"Escuchen esto que les voy a decir. Mark my words. Este es un 'Lilia moment", de esos que trascienden. Hay un movimiento internacionalista que sirve a los intereses soviéticos, que es el 'nazionalismo', con zeta. Que se llaman católicos, pero no son católicos. Y cuando yo les digo 'nacionalismo católico' piensen en (Victoria) Villarruel, en Santiago Cúneo, en Juan Grabois... Están alineados ideológicamente con la teocracia iraní. ¿Dónde un católico, un cristiano se va a alinear con la teocracia iraní? Son una herramienta del soviet.
"La 'nenecha' nacionalista es una herramienta de infiltración del soviet (…). Son los tontos útiles de un movimiento que intentó infiltrarse entre los libertarios y les salió para el ojete, afortunadamente, porque habíamos personas pensantes en ese grupo.
"No permitamos, (porque) somos un país católico, que usen nuestra religión para meternos en una agenda asesina, genocida y vendepatria".
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La definición, por llamarla de alguna manera, pertenece a Lilia Lemoine. No es cualquiera quien habla: diputada nacional, es la presidenta de la Comisión de Juicio Político y vocal de las de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Comunicaciones e Informática; Derechos Humanos y Garantías; Libertad de Expresión; Mercosur; Presupuesto y Hacienda, y Relaciones Exteriores y Culto. Además, se trata de una de las referentes libertarias de mayor confianza de Milei Hermanos, vocera oficiosa encargada de operaciones especiales, expareja del Presidente y guardiana de muchos secretos.
No te voy a hacer perder el tiempo abundando en el "razonamiento fuera del recipiente" –Les Luthiersdixit– de la legisladora. Simplemente cabe decir que eso que leíste es el residuo que quedó en la cabeza de Lemoine, alguna vez defensora del terraplanismo en las redes sociales, después de que alguien le contara las bases del llamado antiglobalismo, un delirio apenas más ordenado.
La ignorancia, una marca de época
Más allá de la deriva intelectual que describen, lo interesante de los dichos de Lemoine, debocados el último miércoles en el canal de streamingLaca, es que pasaron mayormente desapercibidos. Algún medio se hizo eco de los mismos simplemente poniendo el foco en la tensión con la vicepresidenta y esta misma respondió con un meme irónico que los calificaba de "muy interesantes". Es como si ya estuviéramos acostumbrados a lo extraordinario.
Pocos días antes, el propio jefe de Estado había dedicado tiempo, según un conteo de La Nación, a postear casi mil mensajes de odio contra el periodismo y periodistas concretos, y Pablo Quirno dijo que los atentados de 1992 y 1994 se produjeron cuando Argentina no estaba alineada con Estados Unidos. En base a esa calidad de información se deciden políticas y alineamientos.
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Por su parte, Martín Menem declaró con desapego, en plena conmemoración del Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas, que la guerra se produjo en "mil novecientos ochenta y pico", y la presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, Juliana Santillán, aseguró haberse reunido con el mismísimo embajador de Checoslovaquia.
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Por su parte, la trolera es un pozo ciego profundo, pero acaso cada vez menos movilizada e influyente.
¿Estamos ante el fin de los estructuralismos? Nunca como hoy, y no sólo en Argentina, la historia en vivo debe contemplar, como un elemento insoslayable, la impronta psicológica de algunos poderosos.
Cabe preguntarse por el prodigio de que un país funcione, incluso mal como es el caso, pero sin sufrir todavía daños terminales, cuando lo maneja gente que hace gala de una ignorancia tan abrumadora, y una corte en la que mandan la adulación y el culto a una personalidad poco notable –la de Javier Milei–, el miedo –a Karina Milei–, la violencia discursiva y represiva, y personajes influyentes volcados al esoterismo. Esas son las aristas de la berretocracia.
También es pertinente interrogarnos, sin respuestas fáciles que se vinculan con el justificado cansancio social y con la frustración constante que ha generado la dirigencia tradicional, cómo hemos llegado a este punto y, sobre todo, qué salida podría asegurar la ausencia de recaídas.
