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A imagen y semejanza del duelo nacional, Rodríguez Larreta y Lammens concentran la tensión bajo dos coaliciones políticas inéditas para la Ciudad. Las opciones por fuera de la grieta.
Por 10/08/2019 13:21

Por primera vez en su breve historia como distrito autónomo, la Ciudad de Buenos Aires va a elecciones unificadas con las nacionales. Este 11 de agosto, en el marco de las PASO, los porteños van a elegir candidato a presidente y a jefe de Gobierno. Lo que parece un dato técnico o una anécdota definió el panorama electoral: la polarización nacional contagió al ecosistema porteño y la tensión está entre el candidato de Juntos por el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta, y el del Frente de Todos, Matías Lammens, aunque las encuestas inclinan la balanza por el oficialismo local.

Ambos candidatos intentaron escapar a la polarización y buscaron municipalizar la campaña, pero la grieta se los tragó. Lammens cuestionó las "prioridades" de la gestión de Rodríguez Larreta y el alcalde aprovechó cada intervención para calificarlo de "kirchnerista", a sabiendas de la intención manifiesta del presidente de San Lorenzo de expresar una opción outsider para romper el techo K en la Ciudad. Poco importaron esos fuegos de artificio entre dos dirigentes que se conocen mucho ante el escenario de polarización: todo se resume, incluso en la Capital Federal, en la batalla entre las fórmulas Mauricio Macri - Miguel Ángel Pichetto versus Alberto Fernández - Cristina Fernández de Kirchner.

 

 

El escenario de nacionalización de la disputa electoral repercute distinto en cada búnker. Para Rodríguez Larreta, que busca romper el techo PRO y ganar en primera vuelta, compartir la boleta con su jefe político le resta algunos puntos. El laboratorio electoral larretista trabaja desde hace meses en base a dos índices: aseguran, según los sondeos que realiza Jaime Durán Barba, que el jefe de Gobierno ostenta un 60% de aprobación de gestión y que la intención de voto supera el 40%, pero no llega a los 50 puntos porcentuales. El oficialismo trabajó sobre esa base de 20 unidades y por eso avanzó hacia un amplio esquema de alianzas que incluyó a la Unión Cívica Radical (UCR) porteña y a Martín Lousteau, hasta hace pocos opositores confrontativos.

Lammens también salió a la pesca en las costas en las que ni el kirchnerismo ni el peronismo pudieron hacer pie en los últimos años. El Frente de Todos montó una campaña apuntada al votante de Lousteau de 2015, cuando forzó un ballotage con Rodríguez Larreta que consagró ganador al macrista, aunque con números ajustadísimos: 51,6% a 48,4%. El que capte la mayor porción del electorado progresista define el devenir de los comicios y su propia meta electoral. Lammens aspira a superar los 30 puntos y llegar a la segunda vuelta porteña, mientras que Rodríguez Larreta apunta a liquidar la contienda en octubre, con una cosecha por arriba del 50%.

 

 

POR FUERA DE LA GRIETA. El candidato de Roberto Lavagna en la Ciudad, el economista Matías Tombolini, hizo campaña con críticas a la economía y a la gestión de Macri. Al igual que Lammens, apuntó al votante de Lousteau de 2015 y cuestionó el uso del presupuesto porteño. Sin embargo, como reconoció en una entrevista con Letra P, la polarización entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos perjudicó al frente Consenso Federal.

En tanto, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) selló la unidad con el MST de Alejandro Bodart y juega este domingo con Gabriel Solano (Partido Obrero) como precandidato a jefe de Gobierno.

UNA CIUDAD SIN PERONISTAS. En las listas porteñas hay una particularidad: ninguno de los candidatos a jefe de Gobierno se reivindica como peronista ni hace campaña desplegando las banderas del justicialismo. En una ciudad esquiva para el peronismo, ninguna de las ofertas de la góndola electoral busca apropiarse del voto reinvindicado como peronista.

El kirchnerismo y el peronismo porteño ungieron a Lammens como una variante progresista para potenciar al Frente de Todos y "desperonizar" la oferta, aunque su compañera de fórmula, la periodista Gisela Marziotta, se definió como peronista en una entrevista con Letra P. Lo mismo sucede con Rodríguez Larreta, cuyo vicejefe es Diego Santilli, de raigambre peronista, aunque integrado a las filas PRO desde hace más de una década.