ELECCIONES 2023

El subsuelo de Todos hace ruido (y el de JxC también)

La pelea entre el Presidente y CFK escala ¿hasta la ruptura? Bullrich tironea por derecha y tiende puentes con Milei. Grieta plena, a casi 200 días de las PASO.

El fuego cruzado que volvió a volar por sobre las cabezas de las principales referencias del Frente de Todos pareció amainar en las últimas horas, pero eso solo podría ser el resultado de una breve tregua dominical. Como se sabe, el enojo voceado off the record por el ministro del Interior, Eduardo de Pedro  contra Alberto Fernández  por no haberlo invitado a un encuentro con Luiz Inácio Lula da Silva y agrupaciones pro derechos humanos –sí, el cristinismo también opera en off– fue respondido con una dureza sin precedentes por segundas filas, Victoria Tolosa Paz  y Aníbal Fernández. Por orden presidencial, claro. El final de la autocontención que el jefe de Estado ha mantenido, al menos en público, desde que  Cristina Fernández de Kirchner  inició su ofensiva contra el rumbo del Gobierno a fines de 2021 lleva a una pregunta inevitable, sugerida por Gabriela Pepe  en Letra P: ¿es posible un quiebre de la alianza panperonista a apenas nueve meses de las elecciones?

 

"El Presidente tiene pocas opciones sobre la mesa: pedirle la renuncia al ministro y desencadenar la ruptura o ignorar la situación, como ya hizo en otras oportunidades. Fernández y su entorno eligieron, por ahora, una tercera vía. Según pudo saber este portal, buscan que De Pedro se retracte y ‘desescale’ el conflicto, y que el tema pase al olvido como uno más en la larga historia de conflictos internos", escribió Pepe. ¿Y si De Pedro no desescala?

 

De hecho, la periodista "peronóloga" del sitio señala otro par de preguntas cruciales, presentes en las conversaciones del funcionariado albertista: "¿Cristina Fernández de Kirchner busca forzar una ruptura? ¿La escalada tiene como objetivo final que Fernández se baje de la carrera por la reelección?". Ya llegarán las respuestas.

 

Sus aliados y aliadas disparan, pero De Pedro por ahora calla, sin desescalar ni desmentir su molestia. En una entrevista con El Cohete a la Luna, el máximo referente camporista, Máximo Kirchner“rompió el silencio" y elogió a Wado, pero decidió no referirse a la pelea del momento ni a quienes invitan al segundo a abandonar el gabinete. Sin embargo, no ahorró críticas al Presidente ni apuntes sobre el enfrentamiento entre su madre y este, a quien responsabilizó por nunca haber dado respuesta a los cuestionamientos sobre el rumbo oficial y por "esquivar" la responsabilidad que, entiende, le cabría para resolver lo que presenta como una persecución del Poder Judicial a la vicepresidenta. Fernández tiene "un rol fundamental" como "presidente de la Nación y además presidente del Partido Justicialista, más allá de nuestros debates, discusiones y diferencias", explicó. Interesante: este es un punto poco explicitado por los protagonistas a la hora de explicar tanta discordia.

 

Según Kirchner, su madre siempre trató al mandatario "entre algodones", algo en lo que Fernández no coincide, al menos de acuerdo con sus quejas privadas de haber sido bombardeado por su compañera de fórmula cuando más necesitaba de su apoyo. La política argentina se ha hecho chiquitita, esto es que su dinámica depende de pocas personas, de sus odios, caprichos y acuerdos. La sociedad mira sorprendida mientras espera soluciones antes que reyertas que, en algunos casos, parecen demasiado atravesadas por circunstancias e intereses personales. ¿Cómo seguirá este thriller peligroso?

 

Razones de fondo

Si la gestión panperonista encara su recta final y si el cristinismo tolera –no mucho más que eso– una gestión económica como la de Sergio Massa por entender que la presencia de este en el Palacio de Hacienda es toda la diferencia entre un gobierno malo y un desastre, ya no puede decirse que las diferencias entre Cristina y Alberto tengan que ver con el rumbo de la política oficial. Otras cosas, más de fondo y de proyección futura, están en juego.

