambos tienen diálogo con la Casa Rosada a través del secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, con quien mantuvieron una conversación juntos por la reforma judicial. Las posiciones fueron imposibles de conciliar -el oficialismo pedía apoyo con los votos, mientras que los radicales exigirían el retiro del proyecto-, pero las líneas quedaron abiertas. En el Gobierno no descartan que en algún momento se pueda avanzar en un acuerdo, en una negociación en combo que incluya el Presupuesto 2021. Peronistas y radicales se entienden históricamente, como partidos rivales que comparten las reglas del juego. A eso apuesta Fernández y también la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que siempre le abre el juego a la UCR pero nunca a sus socios del PRO, un partido sin tradiciones. 

 

 

 

El Presidente, mientras tanto, aceita los vínculos. Desde el comienzo de su mandato mantiene una comunicación fluida con Morales, que se hizo mucho más constante a partir de la pandemia. El gobernador de Jujuy no dudó, incluso, en manifestarse públicamente en sintonía con los intereses de la Casa Rosada cuando la situación lo ameritó. El desacuerdo por el caso Milagro Sala quedó a un lado. En la provincia aseguran que Morales y el Presidente hablan "a cada rato y con total confianza".

 

Con Suárez, la relación es buena y le sirve al Presidente en un doble sentido. Por un lado, le ayuda contener el protagonismo de su antecesor, Cornejo, enrolado en el ala más dura de Juntos por el Cambio. Por el otro, le abre la puerta a una provincia de relación áspera con el kirchnerismo, en la que Fernández aterrizará ahora de la mano del gobernador radical. La relación también ayuda al mandatario en su gestión, mientras libra su interna política con Cornejo.  

 

 

 

El tema central del diálogo, para Mendoza, es el proyecto de Portezuelo del Viento. El Presidente le prometió al gobernador que la obra se hará. En sus gestiones ante la Casa Rosada, Suárez tuvo como aliada a la senadora del Frente de Todos Anabel Fernández Sagasti, que defendió el proyecto a capa y espada. Suárez también reclamó por la discrecionalidad en la entrega de los 60.000 millones de pesos de los créditos del Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial. Mendoza recibió 1.900 millones, mientras Tucumán obtuvo 6.000 millones y Chubut y Neuquen, 5.000 millones cada una. Suárez intenta pilotear una situación financiera compleja, por la deuda que heredó de su antecesor, Cornejo.

 

 

 

En tanto, Valdés reclama una deuda de la Nación por regalías de Yacyretá y ya le dio muestras de buena voluntad al Ejecutivo, al ser el primer líder de Juntos por el Cambio en decir públicamente que hay que abrir el debate por la reforma judicial. El correntino inauguró el mes pasado la construcción de una obra ambiental en su provincia junto al Presidente y Gabriel Katopodis.

 

El ministro de Obras Públicas también le dio buenas noticias a Suárez la semana pasada, con el anuncio de inversiones en la autopista ruta nacional Nº 7,. El mendocino enfatizó la impronta "federal" del Gobierno y dijo que "no importa el color político" de cada provincia. En Mendoza afirman que, por ahora, la Casa Rosada solo da muestras de su voluntad de aceitar el diálogo y de sentar las bases de una buena relación, que el Presidente capitalizará políticamente en cada provincia con los gobernadores, mientras se juega la interna entre halcones y palomas de Juntos por el Cambio. El pedido de acompañamiento llegará, eventualmente, cuando el Gobierno lo necesite.