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La minoría automática

Versión small de la mayoría menemista, Rosenkrantz y Highton no garantizan el blindaje para Macri y el ajuste. Los fallos envenenados que vienen y la frustración de lorenzetti en Olivos.
Por 08/11/2018 11:51

Pareció un almuerzo con sabor a poco. Sin embargo, la cumbre en la Casa Rosada que reunió a Mauricio Macri con los dos supremos alineados con los deseos del Gobierno asoma como postal de época. Más que la presencia de Marcos Peña y Germán Garavano como escoltas del Presidente en la misma mesa que Carlos Rosenkrantz y Elena Highton de Nolasco, pesaron las ausencias de los tres ministros que declinaron la invitación por considerarla inoportuna y, tal vez, impertinente.

Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda están unidos por el espanto ante una administración que desconoce la lógica de la Corte y busca forzar un giro a favor de las empresas en detrimento de los derechos laborales.

Lorenzetti, Rosatti y Maqueda están unidos por el espanto.

El fracaso de la convocatoria más amplia y la presencia de la pareja oficialista no sólo fue juzgado de manera negativa por sectores aliados al Gobierno. Además, refleja el surgimiento de autoridades de la Corte que se muestran identificadas con Macri pero sin el aval de la mayoría de origen peronista que se une por arte de Maqueda, pese al choque de fondo que libraron Lorenzetti y Rosatti durante más de dos años.

Virgen en el universo de la política, el ex rector de la Universidad de San Andrés, jurista de prestigio internacional, abogado corporativo y esperanza de las grandes empresas para un cambio en la jurisprudencia corre ahora un riesgo elocuente de entrar en la historia de mala manera: como líder de una “minoría automática”, que se pronuncie en vano a favor de la Casa Rosada. Con indudable superioridad a la hora de los pergaminos, si se la compara con la mayoría automática del menemismo, pero con una letal impotencia.

 

Dos de cinco. Macri no pudo sentar a toda la Corte en la Rosada. Rosenkrantz, tampoco.

 

LAS VUELTAS DE LA HISTORIA. Por su alineamiento con Carlos Menem, el riojano Julio Nazareno formó junto Adolfo Vázquez, Eduardo Moliné O'Connor, Guillermo López y Antonio Boggiano la “mayoría automática” de los años noventa. En 2002, absolvieron a Franco y Mauricio Macri en la causa en la que se investigaban irregularidades en las exportaciones de Sevel. Por ese caso y otros cuatro, en el amanecer del kirchnerismo, la Cámara de Diputados inició el juicio político contra los cinco por “obstruir el debido proceso legal” de la causa y por cometer “un grave perjuicio contra el Estado al dejar de percibir los debidos tributos aduaneros”. Entre los diputados, estaba sentado entonces Macri hijo. Quedaron en la historia.

Hoy, la escena parece ser otra. Lorenzetti cayó, según dice, víctima de una conspiración y fue reemplazado por un poder frágil y prematuro que no junta palo y no logra imponer su criterio. Lo más sorprendente de la caída del rafaelino no fue el voto contrario de Rosatti, sino la voltereta de Highton, alineada de repente con las pretensiones de Rosenkrantz, es decir, con las de Balcarce 50.

Los comensales que recibió Macri acaban de quedar en minoría en el fallo que anuló un decreto presidencial y benefició a La Pampa. La escena puede reeditarse, como prueba amarga, en poco tiempo, cuando lleguen los fallos bisagra por jubilados y el 2x1. Como antes Lorenzetti, Rosenkrantz se beneficia del alineamiento recurrente de Highton con el presidente del máximo tribunal. Con una diferencia elocuente: el rafaelino gobernaba con una mezcla de cintura política y mano de hierro que está ausente en el ex abogado de McDonald's.

