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La isla de Horacio

Disfruta las mieles de los Juegos de la Juventud y se refugia en la gestión porteña, mientras gambetea la crisis que golpea a Macri y Vidal y el impacto del ajuste. La reelección, plan inmediato.
Por 18/10/2018 20:14

Cada vez que escucha, lee o le hacen llegar su nombre como posible incorporación al gabinete nacional, Horacio Rodríguez Larreta se enoja. Cuando se lo anota en el pelotón de candidatos para 2019 “por si” Mauricio Macri no llega con el aire y el consenso necesarios se sulfura. El jefe de Gobierno porteño no tiene, hasta el momento, otro plan más que competir por la reelección en la Ciudad de Buenos Aires, apalancado en los números de su gestión, la posibilidad de sufrir en menor medida los coletazos de la crisis económica y concentrarse en “lo porteño”.

La vidriera fastuosa de los Juegos Olímpicos de la Juventud lo mantuvo durante 12 días en el prime time de programas deportivos y también políticos. El mega acto que abrió el evento, multitudinario y en plena Avenida 9 de Julio, le valió el reconocimiento de propios y ajenos. Los ex candidatos presidenciales Daniel Scioli y Sergio Massa, con quienes intercambia mensajes con frecuencia, lo felicitaron sin titubeos, mientras despotrican contra la gestión de Macri. La fiesta deportiva, que culminó este jueves con un recital de Soledad Pastorutti, costó más de 8.500 millones de pesos. Pero se encargó de que no hubiera escándalo mediático por ese gasto en plena temporada de ajuste.

 

 

Sobre este último punto Larreta puso vital hincapié: las torres de la Villa Olímpica quedarán como departamentos –ya fueron vendidos por medio del Instituto de Vivienda de la Ciudad (lVC)- y las nuevas instalaciones deportivas quedarán para la posteridad. Ese trabajo quedó en manos del ministro de Desarrollo Urbano y Transporte, Franco Moccia, y el titular del Instituto de Vivienda, Juan Maquieyra, dos larretistas paladar negro.

Curiosamente, el evento de los Juegos de la Juventud es un ítem de la herencia recibida de Macri, que llevó a Buenos Aires como candidata en 2011 y ganó la contienda frente Medellín y Glasgow. A pesar de que la idea original fue del ahora presidente y su entonces secretario general, Marcos Peña, fue Rodríguez Larreta quien, por cuestiones cronológicas, capitalizó el evento. Pocos recuerdan ese detalle, al menos el equipo comunicacional de Balcarce 50 lo recordó con ráfagas de fotos y textos del Presidente en actividades vinculados al suceso deportivo.

“Estamos ante los Juegos Olímpicos de la Juventud más concurridos de la historia”, elogió a Larreta el presidente del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein, que aún es visto con desconfianza por Macri por, según el Presidente, apostar hasta “último momento” por un desembarco de Scioli en la Casa Rosada. Cuestiones de amistad.

 

 

 

Por fuera de las Olimpíadas, la administración larretista disfruta estar en otra latitud en contraste con el Gobierno nacional y el de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Al menos, los inconvenientes políticos porteños rebotan menos en la arena mediática, como sucede con la polémica de la mudanza de hospitales al sur y la reforma educativa, que generó una relación de tensión inédita y constante con los gremios docentes, que hasta 2015 era totalmente otra. Los números sociales tampoco son alentadores: aunque el impacto fue el incremento de la pobreza a nivel nacional, en la Ciudad ese índice subió del 16% al 18,4% del primer al segundo trimestre de este año, según las estadísticas oficiales de la Jefatura de Gobierno.

En paralelo, el equipo porteño hace lo imposible para mantener esa tendencia y presentar a su jefe como un funcionario con perfil político bajo. Esa estrategia va a acompañada de la exhibición de un alto perfil, ahora sí, abocado a la gestión, que lo presenta como un intendente de la Ciudad, cercano a los vecinos y alejado de la discusión política macro. “Un alcalde que inaugura obras”, lo grafican en Uspallata 3160.

