Rodrigo De Loredo lanzó su candidatura a gobernador de Córdoba
Rodrigo de Loredo dio inicio formal a su campaña como precandidato, aún, a gobernador de Córdoba por la UCR. En condición de tal, envió claros mensajes a cada uno de los adversarios que ya prefigura en un camino que carece de referencias temporales precisas aún.
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Los principales dardos volvieron a ser, como era previsible, para el PJ. Como desde hace años, el exdiputado advierte sobre consecuencias negativas de los 28 años (que presentó como tres décadas) que lleva el peronismo en la gobernación. Habló de régimen y no ahorró denuncias por corrupción.
“Dejo hoy formalmente inaugurada la campaña más larga, más extensa, que no tendrá otro destino que volver a gobernar la provincia más grande, más fuerte, más productiva, más linda de la República Argentina”, sintetizó sobre el cierre, con la voz a punto de quiebre, el extitular de ARSAT.
Las palabras marcaban el cierre del De Loredo Sessions, la curiosa denominación que eligió para presentar la convocatoria al Quality Espacio, un reducto de resonancia radical, donde otrora oficiaran de anfitriones Oscar Aguad, durante sendas candidaturas a gobernador, y el exintendente Ramón Mestre (h).
Ante una multitud que colmó las instalaciones, el excandidato a intendente de la capital, en dos ocasiones, se presentó como un DJ, encaramado en un escenario que lo tuvo en soledad y gesticulando sobre bandejas correspondientes.
Entre la audiencia que logró ingresar al recinto (muchos quedaron afuera) destacaron las figuras que lo acompañan en su cruzada. En una tarima sobre la multitud, los legisladores Matías Gvozdenovich, Alejandra Ferrero,Gustavo Bottasso y Ariela Szpanin, junto a Rubén Dagum y Roberto Casari, autoridades del Foro de Intendentes Radicales.
Rodrigo de Loredo en su acto de lanzamiento 1
Junto a ellos, un nutrido grupo de jefes comunales, entre los que sobresalían Javier Dieminger, de La Falda, Ezequiel Lemos, de Río Ceballos, Juan Moroni, de Bell Ville, Nicolás Filoni, de Oncativo, y Leopoldo Grumstrup, de Pilar.
Por debajo, en una oscuridad pensada para resaltar la centralidad del orador, decenas de correligionarios improvisaban coreografías al ritmo de una mescolanza musical, dirigida por una DJ de oficio, que alternó épocas, ritmos y lenguajes.
Más lejos de ellos, otros tantos blandían carteles con estética festivalera. Los mensajes denotaban presencia territorial y liderazgos.
El desafío a Gabriel Bornoroni y Luis Juez
Alternados, significativos tramos del discurso deloredista, apuntaron al corazón del radicalismo mediterráneo. Despejando cualquier duda, se encargó de ratificar su voluntad de encabezar la oposición al PJ. La ancló en dos conceptos. Primero, el poder que siente por haber dicho que no a su propia pretensión, hace sólo dos años. Aseguró que tal decisión fue táctica: evitar una división que favoreciese al peronismo. “Pegó en el palo”, lamentó.
Pero de inmediato, tomando como referencia a Friedrich Nietzsche, presentó como un mandato sagrado (junto a otros) “mantener la candidatura a gobernar la provincia”.
Tal postulación no se concibe fuera de un frente opositor a Llaryora, a quien apenas mencionó. Pero, vociferó, ya no será a costa de un radicalismo renunciante. “Somos los únicos boludos que mejor medimos, más conocemos y nos tenemos que hacer al costado”, afirmó.
Consecuentemente, su candidatura será disputando la cabeza de un futuro armado como dejó en claro en su desafío abierto a Bornoroni, Juez, y cualquier otro dirigente que comparta coordenadas.
“Vengo a ofrecer a ese frente que organicemos un comicio, para que sea la gente la que participe (de la selección). Organicemos un proceso electoral corto, barato, realizable para que el pueblo de Córdoba que está harto del peronismo sea el que resuelva quién lleva la bandera en este proceso”, remarcó.
De Loredo repitió que el radicalismo es “el partido que más conoce a Córdoba” porque es “el que más ama a Córdoba”. Reforzando la idea, aseguró que los rojiblancos son “los únicos que garantizamos un proceso de transformación de la provincia”.
Más aún, los arengó como los rebeldes que deben poner fin al tiempo de “una pandilla de bandidos” que llegó para “asaltar” e impedir que la provincia, caracterizada como pequeño país, cumpla su destino de grandeza. “Se escribe Córdoba, se pronuncia Formosa”, sintetizó, en la comparación que más gusta a los contrincantes del peronismo.
En su diagnóstico, aquella transformación debe comenzar por revertir una serie de acciones que fueron concebidas para “peronizar” la provincia y garantizar la continuidad de sus gestiones en el poder.
Rodrigo de Loredo en su acto de lanzamiento
Posicionar a Córdoba como hub logístico e industrial de una economía minera, aprovechando su estratégico lugar geográfico y su tradición traducción manufacturera; una nueva educación, que recupere rigor académico, sin cogestión con los sindicatos; eliminación de las agencias con que el PJ avanzó en la descentralización del Estado; conformación de una nueva burocracia estatal, a partir de la reducción de cargos y áreas; una novel estructura tributaria, con una reducción de impuestos; un renovado sistema penal, con cárceles de máxima seguridad; eliminación de las Fiscalías Anticorrupción, a las que describió como garantías de impunidad; fueron algunas de las ideas que esbozó en la siesta mediterránea.
Según prometió, esas “reformas necesarias” serían presentadas a la Legislatura en los primeros 30 días de su hipotético gobierno. “Somos los únicos que lo podemos hacer”, remachó para su cierre.