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Renovadores e históricos, la mesa chica del albertismo

En su primera semana como candidato, Fernández instaló como voceros a los integrantes del Grupo Callao. Reivindicación de su núcleo originario de militancia y convivencia con La Cámpora.
Por 25/05/2019 10:46

Una semana como candidato presidencial le bastó a Alberto Fernández para empezar mostrar el perfil que buscará imprimirle a su campaña. Apremiado por los tiempos, que se aceleraron tras un anuncio sorpresivo, instaló rápidamente en los medios a los integrantes del Grupo Callao, el equipo que armó en 2018, sin expectativas de ser candidato, para renovar la dirigencia peronista. Mientras el cristinismo duro y La Cámpora asimilan el cambio del viento y acatan la bendición que le dio Cristina Fernández de Kirchner, el ex jefe de Gabinete aceita contactos con el sector del PJ más reticente a hablar con la ex presidenta y abre públicamente el diálogo con Clarín, rodeado de nuevos cuadros y de sus históricos compañeros de militancia.

El efecto de la sorpresa casi no dio tiempo a la organización ni al trazado de estrategias y lineamientos, pero el mismo día en que Cristina nominó a Fernández como candidato, el ex jefe de Gabinete abrió la puerta a sus dirigentes de confianza para que salieran a hablar en su nombre. Rápidamente, en los medios de comunicación aparecieron caras hasta ahora poco conocidas y, a partir de ahora, conocidas por formar parte de la mesa chica – o grande – del flamante candidato presidencial.

 

 

Los primeros en aparecer fueron los miembros del Grupo Callao, un espacio político formado en febrero de 2018 con 13 dirigentes convocados por Fernández apenas unos meses después de la derrota legislativa con el objetivo de renovar la dirigencia peronista con cuadros técnicos más jóvenes, con experiencia en la gestión pública, que a su vez trabajaran para cerrar las fisuras que, decía el ex jefe de Gabinete, habían sido las causantes de las sucesivas derrotas del campo popular. 

Los convocados por Fernández fueron Santiago Cafiero, Guillermo Justo Chaves, Cecilia Todesca Bocco, Matías Kulfas, Miguel Cuberos, Natalia De Sio, Federico Martelli, Victoria Tolosa Paz, Fernando Peirano, Cecilia Gómez Mirada, Aníbal Pitelli, Camila García y Marcelo Saín. En el histórico bar “Los galgos” y en el estudio jurídico del flamante candidato presidencial, ambos ubicados sobre la avenida Callao, empezaron las reuniones, con debates y discusiones sobre la necesidad de generar contenidos para la nueva agenda, “independientemente de quién fuera el candidato” que pudiera llevarla adelante en el futuro. En palabras de uno de los dirigentes del espacio, Fernández fue el único que verbalizó y puso en marcha la renovación dirigencial, tantas veces proclamada, y se puso a trabajar, como en los ´90 lo había hecho con el Grupo Calafate. 

En paralelo a las actividades con Fernández, el Grupo Callao empezó a confluir con otros dirigentes con las mismas inquietudes, como los intelectuales nucleados en el Grupo Fragata y los integrantes de la Usina de Pensamiento Nacional y Popular. Todos juntos armaron Agenda Argentina, un espacio de pensamiento crítico del Gobierno nacional que tomó un protagonismo acelerado con la nominación de Fernández.

 

 

 

Hasta ese día, los integrantes del Grupo Callao militaban con diferentes candidatos del peronismo: Chaves era jefe de campaña de Felipe Solá, Martelli abogaba por una renovación con Sergio Uñac y Todesca Bocco asesoraba a Agustín Rossi. La decisión de Cristina corporizó la unidad por la que Fernández, Rossi y Solá habían empezado a trabajar a fines de 2017. 

El candidato, mientras tanto, dio esta semana sus primeros pasos con los Callao como laderos principales. Con Cafiero viajó a Santa Cruz al acto que compartió con Alicia Kirchner horas después de anunciada la fórmula presidencial. El nieto del histórico Antonio Cafiero ofició como vocero político en los programas a los que no pudo concurrir personalmente Fernández, que se hizo tiempo para que el kirchnerismo – al fin – volviera al piso de TN, el jueves por la noche.

En la coordinación de la tarea política también estuvieron Chaves y Cuberos, encargados de organizar agenda y contactos con los cientos de dirigentes peronistas de todo el país que ahora reclaman fotos y reuniones con Fernández para discutir armados locales y nacionales. El equipo económico salió al ruedo con Kulfas, ex director del Banco Nación y ex gerente del Banco Central; Todesca Bocco, ex jefa de gabinete de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central y Peirano, ex subsecretario de Ciencia y Tecnología.

