07|9|2022

Reproches, decepciones y resignación en la guerra fría de un matrimonio sin amor

13 de febrero de 2022

13 de febrero de 2022

 La relación entre albertistas y kirchneristas está rota, pero no habrá divorcio. Del terremoto por el portazo de Máximo K. a una convivencia gélida.

“Dicen ‘este matrimonio es una mierda´. Bueno, pero mirá que vos sos el marido. Hay que hacerse cargo de que las relaciones son de a dos”.

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Las analogías entre el Frente de Todos y los vínculos de pareja se repiten en diferentes oficinas de la Casa Rosada. Admiten que la del cristinismo y el albertismo es una relación muerta en la que cada parte hace lo que quiere. Un “amor administrativo”, una desilusión. Pero advierten que la ruptura es el peor escenario posible y juran que no está en la cabeza de ningún dirigente serio; que no está en la de Cristina Fernández de Kirchner y, mucho menos, en la de Alberto Fernández, ni siquiera en los momentos de mayor tensión.

 

El Presidente y la vice hablaron por teléfono en las últimas horas. Fernández les transmitió a sus dirigentes más cercanos su satisfacción porque las conversaciones se mantienen en buenos términos después de la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de Diputados.

 

El tema ya pasó a segundo plano. El albertismo en pleno se encargó de bajarle el precio a la decisión y se enfoca en buscar los votos que el Gobierno necesita para aprobar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Paradójicamente, la oposición aportó tranquilidad al hacer saber que no obstaculizará el tratamiento en el Congreso.

 

Con los números asegurados, el sentimiento que impera hacia la posición de Kirchner y La Cámpora en el dilema entre votos en contra, a favor, abstenciones o ausencias se resume en un simple “que hagan lo que quieran”, aunque un dirigente que se reunió con el Presidente apenas llegó de su gira por Rusia y China, calificó la decisión de Kirchner como “un error político, inoportuno”. “El acuerdo es lo menos malo que nos puede pasar”, sintetizó.  

 

Fiel a su estilo, Fernández intentó restarle dramatismo. En la intimidad, dijo que entendió la decisión de Kirchner en términos personales. “Si no está convencido, no puede salir a buscar los votos”, apunta un ministro de relación fluida con el Presidente. Con menos contemplaciones, en otro edificio de gobierno calificaron la renuncia de Kirchner como “una maldad” contra Fernández, justo cuando estaba a punto de subirse al avión para salir de gira. Sin embargo, lo que más indignación causó fue que se hubiera filtrado a través del periodista Horacio Verbitsky, en El Cohete a la Luna, que Kirchner le dijo al Presidente que “nunca” estuvo de acuerdo con su designación como candidato por parte de Cristina.

 

Con todo, la guerra entró en modo helado. Como reveló en exclusiva Letra P, Kirchner reunió el miércoles a su tropa de Diputados en un asado que se extendió hasta la madrugada. Allí, pidió no hacer manifestaciones sobre el posible sentido del voto, al menos, mientras no se conozca la letra chica del acuerdo.

 

No ahorró críticas a Martín Guzmán, a quien acusa de haber escondido información y de haber cedido en la negociación hasta límites inconfesables. Expresó temores por las posibles consecuencias sociales y políticas del acuerdo. En el Ministerio de Economía siempre negaron el secretismo. Dicen que Guzmán informó cada detalle a quienes correspondía, el Presidente y la vice. En la Casa Rosada, confirman que Fernández estuvo al tanto de cada avance.

 

Kirchner también habló en el asado que compartió con los diputados y las diputadas sobre la necesidad de recomponer el vínculo con el Presidente. Además, se mostró molesto por los movimientos impulsados por dirigentes albertistas, que rápidamente vieron en su renuncia a la presidencia del bloque una nueva oportunidad de independencia de Fernández. “Siempre alguno se sobregira”, concede un hombre que forma parte de la mesa chica del primer mandatario.

 

Más allá de los roces con la Casa Rosada, la posición de Kirchner también causó malestar en el bloque. “Yo pienso lo mismo que Máximo. ¿Por qué tengo que votar diferente? Todos nos estamos tragando un sapo. ¿Porqué nos dejan en este lugar a los demás?”, se preguntó en privado esta semana un diputado oficialista que se alineará con el pedido de la Casa Rosada. Cree que La Cámpora quiere “salvar las banderas” a costa de la obediencia del resto de la bancada.

 

El posicionamiento interno de la agrupación es motivo de charla en el FdT desde el comienzo del Gobierno. “La Cámpora está desorientada. No encuentra el punto. No sabe si quiere correr por izquierda a Alberto o dar gobernabilidad. Tensiona por demás”, le había dicho a Letra P un dirigente social de diálogo con Kirchner en una conversación sobre el balance de 2021. "No corremos a nadie por izquierda; somos peronistas", respondieron desde a agrupación ante la consulta de esta cronista. El ahora expresidente del bloque insiste en que se puede ser pragmático sin bajar las banderas.

 

Pese a los contrapuntos, en el albertismo celebran que Kirchner haya puesto el freno de mano. Dicen que, una vez hecho el gesto de renuncia a la presidencia del bloque, de acuerdo a sus convicciones, no echó más leña al fuego. El Presidente, apuntan, solo necesita “que el acuerdo salga y que no sea un escándalo”. Es decir, que no haya discursos incendiarios por parte del cristinismo duro, más allá de las abstenciones o los posibles votos en contra; que el acuerdo se apruebe con discreción y Fernández pueda dar vuelta la página. En eso trabaja en silencio el flamante presidente del bloque, Germán Martínez, junto a Sergio Massa.

 

En paralelo, el Presidente piensa en “los diez meses de gobierno” que vienen antes de que el comienzo del año electoral potencie las internas. Sus ministros más cercanos, Juan Zabaleta (Desarrollo Social) y Gabriel Katopodis (Obras Públicas), tendieron en los últimos días puentes con Eduardo de Pedro, el más cristinista del gabinete. Compartieron viajes y fotos y acordaron impulsar agendas comunes. En los próximos días, habrá más. El lunes, Zabaleta y De Pedro volarán juntos a Formosa. Katopodis y Kirchner se verán en reuniones del PJ bonaerense. Con crisis, el matrimonio sigue vigente.