La construcción política de Larreta no duerme, pero se teje tras bambalinas. Lo saben quienes lo escuchan todos los lunes a la luz del alba en La Biela o cualquier bar que abra sus puertas y sirva café a las 7. En esa línea van sus llamados recurrentes a gobernadores y legisladores nacionales de peso, que a Macri llaman la atención, y sus asiduas consultas a economistas, a pesar de ser licenciado en Economía (UBA) y haber compartido los años de estudiante junto a Mario Quintana y LuisTotoCaputo. El jefe de Gobierno cuestiona por lo bajo la política monetaria del Banco Central: “Me preocupa más la tasa de interés que el dólar”, reconoce en privado.

 

 

Rodríguez Larreta se mueve como un gobernador. La Legislatura porteña le dará una ley que engrosará ese perfil: el jueves 25 de octubre podría aprobarse el Código Electoral, bajo el cual tendrá el control de la lapicera que definirá la fecha de elecciones. Su proyecto inmediato es la reelección y sabe que, aunque marque distancia de algunas medidas económicas del Gobierno a sottovoce, es un soldado de Macri y trabajará para que renueve los pergaminos electorales.

Al mismo tiempo, mantiene su buena química con Elisa Carrió, aunque temió un reproche de la diputada en la semana de cambios en el gabinete por su intención, al pasar, de "abrir" el gabinete hacia otros espacios políticos, como podría haber sido el sector del PJ que el oficialismo gusta de calificar como "racional". Sin embargo, la chaqueña masculló más por la salida de Quintana del Gobierno. “No lo defendió lo suficiente”, le factura Lilita. También, hace un fino trabajo en la contención de intendentes y dirigentes de Cambiemos. Puso a parte de su equipo a trabajar en la candidatura de Alejandro Finocchiaro en La Matanza y hará lo propio con jefes comunales que buscarán la reelección el año próximo.

Rodríguez Larreta sabe que su suerte depende del devenir del Presidente, mientras mantiene y defiende su sueño presidencial impulsada desde el pago chico PRO. No obstante, abanderado de la perseverancia, esperará su tiempo. Quiere y trabajará para la reelección de Macri, aunque la imagen de su gestión y la intención sean las más altas dentro de la coalición Cambiemos, según las encuestas propias que lee junto a Jaime Duran Barba y Santiago Nieto. En confianza, recuerda su primer dibujo en épocas de jardín de infantes. La maestra les pidió a los alumnos que dibujasen cómo se imaginaban años después o que expresen alguno de sus más profundos deseos: Rodríguez Larreta se dibujó vistiendo la banda presidencial.

Los Juegos de la Juventud no serán el único evento local de trascendencia internacional. El 29 de octubre Rodríguez Larreta encabezará la apertura del Urban 20, un foro de alcaldes que se transformará en una especie de G20 propio en el que participarán ciudades como Nueva York, París, Houston, Río de Janeiro, Londres, Roma, Tokio, Seúl y Beijing, entre otras. Será un espejo de la cumbre de líderes del G20 que protagonizará Macri en noviembre, como adelantó Letra P, en exclusiva.

 

 

 

En la gestión larretista los encargados de articular con los equipos de alcaldes fueron Fernando Straface y Francisco Resnicoff, secretario General y Relaciones Internacionales y subsecretario de Relaciones Internacionales, respectivamente. Sin embargo, el propio Larreta se inmiscuyó en la negociación mano a mano con alcaldes y pesó mucho el vínculo personal que logró con su par de París, la socialista Anne Hidalgo, presidenta de la red C40.

La crisis económica golpeó las puertas de los despachos de Macri y Vidal, pero también Larreta sufrió los efectos, aunque evita pronunciarse sobre temas nacionales y lo hace cuando la Casa Rosada lo requiere. A veces, lo hace por motus propio. En plena corrida cambiaria, en un día de efervescencia por la subida del dólar, Rodríguez Larreta se puso al hombro la defensa del Gobierno. Después lo seguiría el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, pero el alcalde arrancó su alocución en el Consejo de las Américas con un gesto. Confesó que tenía un discurso preparado pero que “la situación” ameritaba un giro.

