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El Embajador

En Wall Street aseguran que Trump reforzó la apuesta por Argentina ante un FMI que ya tenía interés en mostrar un perfil distinto. Garantía de gobernabilidad entre balances que arden.
Por 15/03/2019 11:17

En plena recesión y con inestabilidad cambiaria, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se anotó una pequeña victoria. Comunicó que, tras negociaciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) habilitó a Argentina a vender dólares del Tesoro para aplacar los nervios del mercado. Unos U$S9.600 millones en licitaciones diarias de U$S60 millones. El respaldo de Christine Lagarde esconde detalles políticos, algunos visibles, que tienen que ver con las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos y la visión estratégica que sobre el país tiene el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump.

Entre operadores, ex diplomáticos y funcionarios se confesó, en privado, que Trump sigue influyendo sobre el FMI para que Argentina sea un leading case en la nueva etapa de la relación del organismo con los países tomadores de deuda. Esto hizo que el Fondo, que en sus sillas europeas había rechazado de plano tanta concesión para Mauricio Macri, le soltara la cadena a Cambiemos y flexibilizara el vínculo, justo en el momento crítico de la crisis y cuando el dólar empezaba a moverse intermitente dentro de la banda de flotación que diseñó el presidente del Banco Central, Guido Sandleris.

 

 

Ex diplomáticos consultados por Letra P contaron que la dedicación de Trump para con Argentina es netamente estratégica desde lo geopolítico. El gobierno estadounidense ve en Cambiemos una oportunidad de que, por primera vez en la historia, un gobierno no peronista con intención de alinearse con Estados Unidos tenga un mandato a término y una reelección. “Los pedidos de devolución ya van a llegar”, adelantan fuentes que conocen las negociaciones, las mismas que citan como primer hito en la reciprocidad la posición que Argentina esgrimió en medio del conflicto en Venezuela, saliendo a bancar a Juan Guaidó en detrimento de Nicolás Maduro.

Lo que viene es el tema más espinoso: que Argentina tome una postura definida en el marco de la guerra comercial con China, algo que, hasta el momento, Macri viene gambeteando. En este contexto, los especialistas aseguran que no es menor el dato de la relación y los negocios de Trump con Franco Macri y el pensamiento coincidente con Mauricio, para comprender por qué, como nunca antes en la política estadounidense, un presidente trabajó a favor de la permanencia de un gobierno.

 

Dujovne con el titular del Tesoro de los Estados Unidos. 

 

“El Fondo está jugando en la campaña electoral de Cambiemos y los europeos no quieren saber nada. Es como si hubiesen hecho esto en la elección de Grecia y hubiesen jugado con Varoufakis (Yanis, ex ministro de Finanzas)”, explicó a este medio un hombre de fluido contacto con el organismo que conduce Lagarde. La misma fuente aclaró, de todos modos, que “a Macri le viene muy bien este respaldo del Fondo desde lo político”, pero “afecta la perspectiva para el gobierno que venga”. Estiman que el que llegue en 2020, ya sea Cambiemos o el peronismo, no sólo tendrá que renegociar, sino que, además, se verá en la necesidad de pedirle al organismo una ampliación del envío de fondos, teniendo en cuenta los montos marginales que quedan para esos primeros años. El único dato concreto que le pone paños fríos a esta última idea es la palabra que dio el vocero del FMI, Gerry Rice, de que apoyarán a cualquier fuerza política que ascienda al poder.

Sintéticamente, la jugada le calma a Macri el corto plazo y no mucho más. Para la perspectiva política de Cambiemos, no es poco: es casi el único respaldo que puede exhibir la gestión mientras los números de la recesión recrudecen y la inflación sigue en niveles récord (3,8% en febrero, según el INDEC).

 

Gerry Rice, el vocero del FMI que confirmó que seguirán en Argentina aunque haya alternancia en el poder. 

