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La otra campaña de los auto-proscriptos

Disconformes con la decisión oficial de hacer foco en la corrupción, sectores del Círculo Rojo se reúnen en ámbitos privados para hacer catarsis sobre la política y la economía. El miedo al escarnio.
Disconformes con la decisión oficial de hacer foco en la corrupción, sectores del Círculo Rojo se reúnen en ámbitos privados para hacer catarsis sobre la política y la economía. El miedo al escarnio.
Por 15/02/2019 11:46

“Una cosa es hacer política y otra, muy distinta, hacer política partidaria. Nosotros tenemos que hacer política, debemos hacer política, somos la UIA y a todos nos está yendo para el culo”, refunfuña con bronca uno de los vices de la Unión Industrial. En la central fabril hay una corriente interna, de dirigentes de peso, que supone que hay algunos de sus pares que quieren arrastrar a su titular, Miguel Acevedo, a una posición netamente opositora. Esta situación hizo que el núcleo “militante” de los industriales, cada vez más nutrido, haga catársis cerrada en un proceso de auto-proscripción generada por el temor a que el Gobierno lea el movimiento de la misma manera. Tienen algunas señales: ya llegó a oídos de la mesa chica de Avenida de Mayo que los laderos de Mauricio Macri les echan la culpa de los presuntos desbordes de la crítica al santafesino Guillermo Moretti, al salteño José Urtubey y al “Vasco” José Ignacio De Mendiguren.

 

Acevedo, de la UIA, dice que "hoy es imposible no criticar al Gobierno".

 

La lectura oficial, confirmada a Letra P por voceros de la Casa Rosada, también les llegó a los industriales de la propia boca del ministro de la Producción, Dante Sica. El funcionario atraviesa un momento complejo: ya hay grieta en torno a su figura y a sus decisiones, algo que no ocurría meses atrás. No cayó bien la baja de costos laborales para economías regionales, a la que consideraron “un evento multitudinario injustificado”, sólo salvado por comunicados bien educados y agradecidos de la CAME y la Cámara Argentina de Comercio (CAC).

 

 

A Sica lo quieren, lo aprecian, lo respetan, pero los enamoramientos turbulentos culminan, casi indefectiblemente, en tensiones. Muchos recuerdan aquella primera reunión con empresarios en la que fue categórico: “Yo no vine a ser ministro con estas tasas”, sacó pecho. El tiempo y las necesidades de la política le bajaron la expectativa a cero. Ganaron la pulseada el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el titular del Banco Central, Guido Sandleris, el garante de la emisión cero y la tasa en baja pero aún alta.

 

Sica, en el medio de una puja con Dujovne, pierde ascendencia en el Círculo Rojo. 

 

En la UIA preocupa, como en todo el Círculo Rojo, que el Gobierno haya elegido hacer campaña con un tema excluyente: la corrupción K y la agitación de Comodoro Py. Sobre todo, porque eso concentra ideas, recursos e interés en artificios que relegan el problema central que atraviesa la Argentina: la falta de inversiones que retrasa el crecimiento, según los empresarios.

En este contexto, los industriales iniciaron un plan de cenas con opositores, con otros empresarios y con sindicalistas, armados que van en paralelo a la mesa madre de los auto-proscriptos: la convocatoria itinerante que armó la Pastoral Social en 2018, que incluye a movimientos sociales, la CGT y referentes empresarios como el propio Acevedo. También es parte de esas reuniones Moretti y se sumó en diciembre Miguel Ángel Rodríguez, vicepresidente Pyme. “Van a sumarse más, pero ojo, que quede claro: a nosotros no nos une el amor sino el espanto”, cuenta un industrial.

Para entender de qué se habla cuando se menciona la rebeldía de los proscriptos, hay que considerar que, más que aspiraciones políticas, el dinero es el que manda. Un dato: casi todas las fábricas trabajan con la mitad de las máquinas apagadas. Para los que conocen el paño, eso preanuncia suspensiones, despidos y cierres de compañías. “Son niveles muy críticos”, sintetizan. Los más osados se entusiasman con aprovechar la contienda entre Macri y Paolo Rocca por los subsidios en Vaca Muerta para acercar a Techint a una posición más crítica. 

 

El FMI también hace política y juega con la oposición. Esta semana, en una de las reuniones con Kicillof. 

 

En la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), observan el movimiento en la UIA con algo de admiración. Ponen un ejemplo: “¿De qué le sirvió a Chediak militar a Macri y no hacer ninguna crítica?”, le preguntó retóricamente un alto dirigente de la entidad a Letra P.