 

 

 

Corrió a un lado el texto que su equipo le preparó y le habló a los empresarios. Mientras tanto, pasadas las 10 del jueves 30 de agosto, la pizarra del dólar subía a un ritmo vertiginoso y el BCRA intervenía sobre la tasa de interés. Los empresarios agolpados en el Hotel Alvear de Recoleta despotricaban contra Peña y reclamaban un “cambio” en el gabinete. Rodríguez Larreta respaldó abiertamente al jefe de Gabinete, lo consideró el funcionario más “íntimo” de Macri y exhortó a los empresarios a “invertir” y “confiar” en la Argentina. Palabras más, palabras menos, le pidió al establishment que confíe en el modelo de Macri y apoye a la Casa Rosada en plena crisis. Por esas horas, se especulaba con una especie de interna en Cambiemos y proliferaban versiones sobre su salto al Gobierno nacional, que aprovechó para enterrar y que luego replicaría con una definición: “Es un disparate”, la posibilidad de que asumiera en el Gobierno.

Semanas después, para despejar, al menos por un tiempo, una especie de guerra fría que data de años, Peña y Rodríguez Larreta se tomaron una foto y compartieron una reunión de gabinete.

 

 

Los encuentros semanales de Larreta con su equipo de ministros ayudan a explicar lo distinto de la situación política y económica en los límites porteños. En la última reunión de gabinete ampliado, previa a la apertura de los Juegos, el Gobierno porteño en pleno se congregó para estar al corriente de las novedades, recibir la típica arenga y conocer lo entretelones de la ceremonia inaugural.

Hubo un momento humorístico. Primero habló Rodríguez Larreta y estaba pactado que hablaran el vicejefe, Diego Santilli, y el ministro Moccia. Santilli se adelantó y le “robó” el discurso al ministro, que tenía preparado un detalle de las obras y eventos de los Juegos. “Bueno, Diego dijo todo lo que iba a decir”, soltó Moccia entre risas, que aprovechó para mostrar un costado alejado de lo técnico y contó su “emoción” de ver el resultado final del trabajo en infraestructura y despliegue del evento deportivo. Lo definió como uno de los momentos “más emocionantes” de su carrera política. En el fondo, Santilli, que había alcanzado a leer el discurso del ministro previamente para decirlo él a su turno, se reía.

La isla de Horacio

Disfruta las mieles de los Juegos de la Juventud y se refugia en la gestión porteña, mientras gambetea la crisis que golpea a Macri y Vidal y el impacto del ajuste. La reelección, plan inmediato.

Cada vez que escucha, lee o le hacen llegar su nombre como posible incorporación al gabinete nacional, Horacio Rodríguez Larreta se enoja. Cuando se lo anota en el pelotón de candidatos para 2019 “por si” Mauricio Macri no llega con el aire y el consenso necesarios se sulfura. El jefe de Gobierno porteño no tiene, hasta el momento, otro plan más que competir por la reelección en la Ciudad de Buenos Aires, apalancado en los números de su gestión, la posibilidad de sufrir en menor medida los coletazos de la crisis económica y concentrarse en “lo porteño”.

La vidriera fastuosa de los Juegos Olímpicos de la Juventud lo mantuvo durante 12 días en el prime time de programas deportivos y también políticos. El mega acto que abrió el evento, multitudinario y en plena Avenida 9 de Julio, le valió el reconocimiento de propios y ajenos. Los ex candidatos presidenciales Daniel Scioli y Sergio Massa, con quienes intercambia mensajes con frecuencia, lo felicitaron sin titubeos, mientras despotrican contra la gestión de Macri. La fiesta deportiva, que culminó este jueves con un recital de Soledad Pastorutti, costó más de 8.500 millones de pesos. Pero se encargó de que no hubiera escándalo mediático por ese gasto en plena temporada de ajuste.

 

 

Sobre este último punto Larreta puso vital hincapié: las torres de la Villa Olímpica quedarán como departamentos –ya fueron vendidos por medio del Instituto de Vivienda de la Ciudad (lVC)- y las nuevas instalaciones deportivas quedarán para la posteridad. Ese trabajo quedó en manos del ministro de Desarrollo Urbano y Transporte, Franco Moccia, y el titular del Instituto de Vivienda, Juan Maquieyra, dos larretistas paladar negro.

