1930 - ∞

Taty Almeida, la que abrazaba la lucha por los derechos humanos con una sonrisa

Falleció a los 95 años. De "señora común" a referente central de las Madres, su voz potente seguirá guiando el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia.

Lydia Stella Mercedes Miy Uranga de Almeida, “Taty” para la Argentina y el mundo, falleció este domingo a los 95 años y dejó retumbando en el viento sus ya conocidos “30 mil compañeros detenidos desaparecidos presentes, ahora y siempre”. El movimiento de derechos humanos perdió, así, la compañía casi diaria de una de sus voces más reconocidas y persistentes.

Sin embargo, coinciden en los organismos y las agrupaciones atravesadas por las banderas de Memoria, Verdad y Justicia, su guía permanecerá “para siempre”.

Referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, dedicó más de medio siglo a reclamar Verdad y Justicia por su hijo Alejandro Almeida, secuestrado y desaparecido por la Triple A en 1975, y se convirtió en una figura central de las luchas por los derechos humanos desde el regreso de la democracia.

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Su historia tuvo una particularidad que ella misma se ocupó de remarcar durante años: no provenía de la militancia política ni de los espacios de izquierda que reivindicaría más adelante. Nació el 13 de junio de 1930 en una familia de tradición militar. Era hija de un teniente coronel, hermana de un coronel del Ejército y cuñada de dos efectivos de la Fuerza Aérea. Trabajó como maestra y llevó durante décadas una vida que ella misma definía como la de una "señora común", alejada de la participación política.

La Argentina de Taty, un antes y un después

Por eso, cuando reconstruía su recorrido, solía insistir en que la desaparición de Alejandro no sólo había modificado el rumbo de su vida sino, también, su manera de entender el país.

Alejandro Martín Almeida, su segundo hijo –Jorge llegó primero y María Fabiana, quien la acompañó paso a paso hasta el último día de su vida, después– tenía 20 años cuando fue secuestrado el 17 de junio de 1975. Estudiaba Medicina, trabajaba y militaba políticamente. Su desaparición ocurrió nueve meses antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y fue atribuida a la Triple A, la organización parapolicial que operó durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Nunca apareció. Tampoco se conoció el destino final de sus restos.

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“Ruego a Dios que no me lleve sin antes poder acariciar los huesos de Alejandro”, deseó en una de sus últimas apariciones públicas, en el marco de la inauguración de una muestra de la CGT en el Espacio Memoria que funciona en la ESMA. Taty insistió siempre en el carácter civil de la dictadura militar de 1976 con el objetivo de poner la lupa en la meta de modificar la matriz político-económica del país que tuvo aquel gobierno de facto y su plan de exterminio.

En numerosas entrevistas, Taty contó que después del secuestro descubrió facetas de la vida de su hijo que desconocía. Entre sus pertenencias encontró escritos, reflexiones políticas y poemas que le permitieron acercarse a una parte de Alejandro que hasta entonces no había conocido. Fue en ese contexto que empezó a repetir una frase que terminaría identificándola: "Alejandro me parió a mí".

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Taty Almeyda y la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carloto, dos referencias centrales de la lucha por los derechos humanos en la Argentina.

Taty Almeyda y la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carloto, dos referencias centrales de la lucha por los derechos humanos en la Argentina.

La expresión resumía una transformación personal y política. La mujer, nacida y criada en una familia donde las Fuerzas Armadas representaban autoridad y prestigio, recibió mentiras cuando acudió a ellas para solicitar ayuda para encontrar a su hijo.

La búsqueda de respuestas la llevó a recorrer cuarteles, dependencias policiales, juzgados e iglesias. Nada logró. A fines de 1970 se acercó a las Madres de Plaza de Mayo, un grupo de madres como ella que, en peregrinación sin descanso por los mismos lugares que ella, comenzaron a unificar sus reclamos.

Se unió a ellas, donde desafió públicamente a la dictadura, abrazó las luchas de Alejandro y comenzó formalmente su militancia por él y el resto de los detenidos desaparecidos.

