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El curioso caso de los tres mosqueteros del Presidente

Los moderados de Cambiemos y un peronista presidenciable construyeron el consenso para consagrar el ajuste por ley. Y le dieron un triunfo a Macri en el umbral del año electoral. ¿Qué ganan?
Por 16/11/2018 13:24

El presidente Mauricio Macri comenzó este jueves la última cuenta regresiva que lo separa de la cumbre de mandatarios del G-20. Tal como le había reclamado a sus funcionarios, podrá transitar las próximas dos semanas sin sobresaltos políticos provenientes de la discusión del Presupuesto 2019. El objetivo cumplido tiene un reducido grupo de responsables integrado por dos oficialistas y un peronista: el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y el jefe del bloque de senadores de Argentina Federal, Miguel Ángel Pichetto.

Luego de cinco meses de negociaciones, el Ejecutivo obtuvo la sanción de un presupuesto que, pocas horas antes de su votación en el Senado, fue definido por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, con un sincericidio que despertó furia dentro y fuera del Gobierno. "Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud en la Argentina sin que cayera el Gobierno", dijo el ex panelista del programa Odisea Argentina  durante un evento organizado por la Comisión Nacional de Valores (CNV).

 

 

“Ésta es otra demostración de fuego amigo, pero esta vez dentro del gabinete. Fue innecesario que dijera semejante cosa cuando veníamos de una negociación tan difícil y que, al final, tuvo una votación muy positiva, a pesar de Nico”, se quejó un hombre del PRO en el Congreso para reivindicar los 45 votos obtenidos a pesar de las inesperadas palabras del titular de Hacienda. La fuente va y viene entre el Palacio Legislativo y la Casa Rosada y fue testigo de las bravatas contra Dujovne que lanzaron los pocos senadores que tiene Cambiemos. El mensaje también se ganó la furia del senador rionegrino, que blanqueó la bronca acumulada durante el discurso previo a la votación que concluyó este jueves cerca de las 3 de la mañana. Como titular de un bloque desgranado, lo acusó directamente de decir pavadas luego de levantarse.

 

 

“Miguel nunca tuvo más poder que el que tiene ahora y eso que lleva muchos años en el Congreso”, celebró otro funcionario con despacho en Balcarce 50. La frase refleja parte del reconocimiento que le dedican al rionegrino en Cambiemos con un empeño que no ponen sus compañeros de bancada. 

Desde que el presupuesto obtuvo la aprobación que le faltaba en la Cámara alta, cerca del Presidente reconocieron el alivio por el desenlace de un largo tironeo que, por momentos, pareció naufragar ante la dimensión del ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional. Con la foto del final de fiesta, los funcionarios que afrontaron la negociación aguardan cierto reconocimiento por los costos afrontados. También, por el desgaste público que lograron evitar en tiempos de crisis. Sin embargo, para los escuderos del PRO no hubo más señales presidenciales que un pulgar arriba por la tarea cumplida.

En el caso de Monzó, su partida de Cambiemos fue confirmada nuevamente en medio de las negociaciones por el presupuesto. El ex ministro de Scioli y Frigerio son los dos principales exponentes “del ala política” del Gobierno, la que, se dice, modera al núcleo duro macrista, aunque es la más eficiente en la construcción de los consensos necesarios para el éxito de proyectos legislativos surgidos de ese seno, como fue ahora con el presupuesto. La permanencia del ministro del Interior en el gabinete no está en discusión, pero su derrotero político es materia de especulaciones.

"Es muy probable que juegue un papel importante en el equipo de campaña que conducirá (el jefe de Gabinete, Marcos) Peña, pero no hay definiciones sobre una posible candidatura en 2019”, confió a Letra P una fuente de Cambiemos. La confirmación de esa duda corrió por cuenta de Frigerio, que el sábado pasado encabezó la reunión de la mesa del PRO en Entre Ríos y no respondió a ningún planteo de los dirigentes que reclamaron que se postule como candidato a gobernador de ese distrito, actualmente administrado por el peronista Gustavo Bordet.

Dentro del Gabinete, Frigerio es el único integrante que tiene peso territorial en una provincia del interior del país. Pero esa ventaja no es ponderada cerca del Presidente. “Al menos, no se le nota que le interese”, agregó otro funcionario desencantado, mientras admite que "al equipo de campaña le importan muy poco los cortes de cintas y los liderazgos territoriales".

Algo parecido puede padecer el diputado Nicolás Massot, titular del bloque del PRO en la Cámara baja y otro de los escuderos del “ala política” que puede anotarse el mérito de haber logrado la sanción de un presupuesto con un ajuste inédito. Pero sin el reconocimiento político que aguardaba. "A lo sumo podría reeditar el rol que tuvo en campañas anteriores", vaticinó otro macrista malherido en referencia a la misión que podría desempeñar el año que viene, con un objetivo similar a la que cumplió con el presupuesto del FMI: demostrar su lealtad mientras afronta la antipática tarea de construir consensos para el ajuste sin más recompensa política que enunciar públicamente sus diferencias con el Presidente, pero sin sacar los pies del plato. 