La voracidad de los berretócratas
La berretocracia también hace gala de una voracidad por los recursos públicos que podría haberse supuesto ajena a un sector que se declaraba libertario y dispuesto a cancelar al Estado. Hubo gente que lo creyó.
Sin embargo, donde se toca aparecen corruptelas o avivadas; dinero negro; evidencias de estafas; indicios vehementes de compra de la firma presidencial; denuncias de sobreprecios y sobornos; negocios inmobiliarios raros; niveles de vida que se eyectaron al infinito de la noche a la mañana, y créditos blandos del banco estatal que los beneficiarios –muchos del equipo de Toto Caputo– prometían privatizar para terminar con lo que alguna vez definieron como "privilegios de casta". Todo, claro, con desparpajo y llamativa desprolijidad.
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La dirigencia republicana y honestista se hace la zonza y, como se vio en la propuesta de interpelación de Manuel Adorni presentada la semana pasada en la Cámara de Diputados, ahora directamente encubre. No habla de los escándalos de Adorni Air y Adorni Propiedades, del presunto "tres por ciento" del Karinagate con retornos de dinero destinado a las personas con discapacidad ni de todo lo que reveló sobre el Libragateel teléfono del entornistaMauricio Novelli, aparente dueño por 2000 dólares mensuales de la agenda sobre criptomonedas de quien fuera el diputado Milei y por 4000 dólares de la del ya presidente.
¿Sociedad? ¿Ciudadanía?
La descomposición manda en Berretolandia.
Gobernadores que firman cualquier cosa –desde el Pacto de Mayo que en verdad fue de julio, con su compromiso de reducir el gasto público consolidado al 25% del PBI, esto es una renuncia a la renovación de la infraestructura, un seguro de desfinanciamiento de los servicios de salud y educación, y el fin del complejo de ciencia y técnica– terminan sorprendidos cuando descubren que no tienen recursos ni para pagar aguinaldos y salarios.
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Diputados y senadores –que responden a gobernadores, a partidos que devienen en sellos o vaya a saberse a qué– imponen una ley de precarización laboral en momentos en que la mileinomía licúa ingresos y destruye empleo formal para reemplazarlo por cuentapropismo.
La industria se derrumba como si hoy fuera 13 de abril de 2001 o 13 de abril del pandémico 2020, pero sus mayores referentes no dejan de expresar su respaldo al "modelo".
Los sindicalistas, salvo honrosas excepciones –que las hay– hacen la vista gorda no ya al interés de sus bases, sino a su propia condición de dirigentes de sectores en vías de extinción. Hacen tiempo, decretan paros y movilizaciones tardías... Abandonan a los suyos.
Mientras –¿cómo no mencionarlo?– parte del periodismo defiende lo indefendible y cambia de piel, entregándose a las artes de las relaciones públicas y el asesoramiento en comunicación de crisis.
El voto y la idea de representación son los hilos que unen las extravagancias de la berretocracia con la actitud de una base que parece mutar, peligrosamente, de la ira que la lanzó a la aventura a una indiferencia que no se sabe qué trae bajo el poncho.
De algún modo, no sorprende que el modelo se cebe especialmente con los docentes universitarios, los investigadores del complejo de CyT y los jubilados. Los primeros y los segundos son portadores de uvas tan deseadas como inalcanzables para la zorra; los terceros –en general, como generación– parecen ser castigados por no haber sabido reparar lo que quedó roto en los corazones de los berretócratas del presente.
El problema es que las mencionadas complicidades no son privativas de un sector grande de las dirigencias; también cunde en la Argentina de a pie, que tiene como cuenta pendiente demostrar que todavía constituye una sociedad y una ciudadanía.
De Trump a Orbán: ¿cuarto menguante de los ultras?
Estas son horas bajas para las extremas derechas internacionales.
Por un lado, Donald Trumpse mete hasta el cuello en la guerra del golfo Pérsico y, tras fracasar en una negociación imposible, en la que las dos partes se exigían rendición, bloquea el estrecho de Ormuz como forma –curiosa– de contrarrestar el estrangulamiento que ya le practica Irán. Noviembre está tan cerca...