Almeida integró durante años la Asociación Madres de Plaza de Mayo y luego pasó a formar parte de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el sector que se consolidó tras la división interna del organismo, en 1986.

Desde allí participó activamente en campañas de denuncia, actividades educativas, marchas, presentaciones judiciales y acciones vinculadas con los procesos de memoria, verdad y justicia impulsados desde el regreso democrático.

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Los restos de Taty Almeida fueron despedidos este lunes en la sede de Foetra.

Los restos de Taty Almeida fueron despedidos este lunes en la sede de Foetra.

Su figura adquirió especial relevancia durante los juicios por delitos de lesa humanidad reabiertos a partir de la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Como muchas otras Madres y Abuelas, acompañó audiencias, participó en actos públicos y se convirtió en una referencia habitual para nuevas generaciones interesadas en la historia reciente argentina.

Desde la Línea Fundadora llegó la confirmación de la “noticia más tiste”, recién estrenada la noche. “Gracias por esa capacidad tan tuya de hacer más livianos los momentos difíciles sin perder nunca la profundidad de tus convicciones. Nos enseñaste que la lucha también puede abrazarse con alegría”, la despidieron con un comunicado desde el organismo que integran las poquitas madres que continúan siendo protagonistas de la lucha que fundaron, y trabajadoras y trabajadoras que las acompañan en la tarea. Norita Cortiñas y Vera Járach partieron el año pasado.

“Tantas marchas, tantos momentos compartidos, amargos y dulces, tanta lucha que no cabe en un puñado de palabras, esa presencia que imponía Taty en donde fuera, esa firmeza sin perder la ternura, ese corazón que la llevó a abrazar la vida hasta el final y la convirtió en una figura central e indiscutida del movimiento de derechos humanos”, la despidieron desde Abuelas de Plaza de Mayo.

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"Taty, nuatra todo"

Su compañía a aquellos jóvenes que en 1995 fundaron H.I.J.O.S. fue especial. Lucila Quieto, quien integró los primeros años de la agrupación, la recordó con fotografías que ilustran algunos de aquellos primerísimos encuentros: reuniones para armar siluetazos, entrevistas con jueces internacionales para intentar derribar afuera la impunidad del adentro, momentos de risa, gestos chistosos. “Taty fue cariñosa y generosa”, la definió la joven, hija de Carlos Quieto, militante montonero detenido desaparecido y sobrina de Roberto Quieto, fundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

“Taty es una forma de luchar, la confirmación de que no hay incompatibilidad entre la sonrisa y el reclamo por una profunda injusticia –como es el secuestro y la desaparición de un hijo o hija–”, intentó Giselle Tepper, de la regional Capital de la agrupación. Tepper destacó que la Madre “siempre defendió la unidad más allá de las diferencias, intentó discutir y debatir y demostrar que estar en desacuerdo no significa no poder llegar nunca a algo en común. Solo se necesita más tiempo”.

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“Taty era una integrante de H.I.J.O.S., con ella y con Lita (Boitano, de Familiares de Desaparecidos detenidos por razones políticas) hubo siempre una relación muy compinche”, por lo que definir la huella que deja es una tarea difícil en estos momentos.

“En tu pañuelo su nombre. En nuestra lucha, el tuyo. Digan donde está Alejandro, el hijo de Taty”, la despidió la regional Capital de H.I.J.O.S. Algunos de sus miembros la acompañaron de cerca en los últimos tiempos.

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Con el paso de los años, su presencia se volvió frecuente en escuelas secundarias, universidades y encuentros organizados por organismos sociales, sindicales y políticos, algo que sostuvo incluso con más de 90 años. La transmisión de la memoria ocupó un lugar cada vez más importante en su actividad pública. Frente a estudiantes nacidos décadas después de la dictadura, insistía en la necesidad de conocer lo ocurrido durante el terrorismo de Estado para evitar que esos hechos volvieran a repetirse.

