¿Por qué habría de vencer Milei donde han fracasado quienes lo antecedieron y soñaron con la instauración de una nueva hegemonía? ¿Es posible que los excesos de la yihad cultural amenacen incluso los logros provisionales del mandato originalmente cedido por la mayoría del electorado, esto es la estabilización de la economía como base de un proceso de mejora de la calidad de vida?
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El dólar volvió a ser noticia, mal augurio para el plan de Javier Milei, que hace ruido.
Javier Milei, entre los excesos y el plan sistemático
Puede pensarse, como primera hipótesis, que la pelea por la hegemonía cultural, esa apropiación ramplona que las nuevas derechas internacionales han hecho del gramcismo, arrecia en la Argentina cada vez que el Gobierno percibe que la realidad se le pone adversa, tanto en lo económico como en lo político-discursivo.
Si así fuera, podrían citarse los corcoveos del dólar, la traición de J.P. Morgan y otras referencias del mercado, el peligro de que esto vuelva a instalar la inflación en la irritante meseta del dos y pico, el drama sin solución del consumo, la tensión con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el conato de rebelión presupuestaria de los gobernadores y el Congreso, el fallo neoyorquino que pretende confiscar la gallina de los huevos de oro –el 51% de las acciones de YPF–, el escollo que esto supone para inversiones externas que no terminan de fluir y la pérdida de la centralidad en su feudo de las redes sociales.
El listado, que incluye el componente más inmediato de cierto deterioro en encuestas muy seguidas por el Círculo Rojo, es fuerte, pero tal vez no haya que exagerar con él cuando la administración de extrema derecha sigue gozando de un crédito social significativo y de perspectivas electorales favorables. Hasta podría pensarse que semejante cúmulo de problemas es la normalidad de la Argentina.
Hay, en tanto, una segunda hipótesis para pensar la ofensiva del momento, que se vincula con lo mencionado al principio: lo que Milei y los suyos consideran que es su rol histórico incluye el reformateo, la refundación de la cultura nacional, misión que se expresa en golpes espasmódicos, cada vez más frecuentes, intensos y delicados.
¿Por qué los espasmos y no, en cambio, una ofensiva rectilínea y uniforme?
El viernes, este medio destacó como llamativo el hecho de que Milei se hubiese mostrado mayormente medido en la cumbre del Mercosur, evitando confrontar en términos personales con Luiz Inácio Lula da Silva e, incluso, tragándose la píldora gorda de la visita de este a Cristina Fernández de Kirchner, narrada por la líder peronista en términos de la instalación en el país de nada menos que un "terrorismo de Estado de baja intensidad". Otro ejemplo es el modo en que se olvidó de su "amigo" Elon Musk ni el magnate cayó en desgracia con Donald Trump.
Milei tiene su carácter, pero no come vidrio. Acaso mucho de sus desbordes –insultos, apodos desdorosos, incitaciones a la violencia, acosos judiciales…– sean, en realidad, producto de un guion que le escribe su Ingeniero del Caos y replican las terminales del Ministerio del Odio. Sí, Milei sigue un guion minucioso y, con él, acelera y frena alternativamente el ritmo de la "batalla cultural".
En otras palabras: no son excesos, sino un plan sistemático.
La "lógica" de la yihad, una declaración de guerra a la Argentina
Cuando se hace el repaso de la variedad de los sectores agredidos o descalificados por el mileísmo, parecería que Milei decidió declararle una guerra a la propia Argentina. ¿Qué clase de proyecto de poder se puede construir sobre semejante base?
Uno que excite la fragmentación social y electoral, al modo en que Giuliano da Empoli describe en su libro Los ingenieros del caos, lo que hace posible que hoy un sector político prevalezca apenas movilizando a su núcleo duro. En la era de la política de la indiferencia, obtener un 30 y pico por ciento de los votos permite prevalecer y proyectar una imagen –algo distorsionada– de dominio sobre el sistema político, como ocurrió con el triunfo de Manuel Adorni en las legislativas de la Ciudad de Buenos Aires.
Javier Milei y las teorías biologicistas del mal
No sorprende que la "batalla cultural" adopte en estos días un tono religioso. Mientras se prepara para convertirse de nuevo en espectáculo teatral, pasea a las referencias "intelectuales" –perdón: algún nombre hay que darles– de la yihad.
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Agustín Laje organiza el "Derecha Fest", otro panic show que estelarizará Javier Milei.