Por el otro, el compañero de canto de Milei, el dictador húngaro Viktor Orbán, perdió ayer por paliza las elecciones legislativas después de 16 años de hegemonía a manos de un antiguo aliado, Péter Magyar, quien tras 20 años de fidelidad hizo campaña desde 2024 con un discurso de restauración de la democracia, controles republicanos y reconciliación con la Unión Europea.
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Viktor Orbán y Péter Magyar, ayer su aliado y hoy su verdugo.
También en Argentina la "ingeniería del caos" y su guion de furia autoritaria no parecen rendir ya los frutos del pasado.
En tanto, se supone que el Adornigate se lleva las marcas de situaciones más filosas, pero por ahora solamente erosiona, más que cada día a cada hora, la credibilidad de la extrema derecha gobernante.
Milei cae en las encuestas, horadado principalmente por un plan económico que no funciona, que reclama ajuste sobre ajuste por deprimir la actividad y la recaudación, y que ya demuestra que no está diseñado para cumplir las promesas que hizo. Las extravagancias de Berretolandia no lo ayudan.
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El via crucis de Manuel Adorni
El jefe de ministros que, cuando pueden, huyen de su compañía como de la peste, y vocero privado de voz, en tanto, se erige en una suerte de chivo expiatorio que purga tanto los males que le corresponden a él como los que, en verdad, tienen otros responsables.
El hombre es una montaña de barro, desparpajo y descuido. Cabe preguntarse si quienes lo sostienen le hacen un favor o si lo victimizan, dado el modo en que la selectiva Justicia federal de la Argentina hace con él todo lo que no hace con todos.
De pronto, un fiscal –Gerardo Pollicita– que investiga por delegación de quien fuera candidato a la Corte Suprema y ahora sueña con la Procuración General de la Nación, Ariel Lijo, lo observa en todo: las operaciones inmobiliarias de Adorni y su esposa Bettina Angeletti, sus viajes, sus consumos con tarjeta de crédito, y sus movimientos bancarios y operaciones bursátiles. Todavía no lo indaga a él, pero sí a su descontracturada escribanaAdriana Nechevenko, a las jubiladas y policías que figuran como inversoras en hipotecas que –en algún caso incluso por carecer de intereses– difícilmente califiquen como negocio, a los agentes inmobiliarios intervinientes y hasta al encargado del edificio de la calle Miró.
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La lupa es gigante y, si no se tratara de Adorni, de su soberbia y de sus evidentes transgresiones, hasta movería a cierta compasión.
Alguna vez nos preguntamos qué hacía Milei cuando reclutaba a los Lijo, los Mahiques y otros influyentes. ¿Se apropiaba de la "casta" –en este caso judicial– o se entregaba a ella manso e inerme?
Ese dilema todavía espera respuesta, aunque llama la atención que todos los vientos del mundo hayan comenzado a soplar contra el Gobierno exactamente el 10 de marzo.
Ese día, inicio repentino de un otoño político, apareció casualmente la primera foto del matrimonio Adorni en Estados Unidos, a donde Angeletti había llegado como polizona en el avión presidencial, hecho que derivó de inmediato en una avalancha de escándalos y en una sangría de credibilidad que el Gobierno no atina a contener con ningún torniquete.
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También el 10 de marzo, media Argentina hablaba de la eliminación de Tomy de la casa de Gran Hermano Generación Dorada, nada menos que con el 59,2% de los votos, y Milei arremetía en el evento Argentina Week organizado en Nueva York contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla. Ante una audiencia VIP, el alfarero de oposiciones los calificó de "empresarios prebendarios", los acusó de haber "atacado a los argentinos por muchos años (…) en convivencia con políticos ladrones", y los vinculó con la idea de "robo". Solamente por mencionar otras noticias de ese día, claro.
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El azar es puro capricho sin reglas. De Gran Hermano a la desgracia de Adorni: ¿quién lo habría dicho?
Así son las mariposas: aletean en un bosque perdido y provocan cataclismos en sitios distantes.