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Unanimidad Industrial Argentina (UIA)

La crisis alineó a CEOs fabriles en el rechazo al modelo M. Fernández los cobijó como eje de su futuro gobierno, aprovechando su oposición a la especulación financiera. Quiebre en la cúpula.
Por 12/09/2019 18:56

El “Vasco” José Ignacio De Mendiguren, dos veces presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), repite seguido una máxima, un juego con siglas: la central fabril nunca fue la “Unanimidad Industrial Argentina”. Refiere, el diputado del massismo, a las opiniones disímiles puertas adentro de la sede de Avenida de Mayo. Es una buena síntesis de la historia de la entidad empresaria más importante y con mayor representación del país, que resume, además, su alma: un grupo de CEOs, grandes y pequeños, que pagan salario con la propia y que, más allá de simpatías ideológicas, se han movido con pragmatismo a través de gobiernos de diferentes signos políticos.

 

Con Cabrera empezó el mal vínculo de los industriales. 

 

Algo de esa conducta empezó a verse con claridad y mayor decisión después del resultado de las PASO. Aquella unanimidad ausente mutó en una crítica descarnada y un alineamiento de voluntades detrás de una idea: el rechazo al modelo de Mauricio Macri, al que varios de los directivos de la UIA cuestionaron desde el inicio pero que la mayoría recién observó como reprochable con números rojos en serio. Por caso, las caídas interanuales que superaron los diez puntos, tasas arriba del 60%, el mercado interno deprimido y una capacidad instalada similar a la de 2002, el año de la peor crisis socio económica del país.

 

 

Este enfrentamiento con el modelo M tiene una raíz fuerte. Los industriales de la UIA son, en general, asiduos detractores de la especulación financiera. Una de las pocas cámaras que se ha decidido a combatir ese negocio en todos los gobiernos. Y entienden que Cambiemos priorizó a ese segmento en detrimento de la producción.

La crisis, casi terminal, sumada a las cuestiones antes mencionadas, generó cambios bruscos en el comportamiento de los industriales. Aquellos que no jugaban en política empezaron a dar señales. Las capitalizó el principal candidato opositor, Alberto Fernández. En un encuentro secreto, recibió en su búnker de la calle México al titular de la UIA, Miguel Acevedo. Tras charlar una hora, volvieron a verse al día siguiente, en un esbozo de pacto social en Tucumán, donde se fotografió con el candidato de Todos y con el jefe de la CGT, Héctor Daer.

Acevedo aclaró -y Fernández lo confirmó- que la idea no era hacer un pacto de carácter político. De hecho, hubo alguna queja por haber aparecido en una conferencia con un fondo del Frente de Todos. El del aceitero es casi un caso de estudio en la dirigencia: siempre negociador y perfil bajo, asumió la presidencia en la segunda mitad del gobierno de Macri. Como todo titular de la entidad, fue seleccionado por sus características particulares, para adecuarse a un gobierno que siempre propuso la charla. Pero los cafés se enfriaron cuando el diálogo se volvió infructuoso. De allí en más, el líder de Aceitera General Deheza (AGD) empezó a tener posiciones más fuertes. Criticó duramente al Gobierno, entabló diálogos individuales con gremios, movimientos sociales y la Iglesia, lo que le valió cuestionamientos de los que aún apoyan a Cambiemos.

 

 

El evento en Tucumán, que armó en parte el gobernador Juan Manzur, se cerró con una cena para 600 personas en el Sheraton. Y hubo otras fotos no publicadas que exceden a Acevedo. Se fueron hasta el norte para ver a Fernández y celebrar los 50 años de la UIA tucumana Eduardo Nougues, de Ledesma, Jorge Sorabilla, de TN Plátex, Jorge Brito padre (Banco Macro), el constructor Juan Chediak (Camarco), el supermercadista mayorista Víctor Fera y hasta el número uno de AGD, Roberto Urquía, el hombre que le abrió a Fernández la tranquera de Córdoba, el polo de Cambiemos por excelencia.

 

El salteño Urtubey, crítico desde el inicio. 

 

No fueron los únicos que viraron en la crisis. Hace unos días, el tigrense Sergio Massa se vio con Luis Pagani, líder de Arcor. En la UIA, que tiene un 80% de pymes, la batuta es de las grandes, que son (eran) una dupla: Arcor y Techint. La empresa cordobesa de alimentos vive su peor momento en la historia, con balances en rojo por primera vez desde 2001. Pagani, siempre cuidadoso, le contó la pandemia a Massa, algo que ya había hecho con otros dirigentes opositores. Al cordobés nunca le cerró demasiado el carácter del Presidente y lo volcó en una de las pocas entrevistas que otorgó. Un diálogo con Jorge Fontevecchia en el que, con estilo, deslizó una crítica furibunda a Macri, recordando a su padre Franco.

