Al salir, Milei siguió de largo cuando los periodistas le preguntaban su parecer sobre el primer tramo de la exposición de Adorni, pero estalló cuando uno preguntó en voz alta si este "es corrupto". "¡Corruptos son ustedes! ¡Chorros!", replicó.
Como escribió, con una ironía notable, Juan Rezzano en Letra P, "lo disruptivo llegó después, pero en la misma secuencia: en los videos, que se hacían virales por la pulsión destituyente de los corruptos y los chorros ensobrados, inmediatamente después de que el Presidente insultara a los gritos a los periodistas –una postal de lo más común en las democracias liberales occidentales–, entra en escena, escoltando al mandatario alzado en su furia verbal, un gabinete buena onda que reparte saludos y sonrisas a los corruptos chorros ensobrados. Como si tal cosa".
Horas después, el extremista de derecha repitió su baguala ofensiva en un discurso en la Expo EFI 2026 –inquietantemente divagante–, en el que arremetió contra ese "grupo despreciable en un 95%" y se quejó de que se critiquen sus "respuestas" y no "el montón de mentiras, calumnias e injurias y todo tipo de barbaridades que dijeron de mí, de mi familia y de mis hijitos de cuatro patas… Dicho sea de paso, feliz Día del Animal".
Ay...
¿Cómo hay que referirse al Presidente?
La Argentina vive una época extraña, en la que su máxima autoridad puede darse el lujo de mostrarse como un energúmeno, sea por furia genuina o por estrategia.
Dos apuntes.
Uno, cuando trata a los legisladores del FIT de "asesinos" de "150 millones de personas", se supone que habla del comunismo soviético de Yósif Stalin, aunque decuplica los números estimados por los historiadores y, en verdad, se dirige a una seguidora de una de sus víctimas más notorias: Lev Trotsky.
Dos, cuando trata de "basuras inmundas", "cínicos", "sicarios", "farsantes", "ensobrados", "enemigos" y "operadores", entre otras cosas, al "95%" de los periodistas usa criterios generales impropios de semejantes injurias. Que se sepa, sus denuncias judiciales han sido disparates destinados a penalizar la opinión y a provocar autocensura, o delirios sobre un "espionaje ilegal" que muestra los secretos que guardan escaleras y pasillos de la Casa Rosada.
La pregunta que se cae de madura es cómo habría que referirse a él cuando el teléfono de Mauricio Novelli dice que habría cobrado una coima de 5 millones de dólares por la criptoestafa $LIBRA, o que el trader lo tenía comprado en su tiempo de diputado por 2000 dólares mensuales y, ya como presidente, por el doble de esa cifra. ¿No hay allí más indicios que los que justifican sus insultos y su explícita incitación al "odio" contra el "95%" de un colectivo?
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Mauricio Novelli y Javier Milei.
Y sin embargo…
El Presidente dice cualquier cosa, ajusta sin miramientos, desaparece a la industria, incumple leyes del Congreso y generaliza la sospecha de que, más que gobernar, está destruyendo provincias, municipios, instituciones y lazos sociales fundamentales. Su imagen, abrazada al radiactivo Adorni, cae notablemente en las encuestas, donde cunden quejas por ingresos que no alcanzan, por una inflación que no cede como se prometió y hasta por la corrupción oficial. Sin embargo…
Una interesante encuesta de Management & Fit (13 a 27 de abril; nacional; metodología presencial, online y CATI; 2600 casos efectivos y 2200 ponderados, y margen de error +/- 3,5%) recoge todos esos datos y muestra que la tendencia es francamente negativa para la extrema derecha gobernante. Con todo, incluye un dato que merece reflexión.
Respecto de la intención de voto "si las elecciones fueran mañana", el 51,6% –donde entra mucho más que una propuesta unificada– apuesta a "un cambio total de políticas y de equipo de gestión", pero un llamativo 42,8% se divide entre quienes desean "una continuidad total" y una con "algunos cambios de políticas".
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Consultada por desPertar, la directora ejecutiva de la consultora, Lara Goyburu, señaló que "ese es 'el dato' de la encuesta. Casi un 43% dice quiere la continuidad de este rumbo de gobierno y rechaza totalmente cualquier cosa que se parezca a una vuelta al pasado".
El número, ese 42,8%, no es cualquier número. Es casi un triunfo en primera vuelta, teniendo en cuenta que la Constitución establece como marcas para ganar la Presidencia el 40% de los votos con diez puntos de ventaja sobre el segundo candidato más votado o, sin vueltas, un 45%.
En la encuesta de abril "no preguntamos por candidaturas porque hoy no tiene sentido", dada la falta de claridad al respecto. Así, ¿cuánto vale hoy el 51,6% mencionado de los disconformes?
Seguramente Santiago Caputo, que cuenta con seguimientos diarios de opinión pública, vio todo esto mucho antes y eso explique en buena medida que la nueva ofensiva del Gobierno sea la reforma electoral, que intenta perpetuar el desorden de las oposiciones eliminando las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y, según Goyburu, "verticaliza las elecciones pidiendo boleta única en las provincias, lo que serviría a los fines de nacionalizar los comicios y evitar que los gobernadores se corten solos".
¿Game over?
El "sin embargo" es reversible: mientras Milei, pese a todo, retiene una intención de voto incluso superior a la aprobación a su gestión –desde febrero, esta cayó 9,6 puntos hasta 37,2%, otro dato relevante–, el presente les duele a cada vez más argentinos y el futuro le achica el horizonte de la esperanza.
