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Miguel, Ángel de la soledad

Socio VIP de Macri en el ajuste, detonó su liderazgo parlamentario, los gobernadores quieren desaforarlo y el deshielo massista-kirchnerista lo deja en offside. Magistratura y Corte: retiro premium.
Por 17/11/2018 13:43

Llega a un punto en el que ayuda más a Mauricio Macri de lo que se ayuda a sí mismo. Miguel Ángel Pichetto, la llave de las leyes más difíciles para el Presidente, defendió mejor que los senadores de Cambiemos el Presupuesto de un ajuste que el propio oficialismo reconoce como descomunal. Lo hizo con la lógica de la gobernabilidad que lo guió cuando era parte del Gobierno y con el argumento de que peor sería que la Casa Rosada definiera todo. Pero lo hizo, además, en detrimento de su propio rol como representante de los gobernadores ante Macri. Dispuesto a inmolarse por un rumbo que no decidió, así parece.

Pichetto pagó por el Presupuesto del Fondo un costo mayor al que asumió el propio Macri. Perdió dos senadores, José Alperovich y Beatriz Mirkin, que atribuyó a la disputa chica de los tucumanos y quedó debilitado por las críticas de un bloque que se tensiona al calor del déficit cero. Sólo 12 de los 24 miembros que tenía su bancada antes de arrancar el debate decidieron acompañarlo con la mano alzada. En el medio, enfrentó a los gritos la pelea con los gobernadores del PJ que reclamaban el Fondo Sojero y vio cómo se le animaban los leales de ayer como el formoseño José Mayans.

Pichetto pagó por el Presupuesto del Fondo un costo mayor al que asumió el propio Macri.

Mientras el rionegrino despotricaba contra los miembros de su espacio que se ponían el “traje cubano” de la revolución para no aprobar el Presupuesto acordado con el Fondo, el senador formoseño devaluaba a Pichetto al rol de simple “operador” de Rogelio Frigerio.  La tensión es evidente y puede incluso derivar en una herida más profunda en el liderazgo del PJ en el Senado, con nuevas escisiones de los representantes de Gildo Insfrán y Carlos Verna, ya autónomo desde el punto de vista nominal, con el espacio PJ La Pampa.

El comportamiento del rionegrino que lleva 18 años en el Senado y más de un cuarto de siglo en el Congreso genera reacciones antagónicas. Recibe múltiples elogios en la Casa Rosada. “Nosotros lo respetamos y valoramos muchísimo. Fue el constructor de gobernabilidad estos tres años. Puso arriba de la mesa la institucionalidad por encima de las diferencias y los partidos. Y encontró dos socios fundamentales como Frigerio y (Emilio) Monzó”, afirman.


 

 

En la oposición y entre los gobernadores, en cambio, cada vez son menos los que lo entienden. “Miguel aparece en estas discusiones mucho más cerca del Gobierno que de los compañeros. Eso es lo que no puede hacer”, le dijo a Letra P uno de sus habituales interlocutores.

Sin embargo, Pichetto no se altera ni se muestra preocupado. Considera que su bancada permanecerá unida hasta las elecciones de 2019 y habla de las acusaciones públicas que recibe como si se tratara apenas de una puesta en escena. Gobernabilidad, responsabilidad, institucionalidad, todo un diccionario que justifica el apoyo al peor Macri en pleno ajuste, otra vez en una “tarea ingrata”, como la que fue hace un año -según dijo- aprobar la reforma previsional.

 

 

 

DE EMBAJADOR A OPERADOR. El debate por el ajuste comprometido con Christine Lagarde enfrentó a Pichetto como nunca con los gobernadores que le otorgan su rol de interlocutor privilegiado con la Casa Rosada. La crisis económica, el espanto que genera Macri en el peronismo y el rol de Cristina Kirchner como referencia ineludible para la oposición provocan una pulseada que hubiera resultado inverosímil a principios de año. Terminó en una reunión a los gritos en la que Pichetto advirtió que, si se resucitaba el Fondo Sojero, el país iba a “volar por los aires” y el dólar iba a volver a 40 pesos en cuestión de horas. Por eso, la acusación de Mayans, que lo llamó operador de Frigerio, puede ser más que una chicana y señalar la devaluación de un rol que cada vez es más difícil de asumir, con las diferencias que crecen entre gobierno y oposición, y con la campaña electoral a la vuelta de la esquina.