 

 

PAN COMIDO. La convocatoria de Macri a la Corte fue un fracaso en dos tiempos. Por un lado, para el Presidente, que debió retirar tres platos de la mesa y quedó con un poder menguado. Por otro, para el propio Rosenkrantz, que intentó sin éxito conducir a todos los supremos hacia la mesa oficial. “El presidente Macri nos invita a un almuerzo en Olivos. Me gustaría que fuéramos todos”, dijo el ex rector en una de las últimas reuniones de acuerdo, hace tres semanas. El eco tibio de sus palabras quedó escenificado este martes en Balcarce 50. Para Lorenzetti, su más envenenado detractor, era “una locura” llevar la Corte entera a una cita con el Presidente, algo que -considera- no tiene antecedentes.

La convocatoria de Macri a la Corte fue un fracaso en dos tiempos. Para el Presidente, que debió retirar tres platos de la mesa, y para Rosenkrantz, que intentó sin éxito conducir a todos los supremos hacia la mesa oficial.

El fallo Blanco, que atiende el reclamo de jubilado Lucio Orlando Blanco y podría beneficiar a 150 mil pasivos con una actualización de haberes, ya pasó por todas las vocalías de la Corte y está frenado en la del obstinado Rosenkrantz. Cuenta con los votos a favor de Lorenzetti, Rosatti y Maqueda y, todo indica, será rechazado por la minoría automática. Puertas adentro del Palacio, afirman que Rosenkrantz ya pregona en contra del fallo con un argumento que no parece de juez sino de parte: “Los efectos sobre la macroeconomía” que provocaría un pronunciamiento a contramano del déficit cero.

Debería tener fecha para ser resuelto antes de fin de año, más aún si se tiene en cuenta que sólo quedan siete reuniones de acuerdo antes de que expire 2018. Se verá si los llamados de Garavano, José Torello y Fabian Pepin Rodriguez Simón -que no resultaron para el almuerzo- generan el resultado esperado en el caso Blanco. La “Corte vieja”, antes de la llegada de Rosenkrantz y Rosatti, ya se había expresado a favor en un caso similar. Habrá que ver si la nueva Highton ratifica lo que votó en tiempos de lealtad a Lorenzetti.


El fallo de La Pampa, que se conoció el mismo día del almuerzo, volvió a mostrar a los tres peronistas de un lado y a Highton del otro, mientras que Rosenkrantz se excusó. El otro expediente de indudable repercusión será el de 2x1 para los represores de la última dictadura militar. Después de que en 2016, Rosenkrantz, Highton y Rosatti provocaran un estruendo y una manifestación multitudinaria contra el beneficio para el agente civil Luis Muiña, la ley que votó el Congreso generó en el ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner un cambio de criterio. Con pretensiones de ser el sucesor de Rosenkrantz, Rosatti ya dejó trascender que está vez votará en contra junto con Lorenzetti y Maqueda. Queda por ver el criterio de la mujer suprema que viene demorando la determinación con ausencias y mañas. En el caso de Bignone, envió su voto un viernes, y faltó lunes y martes, el día de la votación.

Lorenzetti tenía razones para faltar a la mesa que se tendió en la Casa Rosada. Ya había tenido su propia comida con Macri, el 16 de octubre pasado, en la residencia de Olivos, lejos de la escena que imaginó el rafaelino.

Al juez que presidió la Corte durante 11 años lo llamó Anita, la secretaria del Presidente, para invitarlo a cenar a con su esposa, Mara Perren. Lo que parecía ser una despedida, a manera de balance después de un ciclo largo, fue una comida con protagonistas estelares sin vínculo aparente entre sí: el radical Enrique “Coti” Nosiglia junto a su esposa, el dueño de la multinacional Arcor Luis Pagani acompañado de la suya, el empresario Gerardo Werthein y Fernán Saguier junto a su pareja, Pamela Marcuzzi.

Como reveló El Intransigente, el subdirector de La Nación ya había compartido una cena con el Presidente unas semanas en la casa de Bebe Contepomi, junto a la familia de TN. En línea con lo que Gustavo Vera le dijo a Letra P en julio pasado aunque con menos estridencia, Lorenzetti sostiene en privado que Julio Saguier, presidente del directorio de La Nación, tiene más que una relación de respeto con Macri y que interviene en temas de justicia. En la Casa Rosada, dicen que es “un disparate” y sólo admiten que Juliana Awada y la esposa de Fernán son amigas. Como sea, el archienemigo de Elisa Carrió ya había probado el menú del hijo de Franco y no le había gustado.

