El Padre Angel Rossi en el Museo de la Memoria de Córdoba
En Córdoba, la 50° conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, encuentra a la Iglesia Católica como otro activo actor. En un notorio contraste con anteriores conducciones eclesiásticas, el padre Ángel Rossi marca presencia en actos alusivos y comparte mensajes que no ocultan las palabras ya fraguadas en la memoria argentina: Nunca Más.
En pocas horas, el Arzobispado hilvanó acciones por demás simbólicas en una provincia donde los vínculos entre militares y la curia fueron notorios, antes, durante y después del golpe de Estado.
En la calurosa tarde del pasado miércoles, el Cardenal cordobés visitó el Museo Provincial de la Memoria, situado en el excentro clandestino de detención de la D2, a pocos metros de la Plaza San Martín, el epicentro del centro cordobés.
Invitado por la Mesa Provincial de Derechos Humanos, Rossi se mostró conmocionado, estrechando abrazos con familiares de desaparecidos y sosteniendo la mirada sobre los retratos de las personas torturadas y asesinadas en el lugar.
En su registro público, la Arquidiócesis de Córdoba consideró a la visita como una ocasión “para seguir sosteniendo, en diálogo fraterno y comprometido, la defensa y la promoción de la dignidad de toda persona y sus derechos fundamentales garantizados por el estado de derecho, en democracia y con justicia social”.
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Muestras de afecto se repetirán entre varios de los presentes en la caminata que la propia Iglesia realizará este mismo martes 24, por la tarde, a pocos metros del histórico lugar de inicio de la misma.
Dicha marcha iniciará sólo dos horas después y concluirá, por primera vez, frente a la sede de Tribunales Federales, en cuyo auditorio esta misma semana se difundieron los nombres de 11 personas cuyos restos fueron hallados a pocos metros del centro clandestino de tortura y asesinato de La Perla.
Autocrítica en Córdoba
Ya en la mañana del jueves, a través de sus cuentas en redes sociales, el Arzobispado compartió el documento elaborado por la Conferencia Episcopal Argentina, titulado “Nunca Más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”.
El texto, que habla del terrorismo de Estado como una tragedia, ensaya una confesión de la responsabilidad que le cupo a la Iglesia durante “la oscura noche en nuestra historia”. “Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos”, expresa el comunicado.
El mismo documento evoca al papa Francisco, amigo y pastor de Rossi, para evitar “caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”.
En líneas posteriores, añade a la narrativa eclesiástica otro concepto incorporado en nuestro acervo. “¿Qué es lo que no podemos olvidar? El dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente, sabiendo que ese dolor se multiplica si se trata de un "desaparecido", al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él”.
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No sólo se trata de una incipiente autocrítica para una institución aún mirada de soslayo por familiares de desaparecidos y movimientos progresistas, que nunca han digerido las complicidades entre cúpulas castrenses y eclesiásticas. El documento incorpora palabras evadidas por reconstrucciones de décadas pasadas. En particular, durante las épocas de monseñor Raúl Primatesta, de estrechos vínculos con los genocidas Jorge Videla y Luciano Benjamín Menéndez, y el arzobispo emérito Carlos Ñáñez, quien nunca comulgó con las consignas de Memoria, Verdad y Justicia.
Padre Angel Rossi en el Museo de la Memoria de la ciudad de Córdoba
Con su aval, desde la Pastoral Social han desgranado críticas a la gestión libertaria, aún antes de la asunción formal de Javier Milei. El impacto social de las medidas políticas y económicas del gobierno nacional ha estado presente en homilías brindadas por los curas cordobeses que trabajan en barrios donde el Estado es una referencia remota.
Con esas mismas acciones la Iglesia católica ha ido redefiniendo su vínculo con una sociedad cordobesa que, pese a haber sido banco de pruebas de la represión paraestatal aún antes de la usurpación del poder por parte de los militares, se muestra reacia a una revisión profunda de lo sucedido en los “años de plomo”.
La marcha de este martes oficiará como prueba de la solidez de tal ligazón en uno de los territorios donde mejor imagen conserva Milei, el presidente que llegó al poder relativizando todas y cada una de las consignas vinculadas a la Memoria.