Curiosamente, el evento de los Juegos de la Juventud es un ítem de la herencia recibida de Macri, que llevó a Buenos Aires como candidata en 2011 y ganó la contienda frente Medellín y Glasgow. A pesar de que la idea original fue del ahora presidente y su entonces secretario general, Marcos Peña, fue Rodríguez Larreta quien, por cuestiones cronológicas, capitalizó el evento. Pocos recuerdan ese detalle, al menos el equipo comunicacional de Balcarce 50 lo recordó con ráfagas de fotos y textos del Presidente en actividades vinculados al suceso deportivo.

“Estamos ante los Juegos Olímpicos de la Juventud más concurridos de la historia”, elogió a Larreta el presidente del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein, que aún es visto con desconfianza por Macri por, según el Presidente, apostar hasta “último momento” por un desembarco de Scioli en la Casa Rosada. Cuestiones de amistad.

 

 

 

Por fuera de las Olimpíadas, la administración larretista disfruta estar en otra latitud en contraste con el Gobierno nacional y el de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Al menos, los inconvenientes políticos porteños rebotan menos en la arena mediática, como sucede con la polémica de la mudanza de hospitales al sur y la reforma educativa, que generó una relación de tensión inédita y constante con los gremios docentes, que hasta 2015 era totalmente otra. Los números sociales tampoco son alentadores: aunque el impacto fue el incremento de la pobreza a nivel nacional, en la Ciudad ese índice subió del 16% al 18,4% del primer al segundo trimestre de este año, según las estadísticas oficiales de la Jefatura de Gobierno.

En paralelo, el equipo porteño hace lo imposible para mantener esa tendencia y presentar a su jefe como un funcionario con perfil político bajo. Esa estrategia va a acompañada de la exhibición de un alto perfil, ahora sí, abocado a la gestión, que lo presenta como un intendente de la Ciudad, cercano a los vecinos y alejado de la discusión política macro. “Un alcalde que inaugura obras”, lo grafican en Uspallata 3160.

La construcción política de Larreta no duerme, pero se teje tras bambalinas. Lo saben quienes lo escuchan todos los lunes a la luz del alba en La Biela o cualquier bar que abra sus puertas y sirva café a las 7. En esa línea van sus llamados recurrentes a gobernadores y legisladores nacionales de peso, que a Macri llaman la atención, y sus asiduas consultas a economistas, a pesar de ser licenciado en Economía (UBA) y haber compartido los años de estudiante junto a Mario Quintana y LuisTotoCaputo. El jefe de Gobierno cuestiona por lo bajo la política monetaria del Banco Central: “Me preocupa más la tasa de interés que el dólar”, reconoce en privado.

 

 

Rodríguez Larreta se mueve como un gobernador. La Legislatura porteña le dará una ley que engrosará ese perfil: el jueves 25 de octubre podría aprobarse el Código Electoral, bajo el cual tendrá el control de la lapicera que definirá la fecha de elecciones. Su proyecto inmediato es la reelección y sabe que, aunque marque distancia de algunas medidas económicas del Gobierno a sottovoce, es un soldado de Macri y trabajará para que renueve los pergaminos electorales.

Al mismo tiempo, mantiene su buena química con Elisa Carrió, aunque temió un reproche de la diputada en la semana de cambios en el gabinete por su intención, al pasar, de "abrir" el gabinete hacia otros espacios políticos, como podría haber sido el sector del PJ que el oficialismo gusta de calificar como "racional". Sin embargo, la chaqueña masculló más por la salida de Quintana del Gobierno. “No lo defendió lo suficiente”, le factura Lilita. También, hace un fino trabajo en la contención de intendentes y dirigentes de Cambiemos. Puso a parte de su equipo a trabajar en la candidatura de Alejandro Finocchiaro en La Matanza y hará lo propio con jefes comunales que buscarán la reelección el año próximo.

Rodríguez Larreta sabe que su suerte depende del devenir del Presidente, mientras mantiene y defiende su sueño presidencial impulsada desde el pago chico PRO. No obstante, abanderado de la perseverancia, esperará su tiempo. Quiere y trabajará para la reelección de Macri, aunque la imagen de su gestión y la intención sean las más altas dentro de la coalición Cambiemos, según las encuestas propias que lee junto a Jaime Duran Barba y Santiago Nieto. En confianza, recuerda su primer dibujo en épocas de jardín de infantes. La maestra les pidió a los alumnos que dibujasen cómo se imaginaban años después o que expresen alguno de sus más profundos deseos: Rodríguez Larreta se dibujó vistiendo la banda presidencial.