El extremista chileno Axel Kaiser, una de las cabezas visibles de la Fundación Faro que la flor y nata del Círculo Rojo ha aceptado financiar, viene de contarle a un deslumbrado Esteban Trebucq sobre presuntos estudios científicos que vinculan las ideologías progresistas con enfermedades mentales.
El titular de ese ente, Agustín Laje, cautivó con una narrativa similar a Eduardo Feinmann, a quien le confirmó la presunción de que "el kirchnerista o el kirchnerismo son (sic) resentidos sociales". Agregó que "como tales buscan generar daño a aquellos a los que envidian".
Ya no se habla simplemente de un fenómeno político o de sus dirigencias, sino de sus bases, que hoy se podrían ponderar sin dificultad en al menos un cuarto y acaso un tercio de los argentinos. Esos ya han sido declarados culpables.
En la misma charla en A24, el propio Laje cerró ese círculo al equiparar a Jesús con Milei para justificar que el Presidente tiene derecho a "destratar" y a "usar formas violentas" contra quienes representan "el mal".
¿Qué otras violencias, aparte de la de "las formas", creerá lícito usar contra personas que encarnan "el mal" en una forma absoluta? Tal vez esta pregunta sume un elemento para entender la conducta de las policías bravas de Patricia Bullrich para lidiar con jubilados, periodistas y manifestantes pacíficos.
Una curiosidad sobre Laje es su modo de hablar, con jotas exacerbadas, que seguro que no es un producto del acento de su Córdoba natal. Tal vez lo sea de sus frecuentes pasos por España, pero en todo caso eso, sumado a la exégesis bíblica que se atreve a ensayar, le da el aire de una suerte de obispo medieval.
Javier Milei versus zurdos, kukas, católicos...
El propio Presidente acudió a Chaco para dar el discurso de cierre del Congreso de Iglesias Evangélicas. Fue en el Portal del Cielo, un templo para más de 15.000 personas que acaba de inaugurarse y donde el pastor Jorge Ledesma obra milagros como la cura de la parálisis y cobró entradas de hasta 100.000 pesos a sus fieles para asistir al encuentro. En la ocasión, al parecer, Milei dejó en pausa su fascinación por la absurda versión del judaísmo que le enseñó su rabino y embajador en Israel Axel Wahnish, para volver a abrazar un cristianismo no menos peculiar.
Aunque se cuidó de decir que el capitalismo haya nacido en tiempos bíblicos, aseveró, malversando a Max Weber, que su "ética (…) encontró en la tradición judeocristiana un terreno fértil para desarrollarse". Esto es importante: para el sociólogo alemán, ese "terreno fértil" no fue primordialmente "la tradición judeocristiana" en general, sino el protestantismo calvinista en particular.
De hecho, Milei dijo lo que dijo en un encuentro de iglesias evangélicas. La justicia social, que definió como "uno de los virus que le han metido en la cabeza a la gente y que llena de envidia, odio y resentimiento a cada una de las personas", "no deja de ser un pecado capital". "Como diría (sic) en algún momento Thomas Sowell: '¿Desde cuándo la envidia dejó de ser un pecado capital y pasó a convertirse en una virtud?'". "¡No nos van a doblegar! ¡Nosotros conocemos las Sagradas Escrituras!", clamó.
Embed - MILEI DIÓ EL DISCURSO DE SU VIDA Y SE FUE OVACIONADO POR UNA MULTITUD EN CHACO
En su discurso culpó de la inoculación de ese "virus" a "la izquierda", pero por contexto y por su referencia weberiana no es difícil interpretar que su blanco fue, en realidad, la Iglesia católica, su doctrina social, la herencia reciente de Francisco y su continuidad ahora en León XIV.
Este es un hecho político de primer orden: a la brasileña, Milei busca hacer pie en las feligresías evangélicas para quedarse con un paquete grande de votos tendientes a la derecha dura.
El hasta ahora desconocido pastor Javier basó en los textos sagrados la noción de que el Estado es "un falso dios" y "la representación del Maligno en la Tierra", cuya defensa atribuyó a "la casta" formada por "los empresarios prebendarios, los políticos corruptos y los periodistas ensobrados". ¿Serán especies en peligro de extinción?
La política que se rinde a sus pies y el empresariado que riega de dólares la yihad de Milei y Laje –el heredero deseado para 2031–, a esta altura más corresponsables que simplemente cómplices, siguen sin dar las respuestas debidas a tendencias que ya pasan de castaño a oscuro.