PERONISMO PARA ARMAR

Massa, en el laberinto de la guerra de Todos

El ministro se contorsiona para esquivar las balas, pero no lo logra. Furia en el quinto piso, telefonazo a CFK y mensaje en Merlo. Su fómula cuatro por seis.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) A fines de la semana pasada, en el peor momento del fuego cruzado entre Eduardo De Pedro y los albertistas del gabinete, Sergio Massa y su mesa chica tuvieron un estallido de furia. El viernes, el día en que Victoria Tolosa Paz emplazó al ministro del Interior a definir si estaba fuera o dentro del gobierno, en el quinto piso del Ministerio de Economía y en las oficinas de Avenida Libertador donde atiende el massismo miraban la escena estupefactos y con bronca en aumento el último episodio de la guerrilla oficialista.

 

Después de horas de mucho agite por la corrida del dólar blue, el impacto en la inflación y la sequía, Massa no ocultaba su enojo por un cruce público que volvía a generar daño sobre una gestión que intenta hacer pie semana a semana. El ministro cree y dice en privado que esa disputa sin final mina las chances de conseguir el único objetivo político del que se anima a hablar por ahora: convertir al Frente de Todos (FdT) en una fuerza “electoralmente competitiva” después de haber ordenado la economía y, sobre todo, controlado la inflación.

 

Los movimientos que siguieron a esa minicrisis finalmente desactivada mostraron a Massa haciendo el máximo esfuerzo posible por mantenerse alejado de la interna y de cualquier especulación electoral con el argumento de proteger la gestión, pero empujado a la vez por la dinámica de un conflicto que anida en el corazón del oficialismo y se devora todo a su paso.

 

El calendario corre, los tiempos electorales se acortan y al hincha de Tigre le resulta cada vez más difícil sobrevolar sin mancharse el traje los avatares de la guerra entre el kirchnerismo y el presidente Alberto Fernández y seguir mostrándose como alguien absolutamente concentrado en la gestión y sin meter las patas en el barro.

 

Massa y los coroneles políticos de su espacio, el Frente Renovador, se esfuerzan por estos días por repetir que su rol es incompatible con el de un precandidato. Fue el principal mensaje que llevó al encuentro del martes por la noche en Merlo, convocado por Máximo Kirchner y Axel Kicillof.

 

Después de las conversaciones que mantuvo entre el lunes y el martes a dos puntas con Cristina Fernández y con el Presidente para intentar bajar la espuma de la interna, Massa mantuvo el misterio hasta último momento sobre si iba a ir o no a esa cena en la que se buscaba mostrar la unidad del FdT bonaerense y, a la vez, marcarle la cancha a AF y reclamarle abiertamente que convoque a la mesa nacional para empezar a hablar de candidaturas y de la situación de CFK.

 

Massa fue finalmente a Merlo con un mensaje y varias señales. La primera la dio cuando desembarcó acompañado por dos ministros del gabinete albertista, Gabriel Katopodis y Santiago Maggiotti. Cuando le tocó hablar remarcó una y otra vez que su rol es “incompatible” con el de un precandidato presidencial. Si diera un paso en ese sentido, explicó, se convertiría en un blanco móvil de maniobras de desestabilización que impactarían en la economía.

 

En esa reunión junto con los principales protagonistas del FdT bonaerense Massa repitió el libreto al que viene aferrado desde su desembarco en Economía. Es decir, que no tiene ninguna ambición personal, que solo puede concentrarse en la gestión y que la única chance electoral que tiene el Frente de Todos es con la inflación controlada.

 

Massa cree que el encuentro de Merlo contribuyó a mostrar una imagen de ordenamiento y unidad, indispensables para seguir con vida. En las conversaciones políticas repite que, si bien falta mucho, hay señales de estabilización que marcan un sendero positivo. “El Frente de Todos es competitivo. El tema es cómo encontrar ejes para ir hacia un triunfo”, dice en privado.

 

En medio de la interna, Massa empezó en los últimos días a machacar sobre esta potencial fortaleza del Frente de Todos comparada con el tembladeral político de Juntos por el Cambio (JxC). Con un ojo puesto en el escenario federal, el líder del Frente Renovador se entusiasma con una oleada de triunfos oficialistas en varias provincias (La Pampa, Salta, Río Negro, Neuquén y Tucumán) que ayuden a llegar a las PASO de agosto con otro clima.

 

“Yo puedo dejar estacionado el auto”, repite Massa a los suyos. La frase resume perfecto la idea que quiere proyectar. Su tarea solo le permite pensar en dejar el escenario lo mejor posible porque él, jura, no está pensando en su candidatura presidencial.

 

Para eso, pide, lo primero es bajar la espuma de la interna. “Estamos tratando de manejar el auto lo mejor posible y atrás vienen unos locos que te agarran el volante, te pisan el freno, el acelerador… así no se puede”, se quejaba el fin de semana un integrante de la mesa chica del massismo adepto, como su jefe, a la metáfora automovilística. “El escenario tiene todas las dificultades del mundo como para que encima estos nos vengan a acelerar los tiempos y el calendario”, despotrican.

 

Para eso, Massa propone a sus interlocutores en el Frente de Todos hacer una cuenta: cuatro por seis. Desde ahora, cuatro meses de señales de unidad interna para pensar en seis meses de crecimiento electoral. Si siguen su receta, promete, hay una luz, aunque pequeña, al final del túnel.

 

La Red Federal de Intendentes se reunió el 29 de abril pasado en Rosario.
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