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Siempre nos quedará Caracas

Atado al FMI vía Trump, Macri profundiza las relaciones carnales con el Águila y enciende la propaganda antichavista para reeditar el hit de 2015. Los operadores PRO de Guaidó y la grieta peronista.
Por 02/05/2019 15:14

Cuatro días antes de que Juan Guaidó llamara a una sublevación contra Nicolás Maduro con el apoyo de Estados Unidos, Mauricio Macri recibió en la residencia de Olivos al senador estadounidense Rick Scott. El Presidente estuvo acompañado por su secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, y de la conversación trascendió poco, pero el encuentro fue un mensaje más de la política exterior de puro alineamiento.

Ex gobernador de la Florida, Scott desembarcó en Buenos Aires como escala final de la gira que inició en Colombia y Panamá con una consigna principal: la necesidad de una intervención militar norteamericana en Venezuela. Lejos del multilateralismo tan promocionado en la reunión del G20 en diciembre, Macri y la alianza Cambiemos están primeros en la fila de los que respaldan sin fisuras una de las obsesiones de Donald Trump en la región


 

 

Como parte de un activismo incesante, el martes último, el senador que visitó al Presidente en Olivos confirmó que sus movimientos son parte de una estrategia mayor: propagandizó su contacto con John Bolton, el halcón que activa como asesor de Seguridad de Trump y opera directamente en territorio venezolano para que las Fuerzas Armadas se levanten contra el sucesor de Hugo Chávez. Scott sigue el minuto a minuto con una consigna: se acabó el tiempo y es hora de actuar.


 

 

 

 

MEJOR ACTOR DE REPARTO. Miembro entusiasta del Grupo de Lima, Macri elige un lenguaje más ambiguo a favor de “la democracia” en Venezuela, pero comparte la política de Trump. Sus esfuerzos permanentes son bien valorados por la administración republicana, aunque resulten irrelevantes en comparación con Brasil y Colombia, los dos actores que pesan en lo geopolítico y lo militar para la política de Washington. Atado al Fondo, tal vez aspire al premio como mejor actor de reparto en la región.

Macri mantuvo durante los últimos tres años su combate al chavismo como parte de un argumento de campaña que no tiene contraindicaciones.

Incapaz de cumplir con la mayor parte de los propósitos que se había fijado para su gobierno, el presidente argentino mantuvo durante los últimos tres años su combate al chavismo como parte de un argumento de campaña que no tiene contraindicaciones. Macri decidió, a fines de enero, ser uno de los primeros en reconocer a Guaidó como presidente interino, en el intento de potenciar la crisis venezolana como parte de su campaña electoral. Desde entonces, no hizo más que profundizar las declaraciones de respaldo al rival de Maduro.

La Casa Rosada, el macrismo y sus satélites tienen infinitos lazos con las fuerzas antichavistas. Pero lo formal queda a cargo del Pompeo argentino y de su subordinado, el canciller Jorge Faurie. Ex funcionarios de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires en los días previos al estallido de 2001, Pompeo y Faurie ejecutan la partitura que pide el Presidente. El canciller se destacó en el enfrentamiento con su par venezolano en la asamblea de la OEA en Washington, en junio pasado, y está concentrado en el tema como prioridad casi exclusiva de una gestión opaca.

El tercer hombre del macrismo ante la crisis es Eduardo Porretti, el embajador argentino en Caracas que trabaja como diplomático desde 1993 y volvió a Venezuela en febrero, después de un viraje en la estrategia de la Casa Rosada. Designado en Colombia primero y en Cuba después durante siete años, fue miembro de la misión permanente ante la ONU hasta 2014. En noviembre de 2015, quedó como Encargado de Negocios de la Embajada argentina en Venezuela y finalmente fue ascendido a embajador.

Según pudo saber Letra P, Porretti mantiene informado al Gobierno minuto a minuto sobre la crisis, pero sostiene el vínculo con todas las partes en conflicto y es el eslabón que preserva todavía el nexo diplomático con el gobierno de Maduro.

