08|1|2022

Solá, en capilla: no es ella, es él

22 de diciembre de 2020

22 de diciembre de 2020

El canciller cree que su problema no es con CFK, sino recomponer el lazo con el Presidente. La amenaza de una reforma de gabinete a plazo fijo. Una oportunidad.

La posibilidad de que el DT Alberto Fernández mire por fin el banco de suplentes y saque de la cancha a uno o más jugadores excede las quejas de Cristina Kirchner. De hecho, el runrún es fuerte en el propio entorno presidencial, donde, con otra jerga, también se apunta a los “funcionarios que no funcionan”, aunque los dichos de la vice acaso solo sirvan para demorar lo inevitable. Uno de los señalados es el canciller, Felipe Solá, quien no se siente aludido por los embates de aquella, pero sí entiende la necesidad de recomponer un vínculo dañado con Fernández, para lo cual apuesta a exhibirle logros de gestión que compensen los choques recientes.

 

Una fuente cercana al ministro de Relaciones Exteriores le dijo a Letra P que “Felipe no tiene el problema de los ‘funcionarios que no funcionan’ o que no tienen coraje, como dijo Cristina” en un reciente acto en La Plata. “Él sabe que tuvo roces con el Presidente producto de la gestión; esa relación se está recomponiendo”, aseguró.

 

Según la percepción de Solá, las críticas de la vice apuntan a sus pares de Justicia y Derechos Humanos, Marcela Losardo; de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y de Trabajo, Claudio Moroni. “Son todos albertistas, que no es el caso de Felipe”, distinguió la fuente aludida a este medio.

 

Si no como socio fundador, Solá se asume, al menos, como uno de los constructores iniciales del Frente de Todos. De hecho, en octubre de 2018, un año antes de las elecciones que le dieron el triunfo a la unidad del peronismo, generó un hecho político fuerte al romper con la bancada del Frente Renovador en la Cámara de Diputados, lo que lo separó de la aspiración presidencial de Sergio Massa. La movida, en la que lo acompañaron el hoy ministro de Desarrollo Social, Daniel ArroyoFacundo Moyano y otros, culminaría meses después con la confluencia en el espacio ampliado del actual titular de ese cuerpo.

 

Con Cristina Kirchner, sostienen en el entorno del canciller, no hay problemas. “De hecho, estuvieron juntos hace tres semanas y no hubo reproches”, señaló la fuente.

 

“No se produjo ningún giro en la política exterior y, por ejemplo, sobre Venezuela, ella no manda a decirnos nada. Y se sabe que, cuando tiene algo para decir, lo hace ella misma, sin intermediarios”, explicó. Por eso, toman los dardos de referentes como Alicia Castro sobre esa cuestión como “enojos de sectores con una representatividad marginal dentro del kirchnerismo que no tienen por qué reflejar el pensamiento de Cristina”.

 

El problema real del experimentado político devenido en canciller en construcción se da con el entorno del Presidente, sostienen. En ese sentido, reconocen como un antecedente de peso la gaffe del relato que hizo Solá de la charla telefónica entre aquel y el mandatario electo de los Estados Unidos, Joseph Biden. Ya entonces estaba sobre la mesa la pretensión de la dama de avanzar más sobre el gabinete, lo que llevó a Fernández, más allá de su enojo, a evitar poner en juego un lugar central como la Cancillería.

 

La renovada ofensiva de Cristina, ante la que Fernández no quiere mostrarse débil, les da otra vez algo de aire a los ministros apuntados por diferentes motivos y desde distintos sectores; Solá es uno de ellos. Así, este aprovecha el tiempo extra para apurar la gestión.

 

Su rol en la gira inicial del jefe de Estado por Europa, su contribución al difícil acercamiento a Jair Bolsonaro, la promoción de exportaciones, la repatriación de argentinos varados en el comienzo de la pandemia y su aporte a la construcción del diálogo con el Complejo Agroindustrial son elementos que se esgrimen en el Palacio San Martín. Sin embargo, eso es pasado: el futuro debería estar dado por una actividad intensa en la presidencia pro tempore del Mercosur que el país acaba de asumir por los próximos seis meses.

 

Si de exportaciones se trata, Solá exhibe la reciente firma de un acuerdo para la venta de automóviles a Chile, que le aportará 150 millones de dólares al país. En la misma línea, afirma que hay buenas posibilidades de abrir el mercado dominicano para pickups ensambladas en la Argentina.

 

La promoción de exportaciones será un tema prioritario durante la presidencia rotativa del Mercosur: se pondrá la mira en mercados que ya son importantes para el país pero que pueden serlo aun más, como los del Norte de África y los de América del Sur y Central. También, se avanzará en el diálogo en curso con Israel, Líbano y Canadá y se espera cerrar las negociaciones con el EFTA (Acuerdo Europeo de Libre Comercio, integrado por Noruega, Islandia, Liechtenstein y Suiza).

 

Las negociaciones con Corea del Sur, se sabe, son miradas con recelo por su potencial desindustrializador para el país, por lo que seguirán en manos de la diplomacia uruguaya. Entre orientales se entienden. Asimismo, las ya iniciadas con Canadá y Singapur seguirán estando coordinadas por Brasil y Paraguay, respectivamente.

 

El tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE), que tampoco gusta a la Argentina, encuentra trabas al otro lado del Atlántico debido al proteccionismo agrícola de varios países y se justifica en base al desprecio de Bolsonaro por la protección del medio ambiente. La “acción”, en ese plano, es no actuar y dejar que esa danza arrítmica continúe.

 

Otros objetivos de la presidencia pro tempore serán sellar el ingreso pleno de Bolivia –ahora gobernada por los amigos del MAS–, la ciudadanía del Mercosur, la construcción de foros de articulación de iniciativas con el empresariado y reforzar el a veces claudicante respaldo de los socios a la causa Malvinas.