Boca 2027: el plan de Mauricio Macri para recuperar el bastión perdido del PRO
La oposición a Riquelme huele sangre y se prepara. El gran acuerdo anti-Román con mascarón de proa amarillo. El Xeneize y el espejo en la pelea nacional.
En 2027 no solo se definirá la continuidad o el cambio del gobierno en Argentina. También concluirá el mandato de Juan Román Riquelme en Boca Juniors, que algunos amplifican como la provincia 25, el bastión donde nació el partido que proyectó a Mauricio Macri a la escena nacional y que el PRO busca recuperar.
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Se trata de un club donde la política tradicional juega fuerte, pero, sobre todas las cosas, en donde el macrismo está decidido a hacer un nuevo intento para destronar al ídolo popular, todavía groggy por los resultados deportivos magros. En la oposición se mueven dirigentes vinculados a la política, al poder judicial, al juego y al empresariado. Al círculo rojo en general. Con ese propósito, el PRO ya diseña un dispositivo con el objetivo de volver a gobernar el club que dejó en 2019, al calor de la caída en desgracia de la era macrista.
El plan contempla un gran acuerdo opositor que incluye a todos los sectores, pero que será conducido por referentes amarillos con pasado en la dirigencia xeneize y presencia en el gobierno porteño de Jorge Macri y en la política nacional. Asoman los nombres de José Beraldi, Horacio Paolini y Francisco Quintana, que se suman a otros históricos como el de Macri, Andrés Ibarra, Daniel Angelici y Christian Gribaudo, como kingmakers. También figura Jorge Reale, quien orbita fuera del planeta macrista/angelicista y que trabaja con el ídolo Sebastián Battaglia.
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Mauricio Macri prepara al PRO para volver a Boca.
El armado de Mauricio Macri
Dirigentes cercanos a Macri lo notan activo, convocando a trabajar para que el PRO ofrezca nuevamente una alternativa opositora a Riquelme. Descartan que el expresidente vaya a liderar esa opción con una candidatura. Explican que, dado un contexto de caída en la popularidad política de Román, la propuesta no exigiría poner en la cancha el nombre más fuerte. Ni siquiera lo hizo hace tres años, cuando colocó a Ibarra como aspirante, a quien acompañó en la fórmula. Entonces la imagen del ídolo sí contaba con números imposibles de manejar por cualquier otro candidato.
Macri, en cambio, deja jugar a Ibarra, su exministro de Modernización en la Casa Rosada y colaborador de toda la vida en el ámbito privado. Además de trabajar desde principios de los años 90 en las empresas del grupo familiar, llegó a Boca en 2004, cuando asumió como Gerente General, permaneció en el club varios años e intentó ser presidente en la última elección, cuando enfrentó a Riquelme. Trabaja con su equipo de jóvenes y profesionales de Pasión y Gestión, la agrupación que lidera, y mantiene reuniones con socios. Tiene voluntad de repetir su candidatura si su apellido es competitivo y llega a un acuerdo con otros sectores.
Un rostro para la renovación macrista es el de Francisco Quintana, el secretario de Justicia de Jorge Macri en la Ciudad. Fue titular de la Comisión de Institucionales del club entre 2014 y 2016 y presidente de la Asamblea de Representantes de Socios entre 2016 y 2019, en la gestión de Angelici. En 2019 fue jefe de campaña de Gribaudo. Quintana comenzó su carrera en 2003, en el PRO, de la mano de Macri. También construyó una relación con Angelici, de fuertes vínculos en la justicia federal y porteña.
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Francisco Quintana, funcionario de Jorge Macri, junto a Mauricio Macri.
Cómo se mueve Daniel Angelici
Angelici, por ahora, se mueve aparte. Su entorno no cree que el Tano vaya a tomar una posición clara hasta después de iniciado el año próximo. Por el momento, tiene al exsenador provincial Gribaudo manteniendo conversaciones con diferentes sectores, entre agrupaciones y outsiders de la política xeneize. No está en los planes que Gribaudo insista con una candidatura -perdió frente a la lista de Ameal y Riquelme en 2019- sino que oficie de armador. Habría comprendido que el mensaje de Macri y Angelici es mirar hacia delante, y que quienes ya fueron candidatos no sean nuevamente una opción.
Angelici tampoco comulga con la idea de volver a presentar a Ibarra como alternativa, cree que la derrota en 2023 lo dejó marcado. No obstante, nadie imagina que el expresidente de Boca vaya por fuera del armado que termine presentando el macrismo. Fuentes de ambas tribus afirman que terminarán convergiendo, probablemente con un candidato de consenso de todo el arco opositor a Riquelme. El angelicismo admite que hay reuniones entre Mario Pergolini y algunos otros actores como Ameal, ya diferenciado de la gestión de Román.
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Daniel Angelici.
La oposición atomizada que el PRO quiere capitalizar
El macrismo ve una oportunidad en la hiperfragmentación de la oposición. Ven que en todas las variables que miden, Riquelme está desgastado. Por ejemplo, en las encuestas que el PRO mandó a confeccionar, ve que en el ítem “continuidad o cambio”, el 28% quiere continuidad y más del 60% cambio, pero que cuando se consulta sobre quién debe encabezar el cambio, esa oferta se diversifica entre Beraldi, Reale, Paolini, Quintana o Pergolini. Pero que en la continuidad, el nombre es uno solo: Juan Román Riquelme.
Es decir, para derrotar al ídolo, es inevitable un gran frente opositor que acuerde en los cinco o seis lugares más relevantes de la nueva conducción a referentes de esos espacios internos, tales como la presidencia, las vicepresidencias, la Secretaría General y la Tesorería. Todos los actores transitarán este año cada uno por su lado y esperan que, entre diciembre y marzo, puedan ponerse de acuerdo para iniciar la campaña. Las elecciones serán en diciembre de 2027.