 

¿Lo tenían al Bebe? El conductor de La Viola reunió en su casa a Macri con Saguier y la familia de TN.

 

EL CASO HIGHTON. Aunque guarda un perfil de lo más bajo, Elena Highton es un caso aparte. Si se mirá el poder que acumuló, puede decirse que sabe moverse como pez en el agua entre los hombres de la Corte y la Casa Rosada. La vicepresidenta del máximo tribunal estuvo alineada sin fisuras con Lorenzetti durante su larga estadía como jefe supremo.

En diciembre de 2015, sin prever lo que vendría después, el rafaelino premió a la hija de Highton, Elenita Nolasco, con un nombramiento llamativo: la designó secretaria judicial de Relaciones de Consumo de la Corte con rango de camarista. Lo hizo con el aval de Maqueda y Carlos Fayt, aunque el acuerdo era suyo.

Según publicó Andrés Fidanza en el diario Perfil, la hija de la jueza había sido secretaria letrada de la vocalía de Lorenzetti durante diez años y pasó a ocupar una oficina que estaba al lado del entonces presidente. Como su mamá, Elenita le debía a Lorenzetti gran parte de su buena suerte.

En mayo de 2016, el abogado Patricio Kingston presentó una denuncia penal contra los tres jueces por violar el decreto ley 1285/58, que prohíbe nombrar parientes directos como secretarios o prosecretarios. Por fortuna, el 7 de enero pasado, el juez Claudio Bonadio cerró la causa, amparado en un vacío legal y en el criterio del fiscal Carlos Rívolo. Son historias de una familia privilegiada que hoy se enfrenta por el poder, dominada por la incertidumbre y el sálvese quien pueda.

 

 

Con los nuevos miembros de la Corte que designó Macri, se forjó un nuevo equilibrio de poder. La negativa de Highton a jubilarse a los 75 años y la vista gorda del Gobierno, que no apeló, dejaron a la jueza cautiva de la lealtad a la Casa Rosada.

Rápido, Highton comenzó a encolumnarse detrás de Rosenkrantz, el preferido de Torello y Rodríguez Simón, el ex abogado de Clarín.

Pese a que los fallos que toman trascendencia mediática son contados, en la Corte se firman alrededor de 200 por semana que se publican en la web de la Corte, pero no en el Centro de Información Judicial. Allí, se pueden ver, según afirman los críticos de Highton, el alineamiento vigoroso de la jueza con Rosenkrantz, en especial en los temas que tienen que ver con lo comercial y las empresas.

La llegada de Cambiemos al poder activó un giro en la doctrina de la Corte y Lorenzetti comenzó a fallar, en más de una oportunidad, junto con Rosenkrantz y Highton en beneficio de los empleadores y en contra de los trabajadores. No le alcanzó, claro, y ahora el rafaelino resulta un dardo envenenado para Macri.

Los comensales del Presidente en la Casa Rosada siguen votando juntos en minoría. Sucedió, por ejemplo, en setiembre de 2017, en un fallo laboral donde se discutía una diferencia salarial a favor de un empleado de Nestlé -se expresaron en contra- y en uno en el que la provincia de Mendoza se enfrentaba a la AFIP, en octubre del mismo año, donde la pareja oficialista se pronunció en línea con el reclamo del organismo que hoy dirige Leandro Cuccioli.

A mediados de octubre, de manera también llamativa, el nuevo presidente de la Corte delegó una de sus facultades en Highton de Nolasco, el codiciado otorgamiento de las licencias, subrogancias y vacaciones a jueces, funcionarios y empleados judiciales. Es una función que también ejerce Elenita, según se encargan de ventilar los rivales internos de la pareja. Se acerca el verano y se verá si el cuello de botella de los magistrados que quieren hacer uso de los beneficios que les otorga la ley.