“Él vendía su título de embajador de los gobernadores ante la Rosada y lo acaba de perder”, advierte un senador que tiene un pie afuera del bloque de Pichetto.

Los mandatarios provinciales no ahorran críticas, ni en público ni en privado. “Él vendía su título de embajador de los gobernadores ante la Rosada y lo acaba de perder”, le dijo a Letra P uno de los senadores que duda entre seguir con Pichetto o salir de su espacio. “Alperovich se fue por su interna con Manzur, Verna ya tiene su propio bloque y Gildo es un amigo, no se va a ir”, suele argumentar, en cambio, Pichetto.

En Balcarce 50, la contradicción es elocuente. Por un lado, valoran la gestión para aprobar las leyes fundamentales y la tarea ingrata que asume el opositor responsable. Por el otro, advierten que deben redoblar esfuerzos, en charlas con gobernadores y senadores, si quieren estar tranquilos. Pichetto demuestra la mejor voluntad y aporta votos clave, pero ya no es decisivo ni alcanza por sí solo para definir una votación.

Los peronistas que critican al jefe del bloque del PJ miran lo que pasa en el Congreso, pero también lo que registran las encuestas en sus provincias y las perspectivas de 2019. Pasan los meses, Macri no se recupera, el peronismo del medio no genera músculo y el Instituto Patria ahora recibe a los que ayer se fueron horrorizados. En palabras de un gobernador que acompañó hasta hace poco sin reparos: “ya llegamos a la puerta del cementerio”.

 

 

¿TODO SE PUEDE HABLAR? Pichetto sigue trabajando para una PASO por fuera el espacio cristinista, con Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti, Sergio Massa y las promesas distantes de Roberto Lavagna y Marcelo Tinelli. Recoge gran parte de la agenda que Macri abandonó, como la de no aumentar impuestos, que retomó con los cambios en Bienes Personales o en el ajuste por inflación, que la Casa Rosada postergó. “No hacemos ajuste por inflación y, ¿saben quién paga? Las empresas, porque sus activos siguen devaluados y cobramos y recaudamos”, dijo en su discurso, en la madrugada del jueves.

Pero, además, agita algunas consignas que insinúan una versión peronista de Bolsonaro, con dardos sobre los inmigrantes y guiños al rol de las Fuerzas Armadas. Al lado del senador, afirman que nada es improvisado y que hay equipos trabajando en todos los temas que se tocan en público.

“Si Cristina se baja de la candidatura, todo se puede hablar”, responde Pichetto cuando lo apuran con la unidad del peronsimo.

A Pichetto, todos le reclaman la unidad con Cristina. Lo hizo el presidente de la mesa política del PJ Rubén Marín, como él mismo lo dijo en una entrevista con Letra P. Lo hizo también, hace algunas semanas, un grupo de sindicalistas entre los que se destacaba Oscar Mangone, el jefe del estratégico gremio del Gas, de especial llegada al Vaticano y al papa Francisco, otro interesado en la convergencia más amplia. Y lo hizo también un grupo de intendentes, hace dos semanas, según publicó Pablo Ibañez en Clarín.

A todos, Pichetto les responde lo mismo: “Si Cristina se baja de la candidatura, todo se puede hablar”. En privado, el senador deja trascender un argumento que puede sonar contradictorio con su actuación a puro contraste con la ex presidenta, a la que ubica afuera del PJ. Afirma que, en realidad, el que boicotea la unidad es el cristinismo visceral que rodea a la Señora y la empuja a competir otra vez por el premio mayor, con la mezquina intención de garantizar su propio espacio.