Los Juegos de la Juventud no serán el único evento local de trascendencia internacional. El 29 de octubre Rodríguez Larreta encabezará la apertura del Urban 20, un foro de alcaldes que se transformará en una especie de G20 propio en el que participarán ciudades como Nueva York, París, Houston, Río de Janeiro, Londres, Roma, Tokio, Seúl y Beijing, entre otras. Será un espejo de la cumbre de líderes del G20 que protagonizará Macri en noviembre, como adelantó Letra P, en exclusiva.

 

 

 

En la gestión larretista los encargados de articular con los equipos de alcaldes fueron Fernando Straface y Francisco Resnicoff, secretario General y Relaciones Internacionales y subsecretario de Relaciones Internacionales, respectivamente. Sin embargo, el propio Larreta se inmiscuyó en la negociación mano a mano con alcaldes y pesó mucho el vínculo personal que logró con su par de París, la socialista Anne Hidalgo, presidenta de la red C40.

La crisis económica golpeó las puertas de los despachos de Macri y Vidal, pero también Larreta sufrió los efectos, aunque evita pronunciarse sobre temas nacionales y lo hace cuando la Casa Rosada lo requiere. A veces, lo hace por motus propio. En plena corrida cambiaria, en un día de efervescencia por la subida del dólar, Rodríguez Larreta se puso al hombro la defensa del Gobierno. Después lo seguiría el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, pero el alcalde arrancó su alocución en el Consejo de las Américas con un gesto. Confesó que tenía un discurso preparado pero que “la situación” ameritaba un giro.

 

 

 

Corrió a un lado el texto que su equipo le preparó y le habló a los empresarios. Mientras tanto, pasadas las 10 del jueves 30 de agosto, la pizarra del dólar subía a un ritmo vertiginoso y el BCRA intervenía sobre la tasa de interés. Los empresarios agolpados en el Hotel Alvear de Recoleta despotricaban contra Peña y reclamaban un “cambio” en el gabinete. Rodríguez Larreta respaldó abiertamente al jefe de Gabinete, lo consideró el funcionario más “íntimo” de Macri y exhortó a los empresarios a “invertir” y “confiar” en la Argentina. Palabras más, palabras menos, le pidió al establishment que confíe en el modelo de Macri y apoye a la Casa Rosada en plena crisis. Por esas horas, se especulaba con una especie de interna en Cambiemos y proliferaban versiones sobre su salto al Gobierno nacional, que aprovechó para enterrar y que luego replicaría con una definición: “Es un disparate”, la posibilidad de que asumiera en el Gobierno.

Semanas después, para despejar, al menos por un tiempo, una especie de guerra fría que data de años, Peña y Rodríguez Larreta se tomaron una foto y compartieron una reunión de gabinete.

 

 

Los encuentros semanales de Larreta con su equipo de ministros ayudan a explicar lo distinto de la situación política y económica en los límites porteños. En la última reunión de gabinete ampliado, previa a la apertura de los Juegos, el Gobierno porteño en pleno se congregó para estar al corriente de las novedades, recibir la típica arenga y conocer lo entretelones de la ceremonia inaugural.

Hubo un momento humorístico. Primero habló Rodríguez Larreta y estaba pactado que hablaran el vicejefe, Diego Santilli, y el ministro Moccia. Santilli se adelantó y le “robó” el discurso al ministro, que tenía preparado un detalle de las obras y eventos de los Juegos. “Bueno, Diego dijo todo lo que iba a decir”, soltó Moccia entre risas, que aprovechó para mostrar un costado alejado de lo técnico y contó su “emoción” de ver el resultado final del trabajo en infraestructura y despliegue del evento deportivo. Lo definió como uno de los momentos “más emocionantes” de su carrera política. En el fondo, Santilli, que había alcanzado a leer el discurso del ministro previamente para decirlo él a su turno, se reía.