Juan Chediak es uno de los constructores que más apoyó al Gobierno y que salió de la esfera pública cuando le pasó por encima la ola del escándalo de los Cuadernos K. Cuentan en la entidad que preside el abogado Julio Crivelli que varios de los dirigentes también cultivan el reunionismo secreto con opositores. Uno de ellos, Roberto Lavagna. “Lo ven viejito y sin muchas ganas”, contó alguien que estuvo con él y que garantiza que su candidatura es imposible por su negativa a ir a internas pero, sobre todo, por la negativa de su mujer, Inés.

En estos núcleos de conversación, la confesión más clara sigue siendo que la situación es muy mala, pero “votamos cualquier cosa menos Cristina”, aclaran. Un matiz: los maduros le cierran la puerta a la ex presidenta, pero no le quitan el oído a otros referentes del universo K. Señales muy tenues aún.

 

Madanes Quintanilla, de ALUAR, uno de los críticos en privado que se cuida en la discusión pública. 

 

“Fijate que hasta el FMI se reúne con todos, esto cambió”, reporta con certeza un vice de los ladrilleros. El de Christine Lagarde, al menos en el caso de Argentina, parece ser un Fondo con un perfil político distinto al del indio Anoop Singh. Un adiós a las visitas relámpago y una apertura llamativa a todo el arco político. Se notó en la gestualidad de una de las reuniones del italiano Roberto Cardarelli, la que se estimaba más dura y terminó amable: el encuentro con el ex ministro de Economía K Axel Kicillof. Todo, en una ronda que incluyó al salteño Juan Manuel Urtubey y que seguirá con Lavagna.

 

 

La tercera corriente silenciosa de alguien que respaldó a Cambiemos viene desde España, lugar de residencia habitual de uno de los popes de ALUAR, Javier Madanes Quintanilla. El empresario dice en privado lo que debe evitar en público: que el riesgo para las compañías es grande y que la suya no la pasa nada bien. El antecedente que más temor infunda es el de FATE, que debió despedir y tomar otras medidas de ajuste.

Todos los aglomeramientos antes enumerados tienen claras dos cosas: que hay muchos que, aún en queja, irían a la urna con la boleta de Cambiemos y que no es una decisión inteligente del Ejecutivo encarar una campaña de espaldas a la realidad, algo que puede forzar el escenario de conflicto de aquí a octubre.

La otra campaña de los auto-proscriptos

Disconformes con la decisión oficial de hacer foco en la corrupción, sectores del Círculo Rojo se reúnen en ámbitos privados para hacer catarsis sobre la política y la economía. El miedo al escarnio.

“Una cosa es hacer política y otra, muy distinta, hacer política partidaria. Nosotros tenemos que hacer política, debemos hacer política, somos la UIA y a todos nos está yendo para el culo”, refunfuña con bronca uno de los vices de la Unión Industrial. En la central fabril hay una corriente interna, de dirigentes de peso, que supone que hay algunos de sus pares que quieren arrastrar a su titular, Miguel Acevedo, a una posición netamente opositora. Esta situación hizo que el núcleo “militante” de los industriales, cada vez más nutrido, haga catársis cerrada en un proceso de auto-proscripción generada por el temor a que el Gobierno lea el movimiento de la misma manera. Tienen algunas señales: ya llegó a oídos de la mesa chica de Avenida de Mayo que los laderos de Mauricio Macri les echan la culpa de los presuntos desbordes de la crítica al santafesino Guillermo Moretti, al salteño José Urtubey y al “Vasco” José Ignacio De Mendiguren.

 

Acevedo, de la UIA, dice que "hoy es imposible no criticar al Gobierno".

 

La lectura oficial, confirmada a Letra P por voceros de la Casa Rosada, también les llegó a los industriales de la propia boca del ministro de la Producción, Dante Sica. El funcionario atraviesa un momento complejo: ya hay grieta en torno a su figura y a sus decisiones, algo que no ocurría meses atrás. No cayó bien la baja de costos laborales para economías regionales, a la que consideraron “un evento multitudinario injustificado”, sólo salvado por comunicados bien educados y agradecidos de la CAME y la Cámara Argentina de Comercio (CAC).

 

 

A Sica lo quieren, lo aprecian, lo respetan, pero los enamoramientos turbulentos culminan, casi indefectiblemente, en tensiones. Muchos recuerdan aquella primera reunión con empresarios en la que fue categórico: “Yo no vine a ser ministro con estas tasas”, sacó pecho. El tiempo y las necesidades de la política le bajaron la expectativa a cero. Ganaron la pulseada el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el titular del Banco Central, Guido Sandleris, el garante de la emisión cero y la tasa en baja pero aún alta.