En el peronismo de los cuatro o cinco, Urtubey es el más reacio a cualquier entendimiento con el kirchnerismo y hasta para Pichetto se mueve como un quintacolumna del macrismo en el PJ. Schiaretti va camino a defender su única prioridad, la reelección en Córdoba. Juan Manzur y Héctor Daer ya mostraron que quieren la unidad. Massa y Diego Bossio aparecen en la misma línea, por ahora en privado y con algunos pronunciamientos públicos como el del ex intendente de Tigre, que dice estar dispuesto a un renunciamiento en función de ganarle a Macri. Falta el cómo de esa convergencia.

Sin embargo, más que lo que digan, en público o en privado, importa lo que hagan, según explican en el peronismo. La definición de los lugares que ocuparán en el Consejo de la Magistratura los senadores y diputados de la oposición aporta muchos elementos para leer la interna.

 

 

UN AÑO DE GRACIA. En la Cámara de Diputados, se pudo advertir la nítida confluencia del massismo y el kirchnerismo para ocupar dos cargos en el Consejo de la Magistratura. Ver a Graciela Camaño y Eduardo De Pedro hermanados detrás de un objetivo común es otra de las postales que regala el tercer año de Macri, a puro ajuste y sacrificio para el peronismo. Puede ser una señal hacia 2019 o no, pero ya es mucho para sectores que hasta hace poco parecían el agua y el aceite.

Graciela Camaño y Eduardo De Pedro hermanados detrás de un objetivo común es otra de las postales que regala el tercer año de Macri.

En el Senado, sucedió otra cosa. Sobre el filo de su mandato, Pichetto cumplió con un viejo anhelo: retornar al Consejo del que se había ido obligado por Néstor Kirchner, en un tiempo en el que naufragaba la ola reeleccionista. Es una designación que tiene fecha de vencimiento y todo indica que va a durar apenas un año. Si no renovara su banca en 2019, algo que hoy asoma casi imposible, el senador debería dejarle su lugar el año próximo a Mario Pais, de Chubut. Después de ese lapso, en función de la correlación de fuerzas dentro del peronismo y del resultado de las presidenciales, se verá hacia dónde se desplaza el actor fundamental del PJ para la gobernabilidad del macrismo.

Su designación en el Consejo de la Magistratura muestra dos cosas: la primera, que, aún en su momento de mayor debilidad, tiene un respaldo de sus pares -incluidos Alperovich y Mirkin- muy superior al de un Rodolfo Urtubey, que sólo trabajaba para sí mismo y quizás para su hermano. La segunda, que, si se agotase su tiempo en la política y el peronismo fuese hacia la unidad detrás de CFK, Pichetto podría ocupar un lugar en la justicia.

El senador no desiste del objetivo de obtener un asiento entre los ministros de la Corte Suprema.

En la Casa Rosada, saben que al senador hay que compensarlo, pero todavía falta. Pichetto repite que no habla con Macri y suele cruzar con fuerza a Marcos Peña y a Jaime Durán Barba, al que respeta y elogia. Sin embargo, se entiende de memoria con el ala política de Frigerio y Monzó. Si el costo de inmolarse en el ajuste es la soledad y el aislamiento dentro del peronismo, tal vez alguien en el Gobierno le reconozca sus méritos.

Nadie lo admite públicamente, pero el senador no desiste del objetivo de obtener un asiento entre los ministros de la Corte Suprema. Sería la forma de trazar un sendero similar al que hicieron, con inmejorables resultados, otros políticos del peronismo, como Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti, que hoy son decisivos en el máximo tribunal. Más difícil sería que asumiera un rol en el esquema del Gobierno, en nombre del PJ, como hicieron el actual embajador en Perú Jorge Yoma y el designado miembro de la CONEAU Juan Manuel Abal Medina, los dos, gracias a los oficios del señor gobernabilidad.