Aunque su figura quedó asociada principalmente a la defensa de los derechos humanos, Taty Almeida nunca evitó intervenir en debates políticos de coyuntura. Mantuvo posiciones críticas frente a distintas administraciones y se pronunció en reiteradas oportunidades sobre políticas vinculadas a la Memoria, el sistema judicial y las condiciones sociales del país.

Una voz potente contra el negacionismo de la dictadura

En los últimos años se convirtió en una de las voces más activas contra los discursos negacionistas que relativizan la magnitud del terrorismo de Estado o cuestionan las políticas de derechos humanos desarrolladas desde 1983. Arremetió contra el gobierno de Mauricio Macri y, en especial –no solo por su negacionismo y reivindicacionismo de la última dictadura, también por las brutales políticas de ajuste que implementó desde su llegada–, contra el de Javier Milei y de Victoria Villarruel, a quienes acusó de convertir al Estado en una institución que “no busca” a los desaparecidos, “que los niega”.

En la última marcha por el Día de la Memoria, la de los 50 años del Golpe, la más multitudinaria de, por lo menos, la última década, Taty pidió desde el escenario que la gente levantara las fotos de los y las detenidos desaparecidos. “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Porque somos el país del Nunca Más y del pañuelo blanco”, gritó.

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Taty Almeida, la lucha a voz en cuello.

Taty Almeida, la lucha a voz en cuello.

En abril de este año recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires. Durante ese acto volvió a defender una de las ideas que había sostenido durante décadas: la importancia de continuar la lucha por Memoria, Verdad y Justicia aun cuando gran parte de la generación fundadora de Madres y Abuelas ya no estuviera presente. La frase que más repitió en esa etapa final sintetizaba esa convicción: "La única lucha que se pierde es la que se abandona".

A ella le sumó “no nos han vencido”, algo que acompañó su apelación a las nuevas generaciones. “Estamos tranquilas, estamos pasando la posta”, solía recordar en sus apariciones públicas. “Hoy nos toca despedirte, Taty querida, con el corazón roto pero lleno de gratitud. Nos quedamos con tus palabras resonando fuerte: nos recordaste la importancia de nuestra aparición en este camino y nos diste la certeza de que la posta ya está en manos de las próximas generaciones”, la recordó la agrupación Nietes.

Almeida había ingresado y salido del servicio de internación del Hospital Italiano durante las últimas semanas en varias oportunidades. El domingo por la mañana, acompañada por sus hijos María Fabiana y Jorge y por el resto de su familia de sangre y militante, desmejoró marcadamente. “Le dijimos dale, vieja, soltá. Dale, que Alejandro está arriba, te está esperando, abrácense. Sígannos desde arriba que vamos a seguir desde acá buscando a Alejandro y a los 30 mil”, declaró su hija a los medios poco después del fallecimiento, a las 19.20.

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La despedida de Taty Almeida, en la sede del Foetra: este lunes hasta la medianoche y el martes hasta las 14.

La despedida de Taty Almeida, en la sede del Foetra: este lunes hasta la medianoche y el martes hasta las 14.

La despedida a Taty se realizaba desde las 14 de este lunes y hasta la medianoche, y continuará el martes hasta las 14, en la sede porteña del Sindicato de las Telecomunicaciones (Foetra), un lugar al que tanto las Madres como las Abuelas sintieron y sienten como propio.

La cola para despedirla ocupó más de una cuadra durante toda la jornada, enmarcada en una valla de contención de la que colgaban decenas de pañuelos blancos. Un atril con una fotografía de su cara sonriente encabezó el cajón, que quedó rodeado de pañuelos, remeras y carteles. La familia pidió que quienes quisieran ir a despedirla no llevaran flores.

Mapa de juicios y sentencias por delitos de lesa humanidad de la dictadura militar al 24 de marzo de 2026
Jorge Rafael Videla y el resto de los jerarcas de la dictadura, en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

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