 

En temporada de balances, las cifras de la crisis y el empleo se vieron en las presentaciones de empresas a la Bolsa. Con casi todo rojo, se dio la lógica: en 2018, sólo ganaron dinero los bancos, pero sustentados, paradójicamente, en un negocio que tiene que ver con errores oficiales: la súper tasa de interés. Lo admiten en sus informes el BBVA Francés, que ganó 114,6% más que en 2017 (“Del lado de los ingresos, los mismos estuvieron sustentados en la suba del resultado neto por intereses que creció 79,9% en el año, básicamente por la suba de intereses, por el resultado neto por comisiones (…)”; y el Santander Río. La entidad española mostró un resultado acumulado en 2018 de $10.225 millones. En el último trimestre de 2018, obtuvo un beneficio neto de $3.246 millones, un 8% más en relación al resultado del trimestre anterior. Todo, recolectado por préstamos a tasa elevada.

En la otra esquina de la crisis están lo "llorones”, tal el mote que usó el ex ministro de la Producción Francisco “Pancho” Cabrera para describir a los popes de la Unión Industrial Argentina (UIA). El balance de Arcor dio negativo por segunda vez en 67 años. La empresa de los Pagani perdió algo más de $1.000 millones en 2018 por impacto de la devaluación y el derrumbe del consumo interno. En 2002, la crisis más dura de la historia, había resignado U$S50 millones.

 

El Fondo apoya a Macri en una crisis feroz: Arcor presentó su segundo balance en rojo en 67 años. 

 

Molinos perdió $1.700 millones por las mismas razones, pero ya venía con dos años de balances en rojo. Y la láctea Mastellone, casi $2.000 millones en 2018. Otro caso reciente es el de Laboratorios Richmond, que resignó $107 millones, un 45,1% de derrumbe contra 2017, también impactado por la devaluación y la caída del consumo. Ni la empresa de electro Newsan zafó de ejercicios negativos: perdió $94 millones luego de haber ganado casi 400 en 2017. 

Todos estos sectores no solo perdieron por el derrumbe del mercado interno, sino, también, por la misma razón que hizo que los bancos ganaran: la súper tasa que desapareció el crédito y no logró estabilizar el tipo de cambio.

En este contexto, la jugada de Trump vía FMI en la política interna es un bálsamo temporal sobre el que el Gobierno busca edificar estabilidad para llegar entero a octubre.

El Embajador

En Wall Street aseguran que Trump reforzó la apuesta por Argentina ante un FMI que ya tenía interés en mostrar un perfil distinto. Garantía de gobernabilidad entre balances que arden.

En plena recesión y con inestabilidad cambiaria, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se anotó una pequeña victoria. Comunicó que, tras negociaciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) habilitó a Argentina a vender dólares del Tesoro para aplacar los nervios del mercado. Unos U$S9.600 millones en licitaciones diarias de U$S60 millones. El respaldo de Christine Lagarde esconde detalles políticos, algunos visibles, que tienen que ver con las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos y la visión estratégica que sobre el país tiene el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump.

Entre operadores, ex diplomáticos y funcionarios se confesó, en privado, que Trump sigue influyendo sobre el FMI para que Argentina sea un leading case en la nueva etapa de la relación del organismo con los países tomadores de deuda. Esto hizo que el Fondo, que en sus sillas europeas había rechazado de plano tanta concesión para Mauricio Macri, le soltara la cadena a Cambiemos y flexibilizara el vínculo, justo en el momento crítico de la crisis y cuando el dólar empezaba a moverse intermitente dentro de la banda de flotación que diseñó el presidente del Banco Central, Guido Sandleris.

 

 

Ex diplomáticos consultados por Letra P contaron que la dedicación de Trump para con Argentina es netamente estratégica desde lo geopolítico. El gobierno estadounidense ve en Cambiemos una oportunidad de que, por primera vez en la historia, un gobierno no peronista con intención de alinearse con Estados Unidos tenga un mandato a término y una reelección. “Los pedidos de devolución ya van a llegar”, adelantan fuentes que conocen las negociaciones, las mismas que citan como primer hito en la reciprocidad la posición que Argentina esgrimió en medio del conflicto en Venezuela, saliendo a bancar a Juan Guaidó en detrimento de Nicolás Maduro.