 

 

ANTICHAVISMO. Enredado en una crisis económica que no encuentra piso entre la inflación y la recesión, el Presidente que se benefició en 2015 con el fantasma de la chavización kirchnerista piensa apelar una vez más al país del caribe para la contienda doméstica. Lo hará, como entonces, con el acompañamiento irrestricto de los medios y formadores de opinión hoy aliados al macrismo.

De línea directa y habitual con Trump, Macri se sostiene como candidato gracias al decisivo apoyo del presidente norteamericano en el directorio del FMI y le corresponde con gestos de subordinación. La política exterior de relaciones carnales es uno de los mandamientos que se puede ver en el caso de Venezuela y a Macri no le cuesta nada. Quedó demostrado con su pronunciamiento inmediato ante la llamada “Operación Libertad”.

 

 

El balazo en el oído de un manifestante chavista ante la embajada de Venezuela, el martes último, confirma que el gobierno argentino no titubea a la hora de hacer gestos, aunque cuesten sangre.

Para el macrismo y sus socios discursivos, combatir al chavismo desde Buenos Aires es pura ganancia. Cohesiona a una tropa dispersa y desanimada mientras genera divisiones en la oposición. Las diferencias son notorias dentro del ancho peronismo, donde Sergio Massa y Miguel Ángel Pichetto se alinean con Guaidó y el kirchnerismo queda ubicado una vez más a la defensiva.

 

 

De regreso a la Argentina desde Cuba, Cristina Kirchner intenta un delgado equilibrio que incluye el silencio sobre la situación en Venezuela y la búsqueda de un acercamiento con Estados Unidos, con autocrítica sobre el memorándum con Irán y reuniones con los fondos de inversión para negar cualquier posibilidad de default en un eventual regreso. Fueron Alberto Fernández y Agustín Rossi los encargados de hablar en nombre de la ex presidenta, con citas a Pichetto, eje en la conversión del senador y alertas contra el odio de los que buscan una guerra civil.

Aunque prefiera no involucrarse, Cristina comparte -también en este tema- el alineamiento con Francisco, criticado por el antichavismo que lo ubica en un intento de mediar que beneficia a Maduro. En busca de un diálogo para evitar la guerra civil abierta, el papa se alinea con la política de no intervención que defienden Manuel López Obrador desde México y Tabaré Vázquez desde Uruguay.

 

 

PÁNICO VS CRISIS. Como marca el sociólogo Gabriel Vommaro en el libro “La larga marcha de Cambiemos”, más allá de que estuviera lejos de los planes reales de Cristina o Néstor Kirchner, el pánico a una eventual chavización del kirchnerismo “se volvió parte del lenguaje ordinario de los profesionales del comentario político” y penetró con la polarización en el mundo de los managers y los hombres de negocios.

A lo largo de una serie de entrevistas con CEOs que se sumaron al proyecto del PRO, Vommaro comprobó que el fantasma de que Argentina se convirtiera en Venezuela y que el kirchnerismo cumpliera la consigna gaseosa del “vamos por todo” gatilló un doble proceso. Por un lado, el convencimiento entre los consultores del mundo de los negocios y la expansión de ese temor hacias las casas matrices de las multinacionales. Por el otro, la decisión de involucrarse en política por parte de una camada de empresarios que nunca se habían asomado a la vida pública. “Era un fenómeno de endogrupo, alimentado por los intelectuales y los medios que contribuyen a la conversación pública de esos grupos”, pero finalmente se volvió un temor real y una amenaza palpable para los sectores más fervientemente antikirchneristas.

Parece difícil reeditar esos temores en medio de la crisis, la inflación récord, la devaluación, la recesión, el ajuste, el riesgo país récord y los fantasmas del default. Lograr sobre todo que la franja de los indecisos reincida en votar a Macri por temor a que CFK se convierta en la versión femenina de Maduro. Pero el intento ya está en marcha y es probable que acelere camino a octubre.

