La paradoja de Juan Schiaretti: pelear por el PJ desde el gobierno de Javier Milei
Por primera vez, el gobierno de Córdoba aportará funcionarios a la primera plana nacional. Necesidades mutuas y un arma de doble filo para el plan cordobesista.
Llaryora y Giordano, junto a Diego Valenzuela, Diana Mondino, Rogelio Frigerio y Manuel Tagle, durante una charla en La Bolsa de Comercio de Córdoba.
Juan Schiaretti tendrá la oportunidad de dar cuenta de su mirada respecto de los primeros meses de la gestión de Javier Milei, a quien no ve desde el debate presidencial previo a las elecciones generales.
Aunque sus alfiles dentro del gobierno de Córdoba nieguen públicamente cualquier tipo de acuerdo e incluso renieguen de esas acusaciones en privado, Juan Schiaretti se va convirtiendo en la tercera pata de la mesa que sostiene el armado político con el que, con el apoyo de Mauricio Macri, Javier Milei desembarcará en la Casa Rosada el próximo 10 de diciembre.
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Cuando termine de confirmarse el equipo del nuevo presidente, el cordobés será el oficialismo provincial que más nombres aportará, si no hay nuevas sorpresas, al primer gabinete liberal libertario de la historia mundial. Y aunque desde la cúspide del poder mediterráneo aseguran que los fichajes deOsvaldo Giordano y Franco Mogetta responden a decisiones particulares es demasiado difícil imaginar que sus roles estarán alejados del día a día que marcará el rumbo de las futuras gestiones.
Si, como ya contó Letra P, la intención de la cúpula cordobesista continúa apuntando a encabezar la renovación del peronismo en todo el país, un eventual fracaso en la gestión libertaria dejaría demasiado expuesto al gobierno provincial. Escudado en su apuesta por presentarse como garante de la gobernabilidad y del perfil federal de la próxima administración, formará parte de la estructura que acompañe la estadía de Milei en la Casa Rosada.
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Los argentinos no estamos condenados al fracaso. Al fracaso nos llevaron el kirchnerismo y el macrismo, que expresan Sergio Massa y Patricia Bullrich. Además hay otras propuestas que no se aplicaron en ningún lado del mundo y que significan un viaje a lo desconocido. Por mi… pic.twitter.com/A97B2wFmGb
“La pretensión de ‘rearmar el peronismo’ es incompatible con asociarse al más bruto antiperonismo”, lanzó esa semana Alejandro Topo Rodríguez, que junto a Graciela Camaño, pegó el portazo y se fue del Interbloque Federal apuntando contra Schiaretti y Florencio Randazzo. Los acusan de dejar a un costado los señalamientos que se hacían contra Milei en la campaña que los tuvo trabajando juntos y que ejercía una férrea defensa a un modelo con el Estado presente, cuestionaba al macrismo y destacaba las políticas de género, la defensa de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y que advertía que la opción libertaria representaba un "viaje a lo desconocido".
“Tenemos que gobernar”
La "gobernabilidad" que el peronismo cordobés ofrece al equipo libertario es en realidad fruto de una necesidad en espejo. Por estas horas, Llaryora, que ya tiene contactos directos (y lógicos) con la cúpula de La Libertad Avanza, analiza si adapta su gabinete al achicamiento de época que propone el discurso de Milei.
“Hay que atajarse”, dicen en el entorno del gobernador electo, a la vez que reconocen la posibilidad como un movimiento “preventivo”. El volantazo no está definido, pero ya hay ejemplos en algunas ciudades importantes del interior cordobés. En Alta Gracia, por ejemplo, el equipo de gestión se reducirá a la mitad. “Es por la incertidumbre de lo que se puede venir con un proceso de inflación, tratando de hacer un recorte a la estructura actual”, reconoció el intendente Marcos Torres en una entrevista con La Voz.
Más allá de eso, no deja de ser llamativa las áreas específicas que ocuparán los cordobeses que pegan el salto al gabinete nacional, que se relacionan de modo directo con las zonas más complejas de la administración mediterránea.
“Tenemos que gobernar”, repite el mantra del llaryorismo que empieza a alinear sus patitos para tener una buena relación con la gestión nacional en condiciones que ningún otro gobierno cordobesista tuvo en sus casi 25 años de historia, con funcionarios de primera línea ocupando cargos nacionales.
Las potenciales buenas noticias para Llaryora no terminan ahí. En el listado de prioridades que obligan a un diálogo aceitado, Córdoba sumó otros dos frentes: los subsidios para las tarifas de energía y la obra pública.
En esas dos áreas también empezaron a sonar nombres de la política mediterránea. El ministro de Servicios Públicos de la Provincia, Fabián López, suena para Energía. De amplia trayectoria en el Estado, fue subsecretario de Recursos Hídricos bajo la órbita de Julio De Vido durante los gobiernos kirchneristas. Tiene, además, reservada su continuidad en el gabinete provincial en la cartera que ocupa.
Hugo Testa, ministro de Obras Públicas durante las gestiones de Schiaretti y José Manuel De la Sota, es otro de los sondeados para los equipos del futuro Ministerio de Infraestructura liberal libertario. Como ya contó este medio, la lista podría no cerrarse allí.
Polaroid noventosa
Si, como aseguran en las usinas cordobesistas, no hay ningún tipo de acuerdo que explique el desembarco de los funcionarios provinciales al gabinete nacional, la suerte parece estar del lado de Hacemos Unidos por Córdoba, que encontrará funcionarios amigos en lugares clave.
Francos es también amigo personal de Daniel Tillard, titular del Banco Provincia de Córdoba, y otro de los nombres que empiezan a sonar para integrar la próxima gestión libertaria. En el futuro ministro de Interior hay un perfil identitario que explica el hilo rojo que conecta a cordobesistas y liberales. Ese conector tiene nombre propio: Domingo Felipe Cavallo. El exministro de Economía es sanfrancisqueño, como Llaryora.