04|8|2022

Luche y vuelve: De Souza tiene un plan

16 de marzo de 2018

16 de marzo de 2018

Desde su cautiverio en Marcos Paz, se quejaba del fracaso de Rosner y sueña con retomar el control de Indalo. El retiro de Cristóbal, la salida de Abad y la vendetta a Tinelli.

La pluma de Alejandro Dumas delineó una historia simbólica, de redención, uno de los clásicos más grandes de la literatura global. El marino Edmundo Dantés arribó a Marsella en el año 1815 con intención de contraer matrimonio con Mercedes, una mujer casi tan joven como él. Pero una serie de acontecimientos lo llevan a ser puesto en prisión, sospechado de ser un agente bonapartista. Permaneció 14 años detenido en el castillo de la Isla de IF, donde tomó contacto con un religioso que lo guió en su confusión, le acercó algunas certezas sobre la traición sufrida y lo preparó para salir en libertad. Le legó un tesoro oculto en una isla. El nudo de la historia del Conde de Montecristo es la venganza que el personaje consigue una vez liberado, reforzando sus posibilidades con el hallazgo de esa fortuna del abad, en la isla de Marsella.

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De Souza celebró la salida de Abad de la AFIP, y ponderó a Cuccioli. 

 

 

Para los pocos que lo visitaban en Marcos Paz, Fabián De Souza, socio de Cristóbal López en el Grupo Indalo, es una especie de Conde de Montecristo. Así lo describen por sus ideas constantes sobre el futuro fuera de prisión; por sus ansias de dar pelea contra los que entiende que lo estafaron y ayudaron a hundir aún más el grupo. No es un héroe ni mucho menos: en diciembre de 2017, por orden del juez Julián Ercolini, fue detenido en su departamento de Puerto Madero acusado de evadir, junto a López, 8.000 millones de pesos por el Impuesto a la Transferencia de Combustibles, por medio de la empresa Oil. Pero el hombre en cuestión sí ocupa su cabeza buena parte del día pensando en cómo retomar el manejo de C5N y las radios (10, POP, Mega) cuando salga en libertad. Sus letrados suponían que un tiempo después que López, De Souza vería el sol, pero será, según se supo este viernes, al mismo tiempo. En este escenario, se abrirá una Caja de Pandora en un grupo de medios de envergadura, que hoy está virtualmente quebrado en lo económico y que ha decidido suavizar la línea política en los horarios mainstream y los noticieros, y pegarle duro al gobierno de Cambiemos en los ciclos netamente periodísticos y de investigación.

 

En prisión, De Souza era visitado por familiares y por un fiel secretario que lo acompaña desde siempre. Es la única persona extra familia con la que se contactaba a diario. El empresario sigue siendo un obsesivo e hiperactivo a nivel laboral, incluso imposibilitado de ejercer en un grupo que se duda si le pertenece o no. Como el personaje de Dantés, se propuso varios objetivos: el primero, volver a tomar el control de su mayor vicio profesional, la maraña de medios de comunicación que dejó en manos del Grupo OP Investments, el presunto comprador del holding Indalo. Puede sonar mesiánico, pero De Souza vive el día a día de la actividad como si ejerciera efectivamente. Cuentan que se queja duramente de lo que considera desmanejos del CEO de OP, el financista Ignacio Rosner. Explica que, en lo que va de su gestión, casi un año, no logró ningún resultado. Para los que lo conocen, esta afirmación genera dudas: muchos afirman que Rosner es De Souza; otros, en cambio, que el que lo eligió fue Cristóbal.

 

 

La relación de Tinelli con De Souza es aún peor que la que mantiene con Cambiemos. 

 

 

La segunda parte del plan retorno de De Souza es la idea de resolver los problemas que se generaron en la empresa con Marcelo Tinelli. El patagónico refunfuña seguido contra el conductor de Showmatch porque cree que nunca colaboró en el conflicto económico de Indalo. Entre ellos hay diferencias históricas: Tinelli siempre intentó tener a Cristóbal como interlocutor, relegando a De Souza a un segundo lugar. Las cosas entre ambos no terminaron de la mejor manera. Mantiene peor relación con el conductor que con el Gobierno, algo que él mismo reconoce.

 

Un último punto del plan De Souza, ese sueño de reinsertarse que parece imposible, es el cambio de situación que ve en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Celebró hace unos días la salida de Alberto Abad del Gobierno y elogió el ingreso de Leandro Cuccioli, un hombre del jefe de Gabinete, Marcos Peña. Para los que hablan con De Souza, este punto en particular refuerza la idea de que Rosner en la continuidad, el trabajo fino, del achicamiento del holding de López y De Souza. Sobre todo después de conocerse el dato de las reuniones secretas de Cuccioli y Rosner, que ya habían coincidido en el directorio de la empresa rural El Tejar. La teoría De Souza es que sólo Abad era el que trababa el saneamiento de Indalo, con su premisa -lógica para un recaudador- de cobrar la deuda millonaria que los detenidos mantenían con el fisco. 

 

 

López avisó que se retira al sur. Espera salir para recluirse y alejarse del negocio. 

 

 

Naturalmente, toda esta epopeya no podría ni pensarse sin un elemento: el aviso del retiro de Cristóbal a su terruño patagónico, algo que ya les avisó a propios y ajenos y que espera concretar cuando le abran las puertas del penal de Ezeiza. No quiere saber nada con seguir vinculado a las compañías y busca recluirse ante lo que considera un Gobierno que está dispuesto a ir hasta el final con las causas judiciales en su contra. Existe otro escollo no menor, pero que viene mutando día a día: la intención de Rosner de cederle los medios al tándem Vila-Manzano-Belocopitt. Hasta ahora, la operación venía viento en popa, pero en los últimos días se generó ruido por la intromisión de un jugador de peso, deseoso de afectar un desenlace positivo. De Souza fue advertido de los pasos de un gigante y sigue de cerca el asunto.

 

Esta posición de De Souza, activado, puso en alerta a muchos sectores. Entusiasmó, en primer lugar, a varios cuadros de la mesa chica de La Cámpora, el núcleo duro K que no tiene el lugar que ostentaba en los medios de Indalo. También impactó en Rosner y su entorno. El financista y sus socios se reunieron hace unos días a discutir qué pasaría si liberaran a López y a De Souza. Entre alguna sobreactuación, concluyeron casi en partes iguales que podría ser positivo para que finalmente se active el traspaso de acciones siempre y cuando Ercolini levante las inhibiciones de bienes. Y en la otra esquina se preocuparon por el efecto “afuera”, casi dándole algo de certeza al entusiasmo de De Souza de recuperar lo perdido.

 

 

 

La mayor duda que se plantea en este contexto es qué hará el Gobierno si De Souza sale y decide volver. “Nada, quedará en manos de la Justicia”, graficaron en la Rosada ante la consulta de Letra P. Es la posición pública. La realidad es algo distinta: el éxito del plan retorno del empresario está casi exclusivamente en manos de la mesa chica de Balcarce 50. Desde el cautiverio, De Souza contaba que no hay encono con el macrismo y que todo es solucionable con el afuera. Una historia bizarra, con ribetes reales y expectativas tan grandes como las del personaje de ficción que ideó, en el año 1800, la pluma de Dumas.