07|9|2021

Fernández a la CELAC: banca y lustre regional para el profeta offshore

27 de julio de 2021

27 de julio de 2021

Hacia la presidencia del gran foro de Latinoamérica y el Caribe. Apoyos a izquierda y derecha. Programa económico, político y sanitario por encima de la grieta.

La candidatura de la Argentina para presidir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) a partir de enero próximo marca una nueva ofensiva nacional por ganar protagonismo en la región, en la que el presidente Alberto Fernández buscará sacar partido, de la mano de México, un aliado cada vez más cercano, de su condición de bisagra en los grandes conflictos hemisféricos, desde la crisis venezolana hasta la relación entre Estados Unidos y Cuba, pasando por el respaldo a una democracia magullada en muchos países y la provisión amplia de vacunas para terminar con el capítulo regional de la pandemia.

 

"Se ha pedido por parte de la Argentina que les informe sobre su postulación para la presidencia pro tempore de esta comunidad para 2022, para que en septiembre se tome la decisión y se anuncie lo correspondiente", dijo el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, en la apertura de la XXI cumbre de cancilleres y representantes de los 33 países del joven bloque.

 

"Para la Argentina, la CELAC está en el centro de nuestras convicciones integracionistas y de nuestra vocación con Latinoamérica y el Caribe. Una de las aristas más valