09|10|2021

Ni aun vencido: intimidad y razones de una jugada en modo noviembre

19 de septiembre de 2021

19 de septiembre de 2021

El gobernador está piñón fijo: quiere dar vuelta la derrota de las PASO. El Plan Remontar, Todos a la cancha y una escapada al sur en busca del aval de La Jefa.

Lo dijo Letra P en Novena sección, la columna de análisis de la política bonaerense que escribe Kevin Cavo todos los domingos. Lo dijo Letra P en la semana, a medida que fue contando cómo se movía al margen todo lo posible de la crisis que puso en peligro la unidad del Frente de Todos: Axel Kicillof solo piensa en ganar, ganar, ganar. La cirugía que aplicó en su gabinete, anunciada este domingo, tiene ese norte excluyente: ganar, ganar, ganar. Y tiene el sello de una sociedad que viene trabajando en una sintonía de la que careció la fórmula presidencial: Kicillof planeó, CFK rubricó.

 

El gobernador, herido en su orgullo por haber sucumbido a una ola amarilla nacional que no pudo frenar a pesar de haber vacunado, vacunado y vacunado; de haber puesto el cuerpo en una gira proselitista sin descanso y de no haber cometido los errores no forzados que hicieron llover sobre la ya mojada imagen del presidente Alberto Fernández, se puso las anteojeras y la noche misma de la derrota en las PASO, después de quedar en off-side en un festejo precoz, se encomendó a la misión de cambiar la historia en noviembre. Plan Remontar.

 

Durante los cinco días hábiles de esta semana, Kicillof desembarcó en el territorio caliente del conurbano y se reunió con decenas de intendentes e intendentas. Ahí está el punto: el mandatario está convencido de que en un mayor involucramiento de las jefaturas territoriales del peronismo en la campaña y en la consecuente movilización de sus tropas militantes está la llave de, al menos, la esperanza de mejorar la performance electoral del domingo pasado. "La derrota ya la tenemos", dicen en La Plata.

 

Esa convicción es la madre de los cambios de gabinete que anunció este domingo el gobernador. El intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, jefe indiscutido del segundo distrito más poblado del conurbano, bastión peronista de la determinante Tercera Sección electoral; referente del peronismo bonaerense surgido de las entrañas del duhaldismo pero, a la vez, depositario de alta consideración de la vicepresidenta y puente de plata de Máximo Kirchner con esa tropa territorial, a la Jefatura de Gabinete. Leonadro Nardini, referente de la Primera, la otra región clave para las aspiraciones peronistas en la provincia, al Ministerio de Infraestructura: a gastar la caja. Cristina Álvarez Rodríguez, otra figura del peronismo patricio, al Ministerio de Gobierno, una cartera que conoce de sus épocas de funcionaria de Daniel Scioli

 

Con los cambios, Kicillof sacrifica -al menos en las formas, porque tendrán funciones parecidas a las que venían desempeñando- a Carlos Bianco, a Teresa García y a Agustín Simone, cuadros de su más estrecha confianza. Política, territorialidad, movilización de tropas y obra pública. Esas son las razones que justifican, a entender del gobernador, semejantes ofrendas a la causa sagrada: ganar, ganar, ganar.

 

Que la Jefa dignifique

Kicillof no quería pisar en falso. Es un soldado de Cristina. Fue su "ministro (de Economía) favorito"; se montó al Clio de Bianco en 2016 para recorrer la provincia porque ella lo mandó a esas rutas que no conocía; siguió siendo su ministro de Economía aun después de 2019, ya con la banda de gobernador puesta, en las mesas de discusión de la política económica que -se supo claramente esta semana- dividen aguas profundas al interior de la coalición gobernante y es, además, su plan 2023: si por CFK fuera, el próximo candidato a presidente que lanzaría el Frente de Todos sería él.

 

Por eso, este domingo, el gobernador hizo los deberes: se subió a un avión con rumbo sur y se reunió con la vicepresidenta en El Calafate, en la república kirchnerista de Santa Cruz, también jaqueada por la derrota del domingo. Cristina aprobó y Kicillof volvió, anunció y detonó la paz de la tarde-noche cuando parecía que había terminado la semana de furia. 

 

En una visita a la redacción de Letra P cuando todavía trajinaba rutas bonaerenses en el Clio de Bianco, poco antes de las PASO de agosto de 2019, el entonces precandidato a gobernador prometió: "Voy a gobernar muy cerca de los intendentes, nada puede hacerse sin ellos". Después habrán pasado cosas, pero "muy cerca" no fue "con" los intendentes y las intendentas adentro: el primer gabinete kicillofista fue más técnico que político.

 

Casi dos años después y cachetazo electoral mediante, aquella promesa tomará más cuerpo. "Este es un gabinete más territorial para preparar el renacimiento", dijo este domingo el gobernador en la conferencia de prensa que brindó para anunciar sus decisiones. Más vale tarde que nunca, acaso piensen aquellos caciques que rumiaron bronca hace casi dos años.