Córdoba: Llaryora repartió con Vigo el control del PJ de la ciudad y recortó la lista de delfines de Passerini
El gobernador cedió el manejo administrativo, pero será un nombre propio el que vaya por la intendencia de la capital. Natalia de la Sota, la gran ausente.
Martín Llaryora, Alejandra Vigo, Juan Schiaretti, Daniel Passerini
Martín Llaryora sorteó el trámite de renovación de autoridades partidarias mediante una lista de unidad que contiene a (casi) todos los sectores del peronismo de Córdoba. La cita comicial, prevista para el 3 de mayo, sólo se cumplirá en un puñado de distritos, aunque hasta las últimas horas habrá intentos por lograr acuerdos.
La cesión del control partidario, que muchos califican de mero trámite administrativo, no implica una resignación de poder. Por el contrario, la mayor parte de las figuras que caminan la ciudad coinciden en que la candidatura para retener la intendencia, en poco más de un año, quedará en manos de un nombre rápidamente identificable como llaryorista.
La consideración de tal posibilidad opera también como filtro: del total de nombres que pululan con intenciones, declamadas o tentativas, sólo tres responden a tal condición. Todos, con rango ministerial en la provincia: Miguel Siciliano,Marcelo Rodio y Juan Pablo Quinteros. Por fuera de ese trío, sólo Héctor Pichi Campana parece conservar chances, aunque como fruto de un consenso más amplio.
Equilibrio con Daniel Passerini y Alejandra Vigo
La nueva estructura formal del PJ en capital refleja respeto al tándem, consolidado en los últimos años, entre el intendente y la senadora. También considera la creciente preponderancia de Siciliano, superministro provincial con despliegue en la ciudad, ex precandidato, quien parece haber tomado diferencia, no sólo de rango, en un figurado cotejo con el resto de aspirantes al gobierno municipal.
Alejandra Vigo, Martín Llaryora, Daniel Passerini, en el acto del 1 de mayo.jpg
El intendente Passerini fue ratificado como presidente en Capital. Detrás se encolumnan cuatro nombres identificados Vigo: Claudia Martínez, secretaria de la Mujer de la Provincia; Raúl La Cava, secretario de Políticas Sociales en la Municipalidad; la concejala Sandra Trigo y el legislador provincial Leonardo Limia. Luego la secretaria de Ambiente de la Provincia, Victoria Flores y el concejal Marcos Vázquez, primer llaryorista “puro”.
Paulo Cassinerio, secretario de Desarrollo Social en Provincia, representará a Capital en el Congreso provincial. Reemplazará en ese rol precisamente a Vigo, su referencia territorial. Su alterna será la concejala Soledad Zarazaga, segundo nombre del armado de Siciliano.
Entre la veintena que completa la nómina destacan dos passerinistas con denominación de origen: el secretario de Capital Humano, Sergio Lorenzatti, y el presidente del bloque oficialista en el Concejo Deliberante, Martín Simonian.
Junto a ellos, cuatro que ya han expresado su voluntad: el concejal Diego Casado; Rodio, ministro de Cultura de la Provincia; Campana, su homólogo en la Municipalidad; el secretario de Participación Comunal de la ciudad, Juan Domingo Viola.
En otras palabras, aunque el control del armado capitalino haya quedado formalmente a cargo de otros dirigentes, el gobernador no delegará su acción de oro a la hora de decidir el sucesor de Passerini.
“Martín va a poner un propio. Toda esta movida es para reafirmar su control del partido, pero pensando ya en las elecciones. Justamente por eso no querrá resignarse: necesita uno leal que le cuide el terreno”, explica un dirigente con recorrido.
Siciliano Quinteros
Miguel Siciliano y Juan Pablo Quinteros, ministros de Martín Llaryora, en conferencia de prensa.
La misma fuente presenta el otro lado de tal conveniencia. Dado que Llaryora no tendrá reelección, no le resultaría aconsejable contar con un dirigente “de otro palo” administrando la ciudad.
El mismo razonamiento lleva a otra coincidencia. En el cordobesismo capitalino nadie cree en la hipótesis de “entregar la ciudad” como prenda para asegurar un triunfo en la provincia.
La creencia se sostiene en la ambición de un gobernador que “juega a ganador”, pero también en la convicción de retener la intendencia pese a la evaluación crítica que muchos hacen de Passerini. “De acá a fin de año vamos a repuntar. Tenemos muchas obras en marcha. Además, en la oposición no hay cucos”, desmenuza un funcionario.
La vigencia de Alejandra Vigo
Una lectura desde otra óptica añade pragmatismo. Pese a la suma de años como funcionario provincial e intendente, el gobernador no cuenta aún con una estructura sólida en la capital. Dirigentes de peso le responden, pero adolece de un despliegue territorial con nodos en cada seccional. Ante tal carencia, resulta inconveniente prescindir de quienes conocen cada recoveco.
Sobre ese potencial equilibrio cabalgan aún las expectativas de Campana, el único del póker candidateable al que no reconocen matrícula llaryorista. El vínculo entre ambos es bueno y el exbasquetbolista ha dado muestras de encuadramiento cada vez que le fue requerido. Pero los principales avales con que cuenta son precisamente los de Vigo y Passerini.
El entorno de Campana manifiesta tranquilidad y repara en la ausencia de fechas para apurar el calendario. Mismo criterio que expresan otros postulantes, que refuerzan juramentos de trabajo colectivo. Entre ellos Juan Domingo Viola, quien plantea como meta la reelección del peronismo.
Apuntados como predilectos en las apuestas, los tres ministros provinciales diluyen condicionantes por interés. Empoderado en la interna, Siciliano sostiene que no está en su horizonte la puja por la intendencia. Ni él ni su equipo desdeñan la tarea, pero saben que sus credenciales tienen otro peso ahora. “Nuestro objetivo es subsidiario a lo que disponga Martín”, repiten.
Similar prescindencia manifiesta Rodio, llaryorista de primera hora. Junto a su equipo recorre la provincia con consignas claras: política y gestión.
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Quinteros, el único no peronista, también se niega a atender especulaciones sobre 2027. Como sus pares de gabinete, ha expresado antaño su voluntad de gobernar la ciudad. Públicamente al menos, no ha actualizado tal deseo.
Quienes salen ya del carrusel bisbisean una ambigua sensación. Afirman que se ha perdido “la oportunidad de una renovación profunda en los cuadros dirigenciales”, pero simultáneamente ponderan la consolidación del llaryorismo como actor central.