La minoría automática

Versión small de la mayoría menemista, Rosenkrantz y Highton no garantizan el blindaje para Macri y el ajuste. Los fallos envenenados que vienen y la frustración de lorenzetti en Olivos.

Pareció un almuerzo con sabor a poco. Sin embargo, la cumbre en la Casa Rosada que reunió a Mauricio Macri con los dos supremos alineados con los deseos del Gobierno asoma como postal de época. Más que la presencia de Marcos Peña y Germán Garavano como escoltas del Presidente en la misma mesa que Carlos Rosenkrantz y Elena Highton de Nolasco, pesaron las ausencias de los tres ministros que declinaron la invitación por considerarla inoportuna y, tal vez, impertinente.

Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda están unidos por el espanto ante una administración que desconoce la lógica de la Corte y busca forzar un giro a favor de las empresas en detrimento de los derechos laborales.

Lorenzetti, Rosatti y Maqueda están unidos por el espanto.

El fracaso de la convocatoria más amplia y la presencia de la pareja oficialista no sólo fue juzgado de manera negativa por sectores aliados al Gobierno. Además, refleja el surgimiento de autoridades de la Corte que se muestran identificadas con Macri pero sin el aval de la mayoría de origen peronista que se une por arte de Maqueda, pese al choque de fondo que libraron Lorenzetti y Rosatti durante más de dos años.

Virgen en el universo de la política, el ex rector de la Universidad de San Andrés, jurista de prestigio internacional, abogado corporativo y esperanza de las grandes empresas para un cambio en la jurisprudencia corre ahora un riesgo elocuente de entrar en la historia de mala manera: como líder de una “minoría automática”, que se pronuncie en vano a favor de la Casa Rosada. Con indudable superioridad a la hora de los pergaminos, si se la compara con la mayoría automática del menemismo, pero con una letal impotencia.

 

Dos de cinco. Macri no pudo sentar a toda la Corte en la Rosada. Rosenkrantz, tampoco.

 

LAS VUELTAS DE LA HISTORIA. Por su alineamiento con Carlos Menem, el riojano Julio Nazareno formó junto Adolfo Vázquez, Eduardo Moliné O'Connor, Guillermo López y Antonio Boggiano la “mayoría automática” de los años noventa. En 2002, absolvieron a Franco y Mauricio Macri en la causa en la que se investigaban irregularidades en las exportaciones de Sevel. Por ese caso y otros cuatro, en el amanecer del kirchnerismo, la Cámara de Diputados inició el juicio político contra los cinco por “obstruir el debido proceso legal” de la causa y por cometer “un grave perjuicio contra el Estado al dejar de percibir los debidos tributos aduaneros”. Entre los diputados, estaba sentado entonces Macri hijo. Quedaron en la historia.

Hoy, la escena parece ser otra. Lorenzetti cayó, según dice, víctima de una conspiración y fue reemplazado por un poder frágil y prematuro que no junta palo y no logra imponer su criterio. Lo más sorprendente de la caída del rafaelino no fue el voto contrario de Rosatti, sino la voltereta de Highton, alineada de repente con las pretensiones de Rosenkrantz, es decir, con las de Balcarce 50.

Los comensales que recibió Macri acaban de quedar en minoría en el fallo que anuló un decreto presidencial y benefició a La Pampa. La escena puede reeditarse, como prueba amarga, en poco tiempo, cuando lleguen los fallos bisagra por jubilados y el 2x1. Como antes Lorenzetti, Rosenkrantz se beneficia del alineamiento recurrente de Highton con el presidente del máximo tribunal. Con una diferencia elocuente: el rafaelino gobernaba con una mezcla de cintura política y mano de hierro que está ausente en el ex abogado de McDonald's.

