15|10|2021

La mesa del largo plazo para la posguerra electoral

04 de septiembre de 2021

04 de septiembre de 2021

Bajo el fuego cruzado de la campaña, el Gobierno empuja una agenda de consenso con la oposición que altera al ala dura de JxC. Temario, links y resistencias.

Sergio Massa formalizó el viernes la invitación en público, le puso fecha concreta y fijó el lugar de la cita. Después de las elecciones legislativas, el Gobierno convocará formalmente a la oposición a sentarse a una mesa de diálogo para discutir cinco políticas de Estado a largo plazo. El ámbito elegido, según el presidente de la Cámara de Diputados, será el Congreso de la Nación.

 

“Llamamos a que se sienten a la mesa como una oposición seria y responsable para darles a nuestras pymes, al estudio de nuestros jóvenes y a los argentinos, que necesitan un proceso de desarrollo, políticas de mediano y largo plazo”, dijo Massa en Berazategui, sentado al lado del presidente Alberto Fernández.

 

Cuatro días antes, la mesa nacional de Juntos por el Cambio había marcado su rechazo al eventual convite para iniciar conversaciones para un gran acuerdo nacional, una posibilidad que está en el aire desde hace al menos un año, cuando Cristina Fernández de Kirchner publicó una carta en la que llamó al “conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales” para discutir y resolver el problema de la economía bimonetaria en Argentina.

 

“No es momento de acuerdos”, dijo la dirigencia de Juntos por el Cambio que firmó el “manifiesto por una Argentina mejor”, que detalla “ocho compromisos para el futuro”. En el oficialismo le restaron importancia a la declaración, enmarcada en la previa de una elección polarizada, en la que las dos fuerzas entienden que se discuten “dos modelos de país”. El clima previo es álgido pero, una vez que las elecciones acomoden el tablero, habrá lugar para la política, confían en el Frente de Todos.

 

“La mitad de los que firmaron el documento” cenan cada tanto en la casa de Massa, en Tigre, una de las locaciones donde oficialismo y oposición tejen acuerdos, cuentan cerca del presidente de la Cámara de Diputados para restarle dramatismo a las declaraciones beligerantes, y llaman a esperar a que baje la espuma electoral para que empiece la temporada de consensos.

 

Tema al margen: que fuera Massa y no el Presidente quien convocara al diálogo resultó llamativo para algunos habitantes de la Casa Rosada, pero Massa dejó en claro que el lugar elegido para los acuerdos será el Congreso. El presidente de la Cámara de Diputados ya imagina las reuniones en el Salón de Honor con dirigentes que ya tienen una banca asegurada y con quienes tiene una relación amigable, como María Eugenia Vidal, Emilio Monzó, Diego Santilli y Rogelio Frigerio, para acordar las políticas de largo plazo que impulsará el Gobierno.

 

La deuda estará en el primer punto del temario que imagina la mesa chica del Frente de Todos, donde habitan el Presidente, Cristina, Massa y Máximo Kirchner. “Es la emergencia, la vamos a tener que pagar. Me cuesta imaginarme que podamos sacarnos este tema de encima si no es con acuerdo político”, le dijo a Letra P esta semana Leandro Santoro, candidato a diputado por la Ciudad y referente del Presidente que también llegará al Congreso en diciembre.

 

Según Santoro, en “los países serios”, los grandes acuerdos se inician con discusiones reservadas para definir temas de agenda. Luego se discute el método y, por último, los contenidos.

 

Aunque en medio del clima de campaña las principales figuras se empeñen en negarlo, el primer tramo del proceso lleva meses en marcha. Como contó Letra P, Massa, Kirchner y el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, entre otros, mantienen contactos y reuniones reservadas con referentes de Juntos por el Cambio. Massa y Horacio Rodríguez Larreta tienen una amistad que lleva décadas. Con Vidal, el presidente de la Cámara de Diputados construyó un diálogo fructífero mientras la precandata porteña fue gobernadora de la provincia de Buenos Aires. A su vez, la exgobernadora mantiene diálogos con Kirchner en los que Ritondo y De Pedro ofician como celestinos. En abril, esas conversaciones dieron como resultado la postergación de las elecciones primarias y generales. 

 

Los contactos entre los dos campamentos generan el recelo del ala dura de Juntos por el Cambio, que este lunes quiso marcar la cancha con el documento de rechazo al eventual acuerdo. En parte del kirchnerismo también hay desconfianza. “¿Con quién vamos a acordar? Con el PRO no se puede acordar nada, no tiene códigos. Con los radicales podría ser, tenemos una historia común”, advierte una dirigente muy cercana a CFK que mira con recelo al macrismo.

 

El Instituto Patria, sin embargo, extiende los límites hasta lo impensado. Afuera del diálogo que imagina Cristina queda solo el ala de Juntos por el Cambio que su sector entiende que “fue parte de operaciones político judiciales” que tuvieron como fin el encarcelamiento de la vicepresidenta, de integrantes de su gobierno e, incluso, de su hijo y su hija. Los describen como “sectores cuasi mafiosos” con los que "no se puede acordar nada”. Léase, Macri y quienes forman parte de su círculo más estrecho.

 

Con todo, los proyectos que tiene en mente el Gobierno para poner sobre la mesa de discusión tienen un carácter eminentemente económico, con foco en el desarrollo a largo plazo. En el temario figuran la nueva ley de hidrocarburos, que incluye un régimen de promoción para las inversiones petroleras para los próximos 20 años; la ley que impulsa el Consejo Agroindustrial para potenciar el desarrollo y las exportaciones del sector; una nueva ley minera; fomentos a las pymes y un debate sobre educación. “¿Van a decir que no a eso? A ver cómo se lo explican a la sociedad”, apuntan en la cúpula del Frente de Todos. La invitación ya es pública y está sobre la mesa.