Lo que viene es el tema más espinoso: que Argentina tome una postura definida en el marco de la guerra comercial con China, algo que, hasta el momento, Macri viene gambeteando. En este contexto, los especialistas aseguran que no es menor el dato de la relación y los negocios de Trump con Franco Macri y el pensamiento coincidente con Mauricio, para comprender por qué, como nunca antes en la política estadounidense, un presidente trabajó a favor de la permanencia de un gobierno.

 

Dujovne con el titular del Tesoro de los Estados Unidos. 

 

“El Fondo está jugando en la campaña electoral de Cambiemos y los europeos no quieren saber nada. Es como si hubiesen hecho esto en la elección de Grecia y hubiesen jugado con Varoufakis (Yanis, ex ministro de Finanzas)”, explicó a este medio un hombre de fluido contacto con el organismo que conduce Lagarde. La misma fuente aclaró, de todos modos, que “a Macri le viene muy bien este respaldo del Fondo desde lo político”, pero “afecta la perspectiva para el gobierno que venga”. Estiman que el que llegue en 2020, ya sea Cambiemos o el peronismo, no sólo tendrá que renegociar, sino que, además, se verá en la necesidad de pedirle al organismo una ampliación del envío de fondos, teniendo en cuenta los montos marginales que quedan para esos primeros años. El único dato concreto que le pone paños fríos a esta última idea es la palabra que dio el vocero del FMI, Gerry Rice, de que apoyarán a cualquier fuerza política que ascienda al poder.

Sintéticamente, la jugada le calma a Macri el corto plazo y no mucho más. Para la perspectiva política de Cambiemos, no es poco: es casi el único respaldo que puede exhibir la gestión mientras los números de la recesión recrudecen y la inflación sigue en niveles récord (3,8% en febrero, según el INDEC).

 

Gerry Rice, el vocero del FMI que confirmó que seguirán en Argentina aunque haya alternancia en el poder. 

 

En temporada de balances, las cifras de la crisis y el empleo se vieron en las presentaciones de empresas a la Bolsa. Con casi todo rojo, se dio la lógica: en 2018, sólo ganaron dinero los bancos, pero sustentados, paradójicamente, en un negocio que tiene que ver con errores oficiales: la súper tasa de interés. Lo admiten en sus informes el BBVA Francés, que ganó 114,6% más que en 2017 (“Del lado de los ingresos, los mismos estuvieron sustentados en la suba del resultado neto por intereses que creció 79,9% en el año, básicamente por la suba de intereses, por el resultado neto por comisiones (…)”; y el Santander Río. La entidad española mostró un resultado acumulado en 2018 de $10.225 millones. En el último trimestre de 2018, obtuvo un beneficio neto de $3.246 millones, un 8% más en relación al resultado del trimestre anterior. Todo, recolectado por préstamos a tasa elevada.

En la otra esquina de la crisis están lo "llorones”, tal el mote que usó el ex ministro de la Producción Francisco “Pancho” Cabrera para describir a los popes de la Unión Industrial Argentina (UIA). El balance de Arcor dio negativo por segunda vez en 67 años. La empresa de los Pagani perdió algo más de $1.000 millones en 2018 por impacto de la devaluación y el derrumbe del consumo interno. En 2002, la crisis más dura de la historia, había resignado U$S50 millones.

 

El Fondo apoya a Macri en una crisis feroz: Arcor presentó su segundo balance en rojo en 67 años. 

 

Molinos perdió $1.700 millones por las mismas razones, pero ya venía con dos años de balances en rojo. Y la láctea Mastellone, casi $2.000 millones en 2018. Otro caso reciente es el de Laboratorios Richmond, que resignó $107 millones, un 45,1% de derrumbe contra 2017, también impactado por la devaluación y la caída del consumo. Ni la empresa de electro Newsan zafó de ejercicios negativos: perdió $94 millones luego de haber ganado casi 400 en 2017. 

Todos estos sectores no solo perdieron por el derrumbe del mercado interno, sino, también, por la misma razón que hizo que los bancos ganaran: la súper tasa que desapareció el crédito y no logró estabilizar el tipo de cambio.

En este contexto, la jugada de Trump vía FMI en la política interna es un bálsamo temporal sobre el que el Gobierno busca edificar estabilidad para llegar entero a octubre.