 

 

PAN COMIDO. La convocatoria de Macri a la Corte fue un fracaso en dos tiempos. Por un lado, para el Presidente, que debió retirar tres platos de la mesa y quedó con un poder menguado. Por otro, para el propio Rosenkrantz, que intentó sin éxito conducir a todos los supremos hacia la mesa oficial. “El presidente Macri nos invita a un almuerzo en Olivos. Me gustaría que fuéramos todos”, dijo el ex rector en una de las últimas reuniones de acuerdo, hace tres semanas. El eco tibio de sus palabras quedó escenificado este martes en Balcarce 50. Para Lorenzetti, su más envenenado detractor, era “una locura” llevar la Corte entera a una cita con el Presidente, algo que -considera- no tiene antecedentes.

La convocatoria de Macri a la Corte fue un fracaso en dos tiempos. Para el Presidente, que debió retirar tres platos de la mesa, y para Rosenkrantz, que intentó sin éxito conducir a todos los supremos hacia la mesa oficial.

El fallo Blanco, que atiende el reclamo de jubilado Lucio Orlando Blanco y podría beneficiar a 150 mil pasivos con una actualización de haberes, ya pasó por todas las vocalías de la Corte y está frenado en la del obstinado Rosenkrantz. Cuenta con los votos a favor de Lorenzetti, Rosatti y Maqueda y, todo indica, será rechazado por la minoría automática. Puertas adentro del Palacio, afirman que Rosenkrantz ya pregona en contra del fallo con un argumento que no parece de juez sino de parte: “Los efectos sobre la macroeconomía” que provocaría un pronunciamiento a contramano del déficit cero.

Debería tener fecha para ser resuelto antes de fin de año, más aún si se tiene en cuenta que sólo quedan siete reuniones de acuerdo antes de que expire 2018. Se verá si los llamados de Garavano, José Torello y Fabian Pepin Rodriguez Simón -que no resultaron para el almuerzo- generan el resultado esperado en el caso Blanco. La “Corte vieja”, antes de la llegada de Rosenkrantz y Rosatti, ya se había expresado a favor en un caso similar. Habrá que ver si la nueva Highton ratifica lo que votó en tiempos de lealtad a Lorenzetti.


El fallo de La Pampa, que se conoció el mismo día del almuerzo, volvió a mostrar a los tres peronistas de un lado y a Highton del otro, mientras que Rosenkrantz se excusó. El otro expediente de indudable repercusión será el de 2x1 para los represores de la última dictadura militar. Después de que en 2016, Rosenkrantz, Highton y Rosatti provocaran un estruendo y una manifestación multitudinaria contra el beneficio para el agente civil Luis Muiña, la ley que votó el Congreso generó en el ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner un cambio de criterio. Con pretensiones de ser el sucesor de Rosenkrantz, Rosatti ya dejó trascender que está vez votará en contra junto con Lorenzetti y Maqueda. Queda por ver el criterio de la mujer suprema que viene demorando la determinación con ausencias y mañas. En el caso de Bignone, envió su voto un viernes, y faltó lunes y martes, el día de la votación.

Lorenzetti tenía razones para faltar a la mesa que se tendió en la Casa Rosada. Ya había tenido su propia comida con Macri, el 16 de octubre pasado, en la residencia de Olivos, lejos de la escena que imaginó el rafaelino.

Al juez que presidió la Corte durante 11 años lo llamó Anita, la secretaria del Presidente, para invitarlo a cenar a con su esposa, Mara Perren. Lo que parecía ser una despedida, a manera de balance después de un ciclo largo, fue una comida con protagonistas estelares sin vínculo aparente entre sí: el radical Enrique “Coti” Nosiglia junto a su esposa, el dueño de la multinacional Arcor Luis Pagani acompañado de la suya, el empresario Gerardo Werthein y Fernán Saguier junto a su pareja, Pamela Marcuzzi.

Como reveló El Intransigente, el subdirector de La Nación ya había compartido una cena con el Presidente unas semanas en la casa de Bebe Contepomi, junto a la familia de TN. En línea con lo que Gustavo Vera le dijo a Letra P en julio pasado aunque con menos estridencia, Lorenzetti sostiene en privado que Julio Saguier, presidente del directorio de La Nación, tiene más que una relación de respeto con Macri y que interviene en temas de justicia. En la Casa Rosada, dicen que es “un disparate” y sólo admiten que Juliana Awada y la esposa de Fernán son amigas. Como sea, el archienemigo de Elisa Carrió ya había probado el menú del hijo de Franco y no le había gustado.