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Según M&F, el rechazo a Milei ha subido al 54,1%, coincidente –en el trazo grueso y sobre todo en la tendencia– con varios otros estudios, como los de Atlas Intel y Zuban Córdoba, que señalan escenarios incluso más adversos para el oficialismo.
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Lo anterior no niega el deterioro evidente del experimento paleolibertario, sino que destaca su resiliencia y advierte sobre un cambio probablemente duradero del mapa político nacional, en el que la extrema derecha se perfila, pese a sus múltiples pecados, como un actor duradero.
Eso no debería sorprender más que a los precoces vaticinadores de derrumbes. El mundo muestra que Donald Trump aguanta los trapos en Estados Unidos y que el exitoso Luiz Inácio Lula da Silva se encamina a una pelea voto a voto con Flávio Bolsonaro en la doble vuelta de octubre-noviembre en Brasil.
Con todo, varios elementos juegan a favor de la incertidumbre, sentimiento que reina sobre la historia vivida en tiempo presente:
- ¿Alcanzará el peronismo a organizarse, superar su guerra civil, darse un liderazgo claro y que consiga persuadir de que no es "más de lo mismo" a ese sector que piensa mal de Milei, pero aun así se dice dispuesto a votarlo?
- ¿Cuán unificada o fragmentada llegará a octubre del año que viene la oferta opositora más nítida? ¿Asumirá algún cabo suelto el riesgo de que la apuesta a una segunda vuelta "segura" se convierta en reelección?
- ¿La derecha macrista-radical cumplirá con su manifestación actual de presentar una fórmula propia, que sea el "próximo paso" del mileiato, o terminará, como ayer mismo en el Congreso al escuchar la defensa de Adorni, dócil y devorada por la extrema?
- ¿Los gobernadores opoficialistas apostarán a diferenciarse o, como hasta ahora, a mimetizarse con el anarcocapitalista?
- Por último y absolutamente determinante: ¿logrará el Gobierno bajar la inflación lo suficiente y a tiempo, y podrá conseguir un mínimo de reactivación del mercado interno que le permita formar la mayoría relativa que necesita? ¿O el declive de los salarios, el consumo, la industria y el comercio derivará en un tobogán enjabonado, irremontable con una narrativa totalmente descalzada de la realidad?
Foto y película, asuntos separados.
Se presume inocente
Mientras se deteriora, pero resiste, Milei puede darse el lujo de decir disparates y hasta de abrazarse al salvavidas de plomo que es Adorni.
Según el estudio de M&F, este último conserva una imagen positiva de apenas el 12,1%, mientras que el 55,1% piensa que el funcionario al que le salieron todas las escrituras juntas debería renunciar y el 23,6% cree que, al menos, debería tomarse licencia.
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Mientras, la exposición de este, las preguntas y respuestas, y los cruces picantes de ayer delinearon una vez más el costado espectacular de la política, algo no necesariamente condenable, pero menos sustancioso que lo que parece.
¿Qué sacará como conclusión el sector de la población que le haya prestado atención a Adorni y a su exposición leída de un guion? ¿Cuánto influirán las horas de tedio y cuánto los recortes de redes y los algoritmos? ¿Habrá ganado el sospechado de corrupto por no haber sido noqueado por la oposición?
El jefe de Gabinete, claro, proclamó su inocencia de todos los cargos que se le formulan, pero dejó unas cuantas puntas sueltas:
- Dijo que los viajes en avión privado a Punta del Este los pagó de su bolsillo, aunque las facturas conocidas figuran a nombre de su amigo Marcelo Grandio.
- Aruba, con sus pagos cash, no estuvo en su mapa. Tampoco aclarar por qué mintió en una entrevista con Luis Majul en la que dijo que la escapada familiar a Uruguay había sido su único recreo desde el inicio del Gobierno.
- Afirmó que no tiene propiedades fuera de sus declaraciones juradas vencidas, aunque no figure en la del año pasado la casa de Exaltación de la Cruz, escriturada en noviembre de 2024. Todo consta, aseveró, en los anexos secretos de las mismas. ¿Secreto por una casa en un country?
- No dio su versión del pago en negro de 65.000 dólares que habría pactado, según el hijo de una de las jubiladas vendedoras y prestamistas, por el departamento de Caballito.
- Asimismo, negó que la TV Pública, que orbita bajo su autoridad, tenga contratos con su amigo Grandio. ¿Cómo es, entonces, que este tenía programas en ella? Al parecer, Adorni juega con la literalidad: los contratos no están firmados con el periodista, sino con su productora.
- Lo mismo cabe decir sobre la ausencia de negocios entre su esposa, Bettina Angeletti, y el Estado. ¿Cómo pudo esta, si eso es así, dar cursos de coaching –su especialidad– en empresas estatales?
En el fondo, lo primero que se ha roto en la Argentina paleolibertaria es el valor de los argumentos. La palabra del vocero no vale gran cosa y, como se dijo al principio, la del Presidente tampoco.
Resulta claramente funcional a eso la tendencia nacional a ocultar un elefante en medio de una manada. Así ocurre con los kafkianos juicios orales, supuestamente más ágiles, que duran meses por incluir cientos de testigos que tienen poco y nada que aportar. También, como se vio ayer, las interminables horas de show parlamentario, en este caso las 4800 preguntas presentadas y las 1936 páginas en las que Adorni anticipó sus respuestas.
Pese a todo y más que nunca, te deseo un feliz Día del Trabajador. Hasta el lunes.