13|10|2021

Santoro, un irrompible en la ciudad del nunca jamás

02 de septiembre de 2021

02 de septiembre de 2021

El crédito del Presidente en el bastión amarillo se mueve en la calle entre fans de pelo cano, mesas militantes y el efecto TV. Boletas, SUBE y dedos en V.

“¿Y? ¿Cómo viene? ¿Se recupera?”. Leandro Santoro repite la pregunta en cada local que pisa, en su recorrida por la avenida Rivadavia, en el barrio de Flores. “Vamos bien. Se notó mucho la reactivación en julio. Va queriendo”, le responde el dueño de un local de una marca conocida de ropa para hombres, votante del Frente de Todos.

 

Santoro avanza entre pedidos de fotos, abrazos y mensajes de aliento, a lo largo de las seis cuadras que separan la avenida Carabobo, donde comienza su caminata, hasta la plaza General Pueyrredón. La lluvia amenaza durante todo el trayecto. “De a poco se va recuperando todo, Leandro, mucha suerte para vos”, lo saluda el diariero de la esquina de Rivadavia y Caracas.

 

“¿Viste? Anotá. Esto es lo que vemos, que la economía se empieza a mover. La gente lo percibe, es lo más importante”, le dice Santoro a Letra P, que lo acompaña en la recorrida. El legislador llegó al encuentro después de haber almorzado en un restaurante ubicado sobre Rivadavia junto a un equipo reducido que lo acompaña. “¿Recibieron alguna ayuda del Gobierno de la Ciudad durante la pandemia?”, pregunta cada tanto uno de sus acompañantes a los comerciantes. Saben que la respuesta dejará expuesta a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.

 

En cada esquina, lo espera una mesa con militantes que reparten la boleta en la que aparece una foto con su cara. Muchos y muchas se acercaron a los puntos de encuentro a sabiendas de que Santoro pasaría por allí.

 

“Te adoro, Leandro. Mirá cómo creciste, nene. Dale para adelante”. María Eugenia tiene 73 años. Es “cristinista pura”, no se reconoce como peronista y vive en Caballito, el barrio donde Santoro milita desde que era adolescente con su agrupación radical Los Irrompibles. “Lo conozco del barrio. Siempre lo sigo, ojalá sea presidente. Es un chico muy formado”, dice María Eugenia, que llegó a la recorrida este miércoles por un aviso que recibieron, vía Whatsapp, los vecinos y vecinas de la Comuna 6.

 

Santoro no pasa sobresaltos en Flores, y en su equipo juran que tampoco los atraviesa cuando camina por barrios en los que el Frente de Todos pierde por escándalo, como Recoleta. En la hora que dura el trayecto, no habrá escuchado ningún insulto ni reproche para el gobierno nacional.

 

Sus colaboradores señalan que su estilo no agresivo, afecto siempre al debate respetuoso, ayuda. A lo sumo, algunos simplemente lo ignoran cuando lo ven pasar por la puerta de los locales. Ni Alberto Fernández ni Cristina Fernández de Kirchner se cuelan en los comentarios. “Es el efecto de la tele”. Su cara es conocida. Las alusiones son siempre personales. 

 

Con el Presidente compartió el martes el acto en el que Fernández se dirigió a las precandidatas y los precandidatos del Frente de Todos desde Tecnópolis. Santoro es la apuesta personal del Presidente en la Ciudad. Pero desaprueba el clamor por “Alberto 2023” que surgió en el seno del Gabinete días atrás. “Es incorrecto. No corresponde, es atemporal, -dice en plena recorrida. -Hoy hay que discutir la elección de medio término, cómo hacer para que el proyecto de país que nosotros tenemos logre articular el mayor consenso social posible. Cualquier tipo de especulación de mediano plazo no tiene sentido, está fuera de las cosas que está planteando la sociedad”. ¿No ayuda a fortalecer la figura del Presidente?, le pregunta Letra P. “Para fortalecer al Presidente hay que ganar bien la elección”, sentencia.

 

 “¡Cómo te la aguantas, Leandro, qué paciencia! Cómo lo embocaste a (Javier) Milei”, le comenta un joven que lo persigue para pedirle una foto en el interior de una galería. La denuncia de que Milei estuvo contratado por el genocida Antonio Domingo Bussi en el Congreso ocupa el primer lugar en varios portales. Santoro sigue las repercusiones que le muestran sus colaboradores. “No hay que perder nunca la calma”, apunta cuando le piden respuestas más enérgicas a la oposición.

 

¿Es posible sentarse a hacer un gran acuerdo con Juntos por el Cambio después de la elección?, le consulta Letra P. “Sí, es necesario. Hay que acordar primero la agenda. Después, el método y, por último, los contenidos. Así se hace en los países serios. Primero llevan adelante discusiones reservadas para definir temas de la agenda y después se inician las discusiones. Ojalá hagamos lo mismo. La deuda tiene que ser el primer punto. Es la emergencia, la vamos a tener que pagar. Me cuesta imaginarme que podamos sacarnos este tema de encima si no es con acuerdo político”, dice. Le siguen en orden el modelo productivo y la agenda ambiental.

 

“¡Acá me tratan mejor que en mi casa!”, dice Santoro, mientras accede a sacarse fotos con el grupo que lo rodea, donde destacan en número las señoras de la tercera edad, entre las que tiene un éxito abrumador. “¡Leandro, te amo, me va a dar un infarto! Que Dios te bendiga. Yo te sigo”, detiene en su marcha una mujer de pelo blanco que se emociona al abrazarlo. 

 

La lluvia deja de ser una amenaza cuando la recorrida llega a la plaza Flores. “Son los gorilas que no paran de llorar”, le grita un pibe que lleva puesto el barbijo del Frente de Todos. “Vamos que se nos van a enfermar los militantes y el candidato y en diez días tenemos elecciones”, apura, Santoro, que lleva puesta una campera impermeable, jeans negros, camisa celeste y zapatos negros acordonados. La militancia lo abraza mientras las gotas caen, cada vez más gruesas.

 

La lluvia acorta los tiempos. “Volvamos en subte”, propone un integrante del equipo. Tarjeta SUBE de diseño original cargada en la billetera, Santoro atraviesa el molinete de la estación de San José de Flores para subirse al subte que, jura, toma con regularidad.

 

Fotos: Javier Brusco (AG La Plata)