El macrismo no cree que Riquelme vuelva a presentarse por otro mandato. Consideran que está sintiendo el desgaste y que no se atreverá a una derrota que manche su popularidad. Tampoco creen que haya riquelmismo sin Riquelme, el ídolo no construye una sucesión y el PRO ve que todo gira en torno a su figura, que es un proyecto que nació y morirá con él.
Mauricio Macri y Andrés Ibarra durante la campaña 2023.
Beraldi, ¿el nombre del consenso?
Hay sectores del mundo Boca que creen que la influencia de Macri y Angelici es menor que hasta hace unos años. Consideran que la derrota electoral de 2023 frente a Riquelme terminó desdibujando la imagen del expresidente. Le recuerdan que no fue a votar y miran a Ibarra y al histórico colaborador de Macri Javier Medín como los responsables de aquella derrota.
Allí crece la tesis de que el próximo presidente de Boca debe ser Beraldi, el histórico dirigente que formó parte de la comisión directiva en las gestiones de Macri y Jorge Amor Ameal. Fue vicepresidente entre 2008 y 2011. En 2019 fue candidato a presidente y su lista quedó tercera. Beraldi se transformó en una de las principales voces de la oposición a la dirigencia riquelmista, con críticas al manejo deportivo. Ya anunció su candidatura. El macrismo cree que su aspiración tiene lógica y reconoce que hoy es el más competitivo.
El empresario del transporte fue tres veces candidato y, en el punto de arranque, es el más conocido, por eso quiere que el acuerdo sea inmediato. El resto prefiere esperar y mirar la foto de marzo. En el PRO ven a su nombre como alguien que podría vencer a un Riquelme que consideran terminado.
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José Beraldi.
En 2019, Beraldi salió tercero cuando triunfó la lista de Ameal, Riquelme y Pergolini, logró más de 16 puntos detrás del oficialismo angelicista que encabezaba Gribaudo. Sospechan en esa tribu que, si se presentan dos listas, podrían votar cerca de 50 mil socios sobre un padrón de 120 mil habilitados. Beraldi transita la política de Boca desde hace más de 30 años. Confirmó que el año próximo será candidato a presidente y que sumaría a otros espacios, siempre y cuando no haya condicionamientos.
Boca, al ritmo de la política nacional
Hay quienes creen que Boca se espeja, social y políticamente, en lo que ocurre en la Argentina, una especie de provincia 25. Se explica en su territorialidad, la heterogeneidad de los estratos sociales de sus hinchas y, desde hace más de 20 años, en la asociación con la coyuntura política nacional. El factor PRO es insoslayable: la exitosa presidencia de Macri en Boca, en los resultados deportivos, lo catapultó al escenario político desde donde logró llegar a ser jefe de Gobierno porteño y Presidente de la Nación.
Esa hegemonía amarilla permaneció hasta la llegada de Riquelme con Ameal en 2019, cuando nació en Boca el anti macrismo, al ritmo del malestar social que se gestó sobre los últimos años del gobierno de Macri en la Argentina. Esa oleada llevó puesta la reelección del ingeniero en la Nación y la de María Eugenia Vidal en Buenos Aires, así como también sucedió en otras provincias y municipios. Boca no fue la excepción.
Mauricio Macri
Mauricio Macri en el acto del PRO, en Vicente López.
De Boca -también ocurre en otros clubes, aunque no en esta magnitud- surge una interminable lista de nombres que, antes, después o en paralelo, juegan en la política tradicional. Algo que ocurre en casi todos los clubes, aunque en La Ribera funciona distinto a instituciones en las que se elige un presidente con 3 mil o 4 mil votos. Es uno de los dos clubes más populares de Argentina, donde la capilaridad y la penetración popular influye como en ningún otro. La gestión de Macri le dio vida a un espacio político que gobernó CABA, el país y varias provincias, y marcó una era dorada en la vida deportiva del club.
Román es Cristina
Más allá del conocido vínculo entre Riquelme y Sergio Massa, el PRO ve en Román algo muy parecido a lo que le pasa con Cristina Fernández de Kirchner. Aunque los separa su origen, ambos redefinieron sus liderazgos en espacios que ya tenían sus figuras históricas: CFK en el peronismo, existiendo Eva y Perón; Riquelme en Boca, después de Maradona y Rojitas.
El PRO asume a los dos como líderes carismáticos y soberbios. Algo hay: ambos se dividen entre el amor y el rechazo y convirtieron esa dicotomía en una dinámica de poder. Román y Cristina se asumen perseguidos por el macrismo y el poder real e hicieron de eso una narrativa que, luego de años y desavenencias, pareciera ser lo único que los sostiene. La fascinación de sus seguidores por ellos se les volvió una cámara de eco de la que muchas veces les cuesta salir.
Riquelme CFK
Juan Román Riquelme y Cristina Fernández de Kirchner.
El PRO quiere aprovechar en Boca, como sucede a nivel nacional, que ninguno supo construir una figura en la que pudieran delegar su poder, algo que ocurre con los grandes líderes: “Nada sin Cristina”, “Román es Boca”. Sus devotos les juran lealtad. Es cierto que a la luz de los resultados deportivos, a Riquelme se le dio vuelta el reloj de arena. Pero la gran diferencia del momento más frágil de ambos es que la expresidenta sí enfrenta un desafío interno a su conducción con las nuevas canciones que propone el gobernador bonaerense, Axel Kicillof. En Boca, por ahora, sigue tocando Román.