El curioso caso de los tres mosqueteros del Presidente

Los moderados de Cambiemos y un peronista presidenciable construyeron el consenso para consagrar el ajuste por ley. Y le dieron un triunfo a Macri en el umbral del año electoral. ¿Qué ganan?

El presidente Mauricio Macri comenzó este jueves la última cuenta regresiva que lo separa de la cumbre de mandatarios del G-20. Tal como le había reclamado a sus funcionarios, podrá transitar las próximas dos semanas sin sobresaltos políticos provenientes de la discusión del Presupuesto 2019. El objetivo cumplido tiene un reducido grupo de responsables integrado por dos oficialistas y un peronista: el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y el jefe del bloque de senadores de Argentina Federal, Miguel Ángel Pichetto.

Luego de cinco meses de negociaciones, el Ejecutivo obtuvo la sanción de un presupuesto que, pocas horas antes de su votación en el Senado, fue definido por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, con un sincericidio que despertó furia dentro y fuera del Gobierno. "Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud en la Argentina sin que cayera el Gobierno", dijo el ex panelista del programa Odisea Argentina  durante un evento organizado por la Comisión Nacional de Valores (CNV).

 

 

“Ésta es otra demostración de fuego amigo, pero esta vez dentro del gabinete. Fue innecesario que dijera semejante cosa cuando veníamos de una negociación tan difícil y que, al final, tuvo una votación muy positiva, a pesar de Nico”, se quejó un hombre del PRO en el Congreso para reivindicar los 45 votos obtenidos a pesar de las inesperadas palabras del titular de Hacienda. La fuente va y viene entre el Palacio Legislativo y la Casa Rosada y fue testigo de las bravatas contra Dujovne que lanzaron los pocos senadores que tiene Cambiemos. El mensaje también se ganó la furia del senador rionegrino, que blanqueó la bronca acumulada durante el discurso previo a la votación que concluyó este jueves cerca de las 3 de la mañana. Como titular de un bloque desgranado, lo acusó directamente de decir pavadas luego de levantarse.

 

 

“Miguel nunca tuvo más poder que el que tiene ahora y eso que lleva muchos años en el Congreso”, celebró otro funcionario con despacho en Balcarce 50. La frase refleja parte del reconocimiento que le dedican al rionegrino en Cambiemos con un empeño que no ponen sus compañeros de bancada. 

Desde que el presupuesto obtuvo la aprobación que le faltaba en la Cámara alta, cerca del Presidente reconocieron el alivio por el desenlace de un largo tironeo que, por momentos, pareció naufragar ante la dimensión del ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional. Con la foto del final de fiesta, los funcionarios que afrontaron la negociación aguardan cierto reconocimiento por los costos afrontados. También, por el desgaste público que lograron evitar en tiempos de crisis. Sin embargo, para los escuderos del PRO no hubo más señales presidenciales que un pulgar arriba por la tarea cumplida.

En el caso de Monzó, su partida de Cambiemos fue confirmada nuevamente en medio de las negociaciones por el presupuesto. El ex ministro de Scioli y Frigerio son los dos principales exponentes “del ala política” del Gobierno, la que, se dice, modera al núcleo duro macrista, aunque es la más eficiente en la construcción de los consensos necesarios para el éxito de proyectos legislativos surgidos de ese seno, como fue ahora con el presupuesto. La permanencia del ministro del Interior en el gabinete no está en discusión, pero su derrotero político es materia de especulaciones.

"Es muy probable que juegue un papel importante en el equipo de campaña que conducirá (el jefe de Gabinete, Marcos) Peña, pero no hay definiciones sobre una posible candidatura en 2019”, confió a Letra P una fuente de Cambiemos. La confirmación de esa duda corrió por cuenta de Frigerio, que el sábado pasado encabezó la reunión de la mesa del PRO en Entre Ríos y no respondió a ningún planteo de los dirigentes que reclamaron que se postule como candidato a gobernador de ese distrito, actualmente administrado por el peronista Gustavo Bordet.

Dentro del Gabinete, Frigerio es el único integrante que tiene peso territorial en una provincia del interior del país. Pero esa ventaja no es ponderada cerca del Presidente. “Al menos, no se le nota que le interese”, agregó otro funcionario desencantado, mientras admite que "al equipo de campaña le importan muy poco los cortes de cintas y los liderazgos territoriales".

Algo parecido puede padecer el diputado Nicolás Massot, titular del bloque del PRO en la Cámara baja y otro de los escuderos del “ala política” que puede anotarse el mérito de haber logrado la sanción de un presupuesto con un ajuste inédito. Pero sin el reconocimiento político que aguardaba. "A lo sumo podría reeditar el rol que tuvo en campañas anteriores", vaticinó otro macrista malherido en referencia a la misión que podría desempeñar el año que viene, con un objetivo similar a la que cumplió con el presupuesto del FMI: demostrar su lealtad mientras afronta la antipática tarea de construir consensos para el ajuste sin más recompensa política que enunciar públicamente sus diferencias con el Presidente, pero sin sacar los pies del plato.