Siempre nos quedará Caracas

Atado al FMI vía Trump, Macri profundiza las relaciones carnales con el Águila y enciende la propaganda antichavista para reeditar el hit de 2015. Los operadores PRO de Guaidó y la grieta peronista.

Cuatro días antes de que Juan Guaidó llamara a una sublevación contra Nicolás Maduro con el apoyo de Estados Unidos, Mauricio Macri recibió en la residencia de Olivos al senador estadounidense Rick Scott. El Presidente estuvo acompañado por su secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, y de la conversación trascendió poco, pero el encuentro fue un mensaje más de la política exterior de puro alineamiento.

Ex gobernador de la Florida, Scott desembarcó en Buenos Aires como escala final de la gira que inició en Colombia y Panamá con una consigna principal: la necesidad de una intervención militar norteamericana en Venezuela. Lejos del multilateralismo tan promocionado en la reunión del G20 en diciembre, Macri y la alianza Cambiemos están primeros en la fila de los que respaldan sin fisuras una de las obsesiones de Donald Trump en la región


 

 

Como parte de un activismo incesante, el martes último, el senador que visitó al Presidente en Olivos confirmó que sus movimientos son parte de una estrategia mayor: propagandizó su contacto con John Bolton, el halcón que activa como asesor de Seguridad de Trump y opera directamente en territorio venezolano para que las Fuerzas Armadas se levanten contra el sucesor de Hugo Chávez. Scott sigue el minuto a minuto con una consigna: se acabó el tiempo y es hora de actuar.


 

 

 

 

MEJOR ACTOR DE REPARTO. Miembro entusiasta del Grupo de Lima, Macri elige un lenguaje más ambiguo a favor de “la democracia” en Venezuela, pero comparte la política de Trump. Sus esfuerzos permanentes son bien valorados por la administración republicana, aunque resulten irrelevantes en comparación con Brasil y Colombia, los dos actores que pesan en lo geopolítico y lo militar para la política de Washington. Atado al Fondo, tal vez aspire al premio como mejor actor de reparto en la región.

Macri mantuvo durante los últimos tres años su combate al chavismo como parte de un argumento de campaña que no tiene contraindicaciones.

Incapaz de cumplir con la mayor parte de los propósitos que se había fijado para su gobierno, el presidente argentino mantuvo durante los últimos tres años su combate al chavismo como parte de un argumento de campaña que no tiene contraindicaciones. Macri decidió, a fines de enero, ser uno de los primeros en reconocer a Guaidó como presidente interino, en el intento de potenciar la crisis venezolana como parte de su campaña electoral. Desde entonces, no hizo más que profundizar las declaraciones de respaldo al rival de Maduro.

La Casa Rosada, el macrismo y sus satélites tienen infinitos lazos con las fuerzas antichavistas. Pero lo formal queda a cargo del Pompeo argentino y de su subordinado, el canciller Jorge Faurie. Ex funcionarios de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires en los días previos al estallido de 2001, Pompeo y Faurie ejecutan la partitura que pide el Presidente. El canciller se destacó en el enfrentamiento con su par venezolano en la asamblea de la OEA en Washington, en junio pasado, y está concentrado en el tema como prioridad casi exclusiva de una gestión opaca.

El tercer hombre del macrismo ante la crisis es Eduardo Porretti, el embajador argentino en Caracas que trabaja como diplomático desde 1993 y volvió a Venezuela en febrero, después de un viraje en la estrategia de la Casa Rosada. Designado en Colombia primero y en Cuba después durante siete años, fue miembro de la misión permanente ante la ONU hasta 2014. En noviembre de 2015, quedó como Encargado de Negocios de la Embajada argentina en Venezuela y finalmente fue ascendido a embajador.

Según pudo saber Letra P, Porretti mantiene informado al Gobierno minuto a minuto sobre la crisis, pero sostiene el vínculo con todas las partes en conflicto y es el eslabón que preserva todavía el nexo diplomático con el gobierno de Maduro.