 

Moretti, de Santa Fe, otro de los primeros que desconfiaron.

  

Otro importante hombre de los alimentos se dio cuenta temprano que Cambiemos no impulsaría la industria. Pidió en 2017 una reunión con el ex ministro de Producción, Francisco “Pancho” Cabrera, y lo convocaron, pero no al ministerio. Se encontraron un jueves a las tres de la tarde en una mesa a la calle en Rond Point, la ya extinta confitería que estaba en Figueroa Alcorta y Tagle. Cabrera lo esperaba leyendo el diario al aire libre. Charlaron media hora y de allí se trajo algunas definiciones. “No éramos prioridad”, cuenta ese CEO.

Con Dante Sica la cuestión mejoró, pero la intención sin herramientas para cambiar la realidad sólo empeoró la consideración de los industriales sobre el modelo. "Sabíamos que Dante no manejaba", contó un automotriz. Casi que se los blanqueó el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en una cena que mantuvo con los popes industriales en Puerto Madero. De esa comida se fueron sabiendo que la idea rectora para la industria no era la que les expresaba Sica. 

Un directivo pyme, agotado, le contó a un colega otra charla con un funcionario de Hacienda. “Me hablaron de lo importante que son los servicios basados en el conocimiento, como si un unicornio pudiera crecer en un desierto”, se lamentó. El Gobierno tuvo, según la UIA, una obsesión incompleta con esas nuevas industrias, descuidando la base de la producción, que explica junto al comercio buena parte del PBI.

 

Pagani, de Arcor y Rocca, de Techint. El alimenticio es duro con Cambiemos. 

 

En la entidad fabril hay un pelotón de dirigentes que no escondió su posición y criticó desde el inicio. El presidente de los industriales de Santa Fe, Guillermo Moretti; el salteño José Urtubey, De Mendiguren, los textiles Con Teddy Karagozian a la cabeza y, en último término, los laboratorios. Representados por el líder de Gador, Alberto Álvarez Saavedra, rompieron lanzas cuando Elisa Carrió los denunció por especulación con dólares. Fue un crack en el vínculo. El resto lo hizo la crisis. Cuentan que Paolo Rocca, el jefe de Techint, votó por Macri, pero por cercanía. Su mano derecha, Luis Betnaza, sostuvo una idea favorable al Gobierno pero paso a paso fue abandonando el fanatismo. La mayoría se sorprendió, incluso, cuando el italiano Cristiano Rattazzi, de la FIAT, dijo que no veía con malos ojos a Fernández. Es uno de los que aún creen en Cambiemos.

 

 

Los vices de la entidad consideran que esta transición, una expectativa de que la hoy oposición dé lo que el Gobierno no dio, se apuró en los tiempos por dos razones: primero, el abultado resultado en las PASO; segundo, que se cumplió el anhelo de muchos de que Cristina Fernández no fuera candidata. La relación con ella fue tormentosa y la catástrofe industrial empezó en los últimos años de su gobierno.

Otro dato: la relación con Fernández es fluida por los contactos históricos que la UIA tiene con dirigentes del Grupo Callao, think tank del candidato. Allí orbitan Fernando Peirano, hombre de industriales, el ex secretario pyme Matías Kulfas y Ariel Schale, directivo textil con habilidad política y empresaria. En junio, Fernández visitó Misiones y se reunió con los empresarios madereros, nucleados en UIA y representados por Pedro Reyna. Le contaron que Macri tenía armadas mesas sectoriales que presidió él mismo en ocho ocasiones. Le pidieron a Fernández que, en caso de ganar, diera continuidad. “Conmigo esas buenas iniciativas no solo van a continuar, sino que van a empezar a dar resultados", se jugó.

La UIA es una entidad dialoguista, apolítica y que entiende cómo caminar las transiciones. Por ahora decidió creer en la expectativa de lo que puede venir, aunque saben las dificultades que afrontará el próximo gobierno. En 2017, en un acto en Pilar donde estuvieron Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal, se mostraron cercanos al Gobierno y le dieron "tiempo prudencial" para desarrollar, según sus propios dichos. Este acercamiento opositor parece ir en esa línea, con un convenio de 180 días de calma para ordenar un tablero que es complejo.