 

Sica, en el medio de una puja con Dujovne, pierde ascendencia en el Círculo Rojo. 

 

En la UIA preocupa, como en todo el Círculo Rojo, que el Gobierno haya elegido hacer campaña con un tema excluyente: la corrupción K y la agitación de Comodoro Py. Sobre todo, porque eso concentra ideas, recursos e interés en artificios que relegan el problema central que atraviesa la Argentina: la falta de inversiones que retrasa el crecimiento, según los empresarios.

En este contexto, los industriales iniciaron un plan de cenas con opositores, con otros empresarios y con sindicalistas, armados que van en paralelo a la mesa madre de los auto-proscriptos: la convocatoria itinerante que armó la Pastoral Social en 2018, que incluye a movimientos sociales, la CGT y referentes empresarios como el propio Acevedo. También es parte de esas reuniones Moretti y se sumó en diciembre Miguel Ángel Rodríguez, vicepresidente Pyme. “Van a sumarse más, pero ojo, que quede claro: a nosotros no nos une el amor sino el espanto”, cuenta un industrial.

Para entender de qué se habla cuando se menciona la rebeldía de los proscriptos, hay que considerar que, más que aspiraciones políticas, el dinero es el que manda. Un dato: casi todas las fábricas trabajan con la mitad de las máquinas apagadas. Para los que conocen el paño, eso preanuncia suspensiones, despidos y cierres de compañías. “Son niveles muy críticos”, sintetizan. Los más osados se entusiasman con aprovechar la contienda entre Macri y Paolo Rocca por los subsidios en Vaca Muerta para acercar a Techint a una posición más crítica. 

 

El FMI también hace política y juega con la oposición. Esta semana, en una de las reuniones con Kicillof. 

 

En la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), observan el movimiento en la UIA con algo de admiración. Ponen un ejemplo: “¿De qué le sirvió a Chediak militar a Macri y no hacer ninguna crítica?”, le preguntó retóricamente un alto dirigente de la entidad a Letra P.

Juan Chediak es uno de los constructores que más apoyó al Gobierno y que salió de la esfera pública cuando le pasó por encima la ola del escándalo de los Cuadernos K. Cuentan en la entidad que preside el abogado Julio Crivelli que varios de los dirigentes también cultivan el reunionismo secreto con opositores. Uno de ellos, Roberto Lavagna. “Lo ven viejito y sin muchas ganas”, contó alguien que estuvo con él y que garantiza que su candidatura es imposible por su negativa a ir a internas pero, sobre todo, por la negativa de su mujer, Inés.

En estos núcleos de conversación, la confesión más clara sigue siendo que la situación es muy mala, pero “votamos cualquier cosa menos Cristina”, aclaran. Un matiz: los maduros le cierran la puerta a la ex presidenta, pero no le quitan el oído a otros referentes del universo K. Señales muy tenues aún.

 

Madanes Quintanilla, de ALUAR, uno de los críticos en privado que se cuida en la discusión pública. 

 

“Fijate que hasta el FMI se reúne con todos, esto cambió”, reporta con certeza un vice de los ladrilleros. El de Christine Lagarde, al menos en el caso de Argentina, parece ser un Fondo con un perfil político distinto al del indio Anoop Singh. Un adiós a las visitas relámpago y una apertura llamativa a todo el arco político. Se notó en la gestualidad de una de las reuniones del italiano Roberto Cardarelli, la que se estimaba más dura y terminó amable: el encuentro con el ex ministro de Economía K Axel Kicillof. Todo, en una ronda que incluyó al salteño Juan Manuel Urtubey y que seguirá con Lavagna.

 

 

La tercera corriente silenciosa de alguien que respaldó a Cambiemos viene desde España, lugar de residencia habitual de uno de los popes de ALUAR, Javier Madanes Quintanilla. El empresario dice en privado lo que debe evitar en público: que el riesgo para las compañías es grande y que la suya no la pasa nada bien. El antecedente que más temor infunda es el de FATE, que debió despedir y tomar otras medidas de ajuste.

Todos los aglomeramientos antes enumerados tienen claras dos cosas: que hay muchos que, aún en queja, irían a la urna con la boleta de Cambiemos y que no es una decisión inteligente del Ejecutivo encarar una campaña de espaldas a la realidad, algo que puede forzar el escenario de conflicto de aquí a octubre.