10|12|2022

Presupuesto Rubinstein: la mano visible del liberal que CFK no quería

16 de septiembre de 2022

16 de septiembre de 2022

El proyecto busca ser "realista" para el cumplimiento de las expectativas. Tiene, como base, el orden fiscal a través del ajuste que pregona el viceministro.

"Los informes de los economistas que asesoran a la oposición coinciden con la propuesta que enviamos al Congreso", se entusiasmó el ministro de Economía, Sergio Massa, al esgrimir, entre sus allegados del Gobierno, el argumento principal para que el año próximo el presidente Alberto Fernández vuelva a tener un presupuesto aprobado por el cuerpo legislativo, justo en el período electoral. La diferencia "central" que tiene este proyecto con el rechazado el año pasado es el "orden fiscal" y la "credibilidad", ambas cualidades que el viceministro, Gabriel Rubinstein, cuenta como propias a los ojos del establishment económico, que daría el visto bueno técnico para que los bloques opositores acompañen el cálculo de recursos y ejecución.

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La llegada de Rubinstein al quinto piso del Palacio de Hacienda superó las resistencias de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y del kirchnerismo en general, que debieron superar el encono que generaron las críticas públicas que el actual funcionario realizó, en tono político, de la jefa del Senado, por donde la ley de leyes deberá pasar si la Cámara de Diputados le da el OK. La propuesta de Massa fue pragmática: tener de su lado a un viceministro que estableciera un orden interno y que, a la vez, mostrara ese rumbo hacia afuera. Ser y parecer.

 

El presupuesto fue armado por Raúl Rigo, el mismo hombre que había ensayado el anterior proyecto pero, en aquella oportunidad, bajo las órdenes de Martín Guzmán. De perfil técnico, el secretario de Hacienda había avanzado en un borrador para este año que abandonó con su salida del Mecon, cuando llegó Silvina Batakis, y lo recuperó con la llegada de Massa, aunque ahora con la decisión política de Rubinstein: "menos gasto" y "metas cumplibles". Para eso, el sinceramiento de una inflación del orden del 95% para 2022 se plantó como una base de "credibilidad" de las proyecciones, junto con la caída en las perspectivas de crecimiento, que será la mitad del 4% que el PBI se extenderá al cierre de este período.

 

"Se proyecta un crecimiento del PIB de 2,0% para el período 2023-2025. A nivel sectorial, para las ramas de servicios se proyecta una expansión en promedio de 1,6% en 2023, mientras que los sectores productores de bienes avanzarían en promedio 2,8%. Se destaca la recuperación del sector agropecuario (+6,0%), luego de tres años sin crecer (caídas en 2020 y 2022 y variación nula en 2021). Por su parte, la industria manufacturera y el comercio se proyectan con aumentos de 1,5% y 1,8% respectivamente", señala el proyecto que ya está en las bancadas de la Cámara baja. Por el lado de la demanda, "se proyecta que el consumo privado siga creciendo a una tasa similar a la del PIB (luego del fuerte descenso de 2019-2020), desacelerando a una variación del 1,9% para 2025".

 

Otro de los puntos importantes es la certeza de apreciación del dólar en su relación con el peso. Para diciembre de 2023, se habrá concretado una devaluación por encima del 63%, cuando el tipo de cambio llegue a los 269,9 pesos. "Se proyecta que el IPC desacelere a un 60,0% interanual en igual período, resultando en una ligera apreciación del tipo de cambio real promedio anual (-1,5%), que permanece competitivo en términos históricos. En adelante, el tipo de cambio nominal seguiría acompañando la reducción de la inflación, que se proyecta en un 33% para diciembre de 2025; la evolución consistente de ambas variables deriva en una trayectoria estable y competitiva del tipo de cambio real", estima el plan.

 

Según fuentes oficiales, el proyecto de ejecución presupuestaria "cuenta con los números completos y ajustados a la realidad" para que sea "creíble". En el Palacio de Hacienda creen que la única objeción puede llegar a partir de un "desacierto político" que busque dejar al Estado sin funcionamiento. Sería un "shutdown", en palabras que Massa utiliza en la intimidad de su equipo, que tendría un "costo político muy alto que alguien deberá pagar".

 

Sin embargo, el superministro confía en el alineamiento de las proyecciones locales con el programa de facilidades extendidas que acordó el país con el Fondo Monetario Internacional (FMI). "Ahora las previsiones son creíbles", consideró, off the record, uno de los funcionarios más cercanos a Massa, quien disparó para atrás: "Vinimos a poner orden a las cuentas desordenadas que encontramos".

 

El año pasado, la oposición cargó las tintas contra las "inconsistencias" del programa que había presentado Guzmán, donde había, según Juntos por el Cambio, fundamentalmente, "mucho dibujo" que luego iba a ajustarse con el acuerdo del FMI en la mesa. Allí predominaba la desconfianza de las proyecciones y el botón de muestra era el índice inflacionario con el que cerraba 2021, que ya estaba por debajo de las mediciones de diciembre, cuando finalmente la Cámara baja le dio la espalda al presupuesto. "Ahora están los números y un plan que los propios asesores económicos de la oposición coinciden en su viabilidad", se entusiasmó una fuente calificada.