DETRÁS DE ESCENA. LA NUEVA FLEXIBILIZACIÓN LABORAL

El Caballo domado

Con las cabezas de los sindicalistas que el kirchnerismo no mató exhibidas en las picas de la plaza del cambio, Macri avanza con una reforma modernizadora que atrasa dos siglos.

Uno tiene 67 años y está detenido en la cárcel de Marcos Paz desde hace 13 meses. El otro tiene 61 y sigue al frente del mismo sindicato de siempre, como hace casi tres décadas. Uno copó su gremio a fines de los ochenta a punta de pistola con un grupo de ex represores y carapintadas. El otro se inició como agente civil en el Batallón 601 de inteligencia durante la última dictadura militar. Uno fue a la cárcel con el impulso del gobierno de Mauricio Macri y la orden del juez Rodolfo Canicoba Corral. El otro se salvó en 2014 por su aplauso permanente al ciclo de Cristina Kirchner, sus asados en la casa de José López y la decisión del juez federal Ariel Lijo, el mismo que -apremiado por los nuevos vientos- acaba de enviar a prisión a Amado Boudou. La ex presidenta llegó a nombrar al primero como su “preferido”, aunque quizás lo haya sido el segundo, el mismo que ahora también aplaude en primera fila los anuncios del Presidente y dialoga con él cada vez que quiere. Una charla entre ellos en Holanda en marzo pasado comenzó a sellar la suerte de Juan Pablo “Pata” Medina, el sindicalista de la UOCRA de La Plata que está preso desde fines de septiembre en la cárcel de Ezeiza. Las vidas paralelas de Omar “El Caballo” Suárez y Gerardo Martínez pueden ilustrar sobre lo antojadizos que son los criterios de la batalla de Cambiemos contra las mafias sindicales. También sobre lo efímero que puede resultar hasta el poder más envidiado.

 

Mientras el jefe de la UOCRA -más flaco y saludable que nunca- se dio el lujo de faltar al discurso presidencial en el Centro Cultural Kirchner, el ex hombre fuerte del SOMU reapareció ante las cámaras para impactar con su conversión, justo cuando el gobierno de Macri se desdice de su moderación y pretende avanzar con una reforma laboral leonina que los sindicatos independientes comparan con las transformaciones que forzó la dictadura de la mano del ex presidente de Acindar José Alfredo Martínez de Hoz.

 

 

LA OLA Y EL NAUFRAGIO. La exhibición del “Caballo” Suárez sin la tintura que usaba cuando ocupaba el doble rol de sindicalista y empresario es un mensaje envenenado para los que todavía están a salvo del naufragio, en medio de la ola amarilla que arrasa con las mafias que no le gustan. Con la barba y el pelo largos como nunca jamás se lo vio, su servicio es doble: por un lado, sirve para ilustrar desde la imagen hacia la base de la sociedad e intimidar en el poder a los sindicalistas que se le parecen. Por el otro, están sus propias declaraciones, a las que seguramente se les prestará menos importancia: las acusaciones a Hugo Moyano, el intento de despegarse del kirchnerismo y la apertura para discutir la reforma laboral macrista. “Acá les tienen miedo a los cambios. Flexibilización no quiere decir esclavizar. Tenemos que ver la reforma laboral, se tiene que reformar, acá dicen que es obsoleta. Si estuviera en mi organización, sí lo discutiríamos. Cuando se lea la letra chica, creo que el consenso va a llegar”, le dijo a Animales Sueltos desde su encierro. ¿Qué más se le puede pedir?

 

Años luz lo separan de la habilidad y el poder que le permitieron en 2011, con el consenso del moyanismo y el kirchnerismo, sentarse en el sillón de director de Maruba, la naviera más grande de la Argentina. La reaparición de Suárez -enviado a la cárcel a partir de una denuncia de la senadora electa Gladys González- se logra con una precisión quirúrgica para escenificar cómo terminan, en la era Cambiemos, los sindicalistas que no corrigen su prontuario a tiempo.

 

Cayó pésimo entre los miembros del triunvirato cegetista que unas horas después tenían que visitar al empoderado ministro de Trabajo, Jorge Triaca hijo. “Sinvergüenza”, “buchón” y “servil” son algunos de los conceptos con los que uno de los líderes de la CGT definió ante Letra P al ex sindicalista del SOMU. En la conducción de la central sindical afirman que la exhibición de Suárez como trofeo de la pureza que promociona el macrismo “no amilana a nadie” y que la discusión sobre los derechos laborales que la administración Cambiemos quiere limitar afecta a la mayor parte de los trabajadores.

 

 

 

LA MODERNIZACIÓN QUE ATRASA. El presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas, Matías Cremonte, enumeró como nadie la avalancha de ítems que pretende instaurar la flexibilización de Macri. Reducir las indemnizaciones, favorecer la tercerización, estimular las pasantías, reducir el pago de horas extras, pulverizar el principio de irrenunciabilidad a los derechos del contrato de trabajo y, sobre todo, gestar un curioso criterio modernizador que retrocede dos siglos: disfrazar al trabajo como una relación de iguales. “Incorpora la idea de que esa relación contradictoria y desigual que es la del capital con el trabajo, la del trabajador individual con el empresario; en realidad, debe verse como una relación de cooperación, en la cual las partes tienen deberes y derechos recíprocos. Ahí hay un gran cambio de paradigma, porque la Ley de Contrato de Trabajo se basa en la idea de que la relación es desigual y lo que la ley busca es “compensar” las desigualdades que hay en la realidad, entre el poder empresario y el trabajador individualmente considerado, le dijo Cremonte a La Izquierda Diario.

 

 

 

En su declamada lucha contra las mafias, el primer empresario que llegó a Presidente apunta contra la industria del juicio y se propone transformaciones de fondo, que hasta ayer el ministro Triaca negaba y que ponen en sintonía la ofensiva laboral de Cambiemos con la reforma brasileña. Los artículos del borrador que el Gobierno envió al Congreso pueden ser un intento de máxima de un oficialismo envalentonado por los votos. Pero también indican la vuelta de página que pretenden dar desde la Casa Rosada para complacer a los CEOs como Marcos Galperín, que le marcaron al Gobierno la agenda, primero desde Twitter y después desde el Coloquio de IDEA.

 

 

 

El sindicalista de Sanidad Héctor Daer afirma que, así como está el proyecto del Gobierno, no va a lograr la aprobación en el Congreso. Por lo menos, con la conformación de las cámaras que se mantendrá a partir del 10 de diciembre. Después se verá. Si el rechazo a la ofensiva oficial crece con la temperatura del verano, adentro y afuera del recinto. O si el gobierno de los CEOs logra una vez más objetivos que nunca antes había alcanzado una alianza de derecha que avanza a fuerza de votos. Con la ayuda de los “Pata” Medina y los “Caballo” Suárez que el kirchnerismo le dejó al macrismo en un freezer repleto para que vaya descongelando y comiendo, semana a semana, durante la temporada de ajuste.   

 

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