18|1|2023

Manzur vs. Jaldo, el hilo delgado y tenso de la pax armada tucumana

20 de marzo de 2022

20 de marzo de 2022

El arribo del gobernador a la Casa Rosada asordinó la guerra abierta con su vice por la sucesión en la provincia, pero cada bando sigue afilando los cuchillos.

La interna a cielo abierto del Frente de Todos (FdT) por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) provocó un tembladeral en varios distritos del país y también se hizo sentir en Tucumán, la provincia del jefe de Gabinete, Juan Manzur. Sin embargo, la tensión que organiza las disputas en el distrito es la que desde hace tiempo envuelve al gobernador en uso de licencia y a su vice y actual mandatario a cargo, Osvaldo Jaldo. El enfrentamiento, que tuvo varios momentos álgidos y en el que ambos sectores no se privaron de medir fuerzas en las urnas, navega ahora en aguas en apariencia calmas pero que, bajo la superficie, contienen maremotos siempre latentes.

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Este domingo se cumplen exactamente seis meses de la llegada de Manzur al gabinete del presidente Alberto Fernández, ocho días después de la derrota del oficialismo en las PASO, función para la que fue propuesto por la propia Cristina Fernández de Kirchner. Jaldo quedó a cargo de la gobernación y se abrió una etapa en el peronismo tucumano en la que ambos dirigentes tuvieron que zurcir acuerdos en caliente, en un escenario de desconfianzas mutuas. Firmaron entonces la "pax tucumana".

 

Los libros de historia señalan que lo que se conoce como Pax Romana fue el dispositivo mediante el cual se pacificaron los conflictos en el Imperio que implicó una paz armada, pero que propició el desarrollo y la expansión territorial. En esto están Manzur y Jaldo, pues ambos miran de reojo las elecciones provinciales del año próximo. El primero porque no puede aspirar a la reelección y buscaría que lo suceda alguien de su más estrecha confianza. El segundo, porque alcanzaría un objetivo que anheló durante años. Es lo único que le falta en cargos provinciales, pues ya fue intendente de su municipio, Trancas; varias veces legislador, ministro de Economía, ministro del Interior y diputado nacional.

 

En virtud de este escenario, el voto en contra del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de la diputada peronista tucumana Nilda Carrizo, de La Cámpora, no alteró la dinámica política local. La escasa territorialidad de la agrupación kirchnerista no representa un desafío para el manzurismo. El cargo de Carrizo se explica como un gesto del gobernador en uso de licencia hacia el espacio que conduce la vicepresidenta, que la postuló para integrar la lista de 2019 cuando el peronismo de todo el país se movía bajo la consigna de la unidad para derrotar al macrismo.

 

La llegada de Manzur a la Casa Rosada sí implicó un enorme desafío para el peronismo tucumano. La interna en las PASO de septiembre pasado entre el gobernador y Jaldo, su vice, fue de un alto voltaje pocas veces visto. Hubo heridas. La pulseada en el PJ quedó 61% a 39% a favor de Manzur, que ratificó su liderazgo. Su lista, en la que fue precandidato a senador suplente y que contó con el apoyo explícito del Gobierno, superó a la de Jaldo, quien propuso otra nómina y encabezó la grilla para Diputados.

 

Apenas una semana después de aquella conflagración se precipitó la ardua negociación entre los enemigos íntimos para que Manzur volara a la Casa Rosada y Jaldo ocupara su lugar. Hasta el momento, ninguno dio un paso en falso para esmerilar esa tregua que cerró por arriba, en la cúpula dirigencial, pero que persiste y aflora de vez en cuando entre referentes de segunda y tercera línea de ambas tribus. ¿En dónde se evidencia? En las redes sociales, sobre todo. "A todos nos conviene esta convivencia, es un año muy difícil para el país y se debe dejar de lado la interna, pero aflorará cuando haya que elegir al sucesor de Manzur ", reconoció a Letra P un legislador alineado con el manzurismo.

 

El jefe de Gabinete de Fernández, en tanto, monitorea con rienda corta todo lo que pasa en Tucumán y su oficina en Buenos Aires es la Meca de legisladores y legisladoras, autoridades municipales y comunales, figuras del funcionariado provincial y del mismo Jaldo. Manzur se muestra como el gran articulador entre la dirigencia de su provincia y el gabinete nacional. Se firman convenios por obras y se comunica con fotos, para que se sepa y quede claro. No hay semana desde que se fue a la Casa Rosada hace seis meses en la que no se haya realizado una reunión de este tipo.

 

Para hacer más evidente su presencia en el territorio, cada dos semanas Manzur aterriza en Tucumán con representantes de la administración nacional. El 25 de febrero, por ejemplo, en la Casa de Gobierno estuvo acompañado por los ministros de Trabajo, Claudio Moroni; de Desarrollo Social, Juan Zabaleta; y de Educación, Jaime Perczyk. Con Jaldo se suscribieron convenios para obras escolares por un monto de $1032 millones.

 

Además, así como Manzur alimenta y sostiene una liga de gobernadores del NOA, en su propio territorio sostiene su liga de intendentes. Atiende a todos los municipios por igual en Balcarce 50, pero sus ojos son esas jefaturas que se jugaron el todo por el todo cuando se produjo el cisma que se dirimió en las PASO. Allí se encuentra el presidente de la Federación Argentina de Municipios (FAM), Javier Noguera, quien tiene línea directa también con, al menos, otros tres ministros del gabinete de Fernández.

 

Jaldo, Fernández y Manzur en el acto del viernes último.

La movida más fuerte se dio en las últimas horas. Aprovechando que el Presidente visitaría Salta el jueves 17 para la entrega de viviendas, en medio del debate en el Senado por el acuerdo con el FMI, Manzur lo llevó a su provincia para que sea el protagonista de un acto partidario multitudinario, en el que también estuvo el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández. Hubo cena en la casa del ministro coordinador, en donde se enteraron del resultado de la sesión en la Cámara alta y de la ausencia de Cristina al momento de votar. Al día siguiente, encabezaron un acto de entrega de móviles para la Policía.

 

En clave partidaria, la visita fue leída como un gesto de Manzur para aupar al Presidente, enredado en su propio laberinto por las diferencias cada vez más evidentes con el cristinismo. Para adentro del peronismo tucumano, le sirvió para reafirmar su voz de mando. Jaldo, de mil batallas, acompaña paciente y procura imprimirle a su circunstancial gestión su propio sello, enfocándose en mejorar la seguridad en Tucumán.

 

¿Hasta cuándo? Es la pregunta que por ahora en voz baja se hace la dirigencia manzurista y jaldista, conscientes de que la pax tucumana tiene fecha de vencimiento.