FASE M

Los seis meses de Massa: lapicera económica y una candidatura en suspenso

El jefe del Palacio de Hacienda logró alinear a todos los actores para tener el control de la gestión. Una centralidad cruzada entre expectativas y tensiones.

El ministro Sergio Massa surfeó sus primeros seis meses al frente del Palacio de Hacienda en medio de tensiones cambiarias, pronósticos de devaluación, cumplimiento de las metas acordadas con el FMI y la remarcación de precios. Con medidas que rompieron la lógica tradicional del mercado, centró su estrategia de acumulación de reservas en la implementación del dólar soja, una herramienta que diseñó con su equipo más cercano para, luego, ordenar el esquema de ingresos de dólares. El mar de fondo fue la ola de internas dentro del Frente de Todos y la ausencia de una comandancia política, que recibió como herencia de la gestión de Martín Guzmán, que lo obligó a ponerse el traje de presidenciable, aunque lo sigue negando en público y en privado. Si los números lo acompañan, hasta el kirchnerismo lo califica de candidato inevitable.  

 

Apenas juró el 3 de agosto, su primera meta fue esquivar la devaluación, resistida en el FdT, gracias a la generación de confianza en el comando y el engrosamiento de las reservas, y destrabando créditos de organismos internacionales. Para eso utilizó medidas ortodoxas, como el recorte del gasto fiscal, el aumento de las tasas de interés y la restricción del comercio exterior. Pero recién fue el dólar soja el que completó el cuadro de aceleración de liquidación de divisas del campo, que no sólo le permitió tener capacidad de intervención al Banco Central ante las minicorridas, que el mercado cambiario presionó en la segunda parte del 2022, y poder de acumulación para tener el visto bueno del FMI, sino que también calmó las ansias de modificación del tipo de cambio del campo, que uno de los actores más preponderantes a la hora de presionar sobre el peso.

 

La credibilidad política le permitió a Massa estirar los tiempos del cierre del financiamiento en pesos, que se convirtió en uno de los problemas más grandes para la caja del quinto piso del Palacio de Hacienda. Ya entrado el año electoral, el ministro logró renovar los vencimientos de deuda con exitosas colocaciones de bonos que, sin embargo, debieron convalidar tasas de interés mayores. Los plazos cortos llevaron a que el punto de tensión se traslade a poco de la instancia electoral de las PASO, en donde el mercado evaluará la confianza que tiene en el actual Gobierno y en los candidatos con posibilidades de llegar a la Casa Rosada desde diciembre próximo.

 

La implementación del programa Precios Justos, con una adhesión voluntaria y creciente de las empresas de distintos rubros, es uno de los puntos que el jefe del Palacio de Hacienda muestra como señal de la confianza que generó su plan. A pesar de las tensiones por controles conjuntos con sindicatos o por la falta de insumos ante el cepo importador, el Círculo Rojo le reconoció a Massa "capacidad de trabajo" y "alineamiento político de las decisiones económicas" para ordenar las variables macroeconómicas. Para el establishment, el Ministerio de Economía "volvió a ser el lugar en donde se debaten los planes y la viabilidad de las inversiones y su estrategia de aplicación". "Antes podías tener el aval de Guzmán e incluso de Alberto Fernández, pero nada era viable en los hechos, porque chocaban con la interna del Frente de Todos", recordó, consultado por Letra P, un ejecutivo de fuerte influencia en el dueño de una de las empresas más grandes del país.

 

Massa logró alinear al equipo económico, algo que Guzmán nunca pudo congeniar, debido a que la mayoría de las áreas estaban divididas por comandancia política y el Frente de Todos ya atravesaba una crisis interna entre el jefe de Estado y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Con su llegada al poder, el ministro de Economía removió áreas claves, pero aceptó convivir con algunos funcionarios que todavía representaban otras jefaturas en la interna del oficialismo, pero con la promesa de un acompañamiento en la gestión.

 

En este semestre, Massa pudo ubicar a Gabriel Rubinstein, un economista que llegó al segundo lugar del Ministerio de Economía con fuertes críticas a la gestión de Fernández y con contraposiciones muy duras con CFK, por lo que debió superar la resistencia del kichnerismo. A pesar de ser partidario de una devaluación para achicar la brecha cambiaria, el viceministro garantizó el crawling peg y el alineamiento de las variables financieras al plan de sendero descendente de la inflación, con un perfil del 60% presentado en el Presupuesto 2023, pero con recortes anti K.

 

Flavia Royón (Energía), José Ignacio De Mendiguren (Industria), Matías Tombolini (Comercio), Juan José Bahillo (Agricultura) y Guillermo Michel (Aduana) integraron el equipo de intocables que negoció con el Círculo Rojo y que, además, se mostraron como ejemplo de funcionamiento hacia el resto del equipo económico. No sólo recibe diariamente informes de gestión, sino que el ministro les confía resoluciones a cada área. "En todas las secretarías había un cierto desconcierto por la forma de trabajo, porque nunca habían tenido coordinación con otras áreas", se jactó un integrante del team M. El caso más destacado es en Energía, en donde el subsecretario Federico Bernal "se transformó en uno de los funcionarios más predispuestos a colaborar, incluso en la quita de subsidios, una medida que era resistida por el kirchnerismo", señaló la misma fuente. El número dos de Royón integra el Instituto Patria que comanda CFK. Otro K es Carlos Castagneto de la AFIP, de buen vínculo con la gestión económica.

 

El tigrense no pudo quedarse con el sillón presidencial del Banco Central y, sin dar peleas, decidió poner a Lisandro Cleri como stopper de Miguel Pesce. Junto con el titular del INDEC, Marcos Lavagna, fueron clave en las negociaciones con el staff del FMI para lograr realinear los objetivos. Pero Massa no logró tener una coordinación aceitada con el BCRA, cuyo Directorio tomó decisiones que incomodaron la estrategia del equipo financiero, como las trabas a los sojeros para comprar dólares bursátiles en medio de la exitosa implementación del dólar-soja. Según una fuente massista, el ministro "se resignó a convivir con un presidente del Central que todo el tiempo busca mostrar independencia de acción, pero sin estrategia política".

 

Así transitaron los primeros seis meses de Massa, en la antesala electoral de unas presidenciables que, como se sinceró en la cena de Merlo, cree que es incompatible ser candidato y ministro, en términos prácticos, no políticos. El tigrense sospecha que si blanquea sus aspiraciones, la economía quedará a merced de corridas del Círculo Rojo.   

 

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