 

¿Lo tenían al Bebe? El conductor de La Viola reunió en su casa a Macri con Saguier y la familia de TN.

 

EL CASO HIGHTON. Aunque guarda un perfil de lo más bajo, Elena Highton es un caso aparte. Si se mirá el poder que acumuló, puede decirse que sabe moverse como pez en el agua entre los hombres de la Corte y la Casa Rosada. La vicepresidenta del máximo tribunal estuvo alineada sin fisuras con Lorenzetti durante su larga estadía como jefe supremo.

En diciembre de 2015, sin prever lo que vendría después, el rafaelino premió a la hija de Highton, Elenita Nolasco, con un nombramiento llamativo: la designó secretaria judicial de Relaciones de Consumo de la Corte con rango de camarista. Lo hizo con el aval de Maqueda y Carlos Fayt, aunque el acuerdo era suyo.

Según publicó Andrés Fidanza en el diario Perfil, la hija de la jueza había sido secretaria letrada de la vocalía de Lorenzetti durante diez años y pasó a ocupar una oficina que estaba al lado del entonces presidente. Como su mamá, Elenita le debía a Lorenzetti gran parte de su buena suerte.

En mayo de 2016, el abogado Patricio Kingston presentó una denuncia penal contra los tres jueces por violar el decreto ley 1285/58, que prohíbe nombrar parientes directos como secretarios o prosecretarios. Por fortuna, el 7 de enero pasado, el juez Claudio Bonadio cerró la causa, amparado en un vacío legal y en el criterio del fiscal Carlos Rívolo. Son historias de una familia privilegiada que hoy se enfrenta por el poder, dominada por la incertidumbre y el sálvese quien pueda.

 

 

Con los nuevos miembros de la Corte que designó Macri, se forjó un nuevo equilibrio de poder. La negativa de Highton a jubilarse a los 75 años y la vista gorda del Gobierno, que no apeló, dejaron a la jueza cautiva de la lealtad a la Casa Rosada.

Rápido, Highton comenzó a encolumnarse detrás de Rosenkrantz, el preferido de Torello y Rodríguez Simón, el ex abogado de Clarín.

Pese a que los fallos que toman trascendencia mediática son contados, en la Corte se firman alrededor de 200 por semana que se publican en la web de la Corte, pero no en el Centro de Información Judicial. Allí, se pueden ver, según afirman los críticos de Highton, el alineamiento vigoroso de la jueza con Rosenkrantz, en especial en los temas que tienen que ver con lo comercial y las empresas.

La llegada de Cambiemos al poder activó un giro en la doctrina de la Corte y Lorenzetti comenzó a fallar, en más de una oportunidad, junto con Rosenkrantz y Highton en beneficio de los empleadores y en contra de los trabajadores. No le alcanzó, claro, y ahora el rafaelino resulta un dardo envenenado para Macri.

Los comensales del Presidente en la Casa Rosada siguen votando juntos en minoría. Sucedió, por ejemplo, en setiembre de 2017, en un fallo laboral donde se discutía una diferencia salarial a favor de un empleado de Nestlé -se expresaron en contra- y en uno en el que la provincia de Mendoza se enfrentaba a la AFIP, en octubre del mismo año, donde la pareja oficialista se pronunció en línea con el reclamo del organismo que hoy dirige Leandro Cuccioli.

A mediados de octubre, de manera también llamativa, el nuevo presidente de la Corte delegó una de sus facultades en Highton de Nolasco, el codiciado otorgamiento de las licencias, subrogancias y vacaciones a jueces, funcionarios y empleados judiciales. Es una función que también ejerce Elenita, según se encargan de ventilar los rivales internos de la pareja. Se acerca el verano y se verá si el cuello de botella de los magistrados que quieren hacer uso de los beneficios que les otorga la ley.