 

La tormenta que De Pedro levantó en un pocillo de café por haberse perdido una foto con el presidente de Brasil es reveladora de lo anterior. El ministro del Interior está a la espera de que Cristina Kirchner defina –o desvele– su estrategia electoral. ¿Respaldará la exmandataria a Massa si este cumple su objetivo de bajar la inflación a menos del 4% hacia abril o mayo? ¿Optará por un candidato propio para competir, con la carta fuerte de su respaldo explícito, en las PASO? ¿Será él esa persona? Mientras, De Pedro cultiva las relaciones más insospechadas, como la que lo une a Luis Barrionuevo, que, se supone, tiene alguna razón concreta.

 

Ahora bien, si De Pedro fuera precandidato, habría PASO competitivas en el tramo presidencial o, si no, directamente ruptura del Frente. Massa no se postularía a nada si no es como figura de consenso entre todas las tribus de la alianza y no aceptaría disputar votos con nadie a favor de quien Cristina pueda inclinar la cancha.

 

Eso puede ser revelador de por qué Alberto Fernández dejó a De Pedro fuera de la foto con Lula da Silva y por qué ordenó tratarlo con una dureza que hasta ahora había evitado, incluso cuando el camporista trató de vaciarle en gabinete con su renuncia en septiembre de 2021. Más que insistir con una inviable búsqueda de la reelección, ¿acaso el jefe de Estado quiera erigirse como uno de los king makers, junto a CFK y sin que esta quiera y compartir nada con él, del futuro del Todos? Si eso fuera así, más que –como se dijo más arriba– pelearse por la gestión de un gobierno en vías de extinción, el Presidente y su vice estarían disputando el sesgo ideológico futuro de la coalición. ¿Será este de la izquierda peronista, esto es camporista, o moderado y pronegocios, como Fernández quiso y Massa trata de ejecutar?

 

La oposición también cruje

La pelea interna en el PRO –entre el enigmático Mauricio Macri, la extrema  Patricia Bullrich  y un Horacio Rodríguez Larreta que a veces parece un moderado y otras no se sabe– no es necesariamente más tenue que en el peronismo, pero sí es menos dañina porque, por ahora al menos, no tiene responsabilidad de gobierno.

 

La titular del partido amarillo se diferenció ayer del jefe de Gobierno porteño en declaraciones a Radio Mitre. En ellas señaló que "puede ser que una manera de pensar el gobierno y pensar cómo enfrentarte a los problemas sea una solución para Argentina y puede ser que otra manera de pensar los mismos problemas, pero sin tener el ímpetu de transformar, te impidan que Argentina cambie". Para Bullrich, Rodríguez Larreta es más de lo mismo.

 

Bullrich no es una ideóloga, sino una mujer cuya marca distintiva siempre ha sido, desde sus inicios en el peronismo revolucionario, transitar por la banquina. En otro caso, sería una paleolibertaria o una minarquista como Javier Milei, con quien tiene una afinidad confesada. En ese caso, acaso diría que Larreta es "un kirchnerista de buenos modales".

 

La simpatía de Bullrich y Milei persiste al punto que la primera habló de un acercamiento para unir fuerzas en la provincia de Buenos Aires contra Axel Kicillof, sin lo cual el antiperonismo podría perder cualquier chance de volver a la gobernación. Contra muchos pronósticos –aunque todavía queda bastante para la apertura de las urnas–,  el economista se sostiene en las encuestas y sigue amenazando con hacerle daño a Juntos por el Cambio (JxC) en la primera vuelta presidencial, pero, sobre todo, en los comicios bonaerenses, que se dirimen en un solo turno y sin requisitos de mayoría absoluta de los votos.

 

El hombre es tozudo, está henchido de convicciones o busca vender más caro lo que tiene, pero, como sea, no deja de rechazar el más mínimo acuerdo con Juntos. Aunque rescata a Bullrich y a Macri, señaló que JxC "es un rejunte de miserables destinado al fracaso". ¿Podría haber marcha atrás después de semejante declaración? Claro que sí: la grieta todo lo puede.

 

Gustavo Valdés firmó convenios con Guillermo Francos. 
Javier Milei en la Bolsa de Comercio.

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