 

 

ANTICHAVISMO. Enredado en una crisis económica que no encuentra piso entre la inflación y la recesión, el Presidente que se benefició en 2015 con el fantasma de la chavización kirchnerista piensa apelar una vez más al país del caribe para la contienda doméstica. Lo hará, como entonces, con el acompañamiento irrestricto de los medios y formadores de opinión hoy aliados al macrismo.

De línea directa y habitual con Trump, Macri se sostiene como candidato gracias al decisivo apoyo del presidente norteamericano en el directorio del FMI y le corresponde con gestos de subordinación. La política exterior de relaciones carnales es uno de los mandamientos que se puede ver en el caso de Venezuela y a Macri no le cuesta nada. Quedó demostrado con su pronunciamiento inmediato ante la llamada “Operación Libertad”.

 

 

El balazo en el oído de un manifestante chavista ante la embajada de Venezuela, el martes último, confirma que el gobierno argentino no titubea a la hora de hacer gestos, aunque cuesten sangre.

Para el macrismo y sus socios discursivos, combatir al chavismo desde Buenos Aires es pura ganancia. Cohesiona a una tropa dispersa y desanimada mientras genera divisiones en la oposición. Las diferencias son notorias dentro del ancho peronismo, donde Sergio Massa y Miguel Ángel Pichetto se alinean con Guaidó y el kirchnerismo queda ubicado una vez más a la defensiva.

 

 

De regreso a la Argentina desde Cuba, Cristina Kirchner intenta un delgado equilibrio que incluye el silencio sobre la situación en Venezuela y la búsqueda de un acercamiento con Estados Unidos, con autocrítica sobre el memorándum con Irán y reuniones con los fondos de inversión para negar cualquier posibilidad de default en un eventual regreso. Fueron Alberto Fernández y Agustín Rossi los encargados de hablar en nombre de la ex presidenta, con citas a Pichetto, eje en la conversión del senador y alertas contra el odio de los que buscan una guerra civil.

Aunque prefiera no involucrarse, Cristina comparte -también en este tema- el alineamiento con Francisco, criticado por el antichavismo que lo ubica en un intento de mediar que beneficia a Maduro. En busca de un diálogo para evitar la guerra civil abierta, el papa se alinea con la política de no intervención que defienden Manuel López Obrador desde México y Tabaré Vázquez desde Uruguay.

 

 

PÁNICO VS CRISIS. Como marca el sociólogo Gabriel Vommaro en el libro “La larga marcha de Cambiemos”, más allá de que estuviera lejos de los planes reales de Cristina o Néstor Kirchner, el pánico a una eventual chavización del kirchnerismo “se volvió parte del lenguaje ordinario de los profesionales del comentario político” y penetró con la polarización en el mundo de los managers y los hombres de negocios.

A lo largo de una serie de entrevistas con CEOs que se sumaron al proyecto del PRO, Vommaro comprobó que el fantasma de que Argentina se convirtiera en Venezuela y que el kirchnerismo cumpliera la consigna gaseosa del “vamos por todo” gatilló un doble proceso. Por un lado, el convencimiento entre los consultores del mundo de los negocios y la expansión de ese temor hacias las casas matrices de las multinacionales. Por el otro, la decisión de involucrarse en política por parte de una camada de empresarios que nunca se habían asomado a la vida pública. “Era un fenómeno de endogrupo, alimentado por los intelectuales y los medios que contribuyen a la conversación pública de esos grupos”, pero finalmente se volvió un temor real y una amenaza palpable para los sectores más fervientemente antikirchneristas.

Parece difícil reeditar esos temores en medio de la crisis, la inflación récord, la devaluación, la recesión, el ajuste, el riesgo país récord y los fantasmas del default. Lograr sobre todo que la franja de los indecisos reincida en votar a Macri por temor a que CFK se convierta en la versión femenina de Maduro. Pero el intento ya está en marcha y es probable que acelere camino a octubre.