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La foto completa del Pata-gate

La foto completa del Pata-gate

27/09/2017 18:03

Juan Pablo Medina, este martes en el balcón de la Uocra platense.

 

Lógicamente, en el centro de la escena está Juan Pablo Medina, “El Pata”, un personaje desmesurado, grotesco, incomprensible e inaceptable para las clases decentes –como se llamaba a las castas ilustradas y pudientes en el siglo XIX- y, fundamentalmente, para el establishment liberal. Medina carga pecados originales: es negro y se come las eses. Y suma los que –por implacable transitividad- se le adjudican al sindicalismo peronista -los lleva al paroxismo. Medina ejerce la violencia como reacción –argumenta- frente a la violencia que el poder –que es, sobre todo, el económico- ejerció históricamente sobre los trabajadores -aunque empresarios platenses lo acusan de quedarse también con la de los laburantes. Medina es, a la vista de la sociedad que quiere vivir en paz aunque la paz consagre ciertas injusticias, irreprochablemente justiciable. Como reseñó Letra P este martes, cuando todavía ardía la avenida 44 de La Plata, Medina tiene un CV brutal (ver “El legajo caliente…”) que incluye una estancia de 80 días en una cárcel federal y la amenaza de hacer volar una refinería. Por eso, por concentrar todos los males que escandalizan a los votantes del cambio, Medina es el producto más perfecto que “las mafias sindicales” podían poner a disposición de la campaña de Cambiemos. Pero la foto del Pata-gate es más grande que la inmensidad del Pata. Tiene más información. Tiene un contorno, personajes secundarios y segundas y terceras dimensiones que la convierten en una película que conviene mirar.

La Justicia no es un ente etéreo, invertebrado. Tiene carne y huesos. Son seres humanos los que transforman el concepto de justicia y la institución Justicia en la maquinaria que reprime a los que violan la ley. En este caso, el ser humano que aparece en la foto del Pata-gate es un juez federal, Luis Armella, de Quilmes, que, como también informó Letra P (ver “Sin las manos limpias”), fue acusado por la mismísima Corte Suprema de Justicia de beneficiar a empresas amigas con adjudicaciones directas de obras millonarias de saneamiento del Riachuelo, en el marco de su trabajo –que le había confiado el máximo tribunal- como ejecutor del fallo de los supremos que instaba a los estados nacional, porteño y bonaerense a cumplir con un plan de limpieza de esa cuenca.

 

Juez federal de Quilmes Luis Armella.

 

Ahí aparece en la foto el kirchnerismo. Todavía en el poder y todavía con mayoría –pero insuficiente- en el Consejo de la Magistratura, en 2015 los soldados de Cristina Fernández de Kirchner quisieron –parados en las acusaciones de la Corte- echar a andar un jury contra Armella para destituirlo. No pudieron. Al año siguiente, ya con Cambiemos en el poder, el magistrado lanzó misiones de exploración en el barrio. En un mismo mes, allanó las municipalidades peronistas de Berazategui y Florencio Varela. ¿Primeras mordidas al buffet frois de la venganza? Es una interpretación lícita, pero una interpretación al fin.

Hay más kirchnerismo en la foto del Pata-gate. El abogado defensor de Medina es Víctor Hortel, “negro de mierda – peronista – pincharrata – abogado penalista – orgullosamente K” según decía su bío en Twitter. Entre 2011 y 2013 condujo el sistema penitenciario que hoy aloja a su cliente. Terminó eyectado del cargo por la controversia generada a partir del trabajo en los penales de la agrupación Batallón Militante, que llevaba internos a actividades culturales outdoor señaladas por la oposición como actos políticos. Y por haberse disfrazado de Hombre Araña en una jornada recreativa en una de las cárceles a su cargo.

El contorno de la foto pone en contexto la noticia: la caída del cacique más bravo del sindicalismo bonaerense se da en el marco de un desfile de ex funcionarios kirchneristas por cortes federales que comenzó este miércoles con Julio De Vido en el banquillo de los acusados. O sea: la campaña electoral va a tener títulos sobre la corrupción K para hacer mermelada. ¿El oportunismo de estas acciones judiciales las invalida como tales? No necesariamente, pero es información que está en la foto.

Este miércoles, desde bien temprano, se agolparon en el cuadro las principales figuras de Cambiemos. El presidente Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal, que desde la semana pasada le ponen el cuerpo a la campaña oficialista con una gira frenética por el conurbano bonaerense, hablaron de Medina para machacar con “la lucha contra las mafias” que dicen librar, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires. Hablaron también de eso sus ministros y el jefe de la cartera de Seguridad provincial, Cristian Ritondo, produjo y distribuyó material multimedia de calidad sobre el mega operativo policial que terminó en la detención del albañil.

En la foto del Pata-gate aparece fuera de foco un altísimo funcionario del gobierno provincial. Letra P le preguntó si la administración Vidal avanzaría con alguna denuncia propia contra el jefe de la Uocra platense. El hombre asumió la autoría de la acción que, en los papales, corresponde a la Justicia: “¿Te parece poco meterlo preso?”, repreguntó.

 

Ministro de Trabajo Jorge Triaca, en diálogo con Letra P.

 

Queda una figura que se cuela en ausencia en la foto: Gerónimo “Momo” Venegas, el fallecido líder sindical de los peones de campo. El secretario general de Uatre no era un aliado encubierto del Gobierno, como muchos de sus compañeros gremialistas que –en jerga de la política- juegan para la Casa Amarilla. Su partido político, Fe, integra la alianza gobernante. En estas horas, su hija libra una batalla feroz por la herencia. En una entrevista con el diario Perfil, dijo que los testaferros de su padre quieren quedarse con su dinero: se niegan a “repartir lo que dejó”, que es una cifra incalculable, según María Eva.

Acaso la sociedad con Venegas haya sido el último estertor de la vieja política. Al menos eso se debería inferirse a partir de las palabras celebratorias del derrumbe de Medina expresadas por Macri: dijo este miércoles que en la Argentina de Cambiemos ya “no hay lugar para comportamientos mafiosos”.

O quizá lo que esté haciendo el Gobierno, en el umbral de las negociaciones para avanzar “por consenso” (Jorge Triaca dixit) en una reforma laboral, no sea luchar contra las mafias sindicales sino, selectivamente, contra las mafias rebeldes que se niegan a ponerse en línea.