 

 

Aunque se encargan de aclarar que sus nombres no se corresponden con el armado de un gabinete imaginario, los Callao marcaron en los medios los grandes lineamientos del pensamiento de Fernández con su aval expreso y bajo su monitoreo vía WhatsApp y teléfono, primero, y recién el jueves con una reunión cara a cara en la que pudieron procesar las repercusiones y empezar a delinear la campaña. 

“Todo lo van a coordinar Alberto y Cristina. El candidato es él, pero la gran protagonista de este espacio es ella”, dice uno de los hombres de confianza. La coordinación entre la ex presidenta y su candidato empezó a verse este sábado en el acto que compartieron en Merlo.

Como publicó Letra P, Cristina les bajó a sus colaboradores más cercanos el mensaje que primará en la campaña: “El candidato es Alberto, el protagonista es él”. Bajo esa premisa, con el objetivo claro de “ganarle a Macri”, la mesa chica de Cristina, incluida La Cámpora, se puso “a disposición” del ungido por la jefa del movimiento.

Fernández es una novedad para la mayoría de los dirigentes que rodearon a Cristina en el último tiempo de su gobierno, como reveló Andrés Larroque en diálogo con Radio con Vos. “No lo conocía de la etapa anterior”, dijo “El Cuervo”.  Como Larroque, otros dirigentes e integrantes de la mesa chica cristinista se desayunaron con el protagonismo repentino de Fernández en la intimidad del Instituto Patria luego de su reconciliación con la ex presidenta, a fines de 2017. 

 

 

La omnipresencia de Fernández en el universo de Cristina como consejero, hombre de consulta permanente y componedor de las relaciones rotas con otros tantos exiliados, como Solá, los dirigentes del Movimiento Evita y hasta Eduardo Duhalde; sus visitas permanentes al Instituto Patria y su retorno al entorno familiar provocaron cierto recelo en los principales actores del kirchnerismo tardío, que se limitaron a acatar las órdenes de su jefa política y a procesar la nueva configuración del espacio. 

La centralidad que le dio Cristina no sólo quedó demostrada en la Feria del Libro, donde, por orden de la ex presidenta, Fernández fue el único dirigente político que tuvo un lugar en primera fila junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La senadora reveló ahí mismo que había sido su ex jefe de Gabinete quien le había dado la idea de escribir el libro y se lo agradeció en público.

Fernández también se acomodó al nuevo mapa del kirchnerismo, sin la presencia de muchos de sus ex compañeros de gabinete. Pasó a encabezar las negociaciones políticas de Cristina, ahora junto a Máximo Kirchner y Eduardo "Wado" de Pedro. A Máximo, Fernández lo conoce desde que era adolescente y los Kirchner le prestaban su habitación cuando los visitaba en su casa de Santa Cruz. Aún en los tiempos de distanciamiento del kirchnerismo, el ex jefe de Gabinete siempre defendió públicamente a Máximo de las críticas. 

 

 

En la nueva etapa, Fernández también desarrolló una relación muy cercana con el ex ministro de Economía Axel Kicillof, con quien habla de manera casi diaria. El flamante candidato valora a muchos de los ex colaboradores de Kicillof en el Gobierno, como Augusto Costa y Paula Español. Fernández escucha tanto a Kicillof como Guillermo Nielsen, un ex funcionario con llegada a los mercados enfrentado con el ex ministro a quien también se encargó de sentar frente a Cristina, para escándalo del núcleo duro.

A la nueva mesa del poder, Fernández también llega con sus históricos compañeros del peronismo porteño.

A la nueva mesa del poder, Fernández también llega con sus históricos compañeros del peronismo porteño. Al ex embajador ante el Vaticano Eduardo Valdés, que también forma parte de la mesa chica de la ex presidenta y trabajó por la reconciliación entre ambos, el ex jefe de Gabinete le concedió una larguísima entrevista radial el día después del anuncio de Cristina, el sábado 18. Ese mismo día había recibido en su casa a otro miembro del mismo club, el presidente del PJ porteño Víctor Santa María. 

A Santa Cruz, además de Cafiero, Fernández llevó a Claudio Ferreño, el ex subsecretario de Relaciones Institucionales de la Secretaría de Gabinete que trabajó en el gobierno de Néstor Kirchner bajo su órbita. A ese grupo se suman, en la mesa de consultas, el ex titular de la Oficina Anticorrupción Julio Vitobello, el ex secretario de Culto Guillermo Oliveri y el ex embajador en Estados Unidos Jorge Agüello. A este último, dicen en la mesa cristinista, habrá que prestarle atención en las próximas semanas: además de la reconstrucción de relaciones con el peronismo no kirchnerista y el multimedios Clarín, alguien deberá tender puentes entre un eventual gobierno de los Fernández y el país que gobierna Donald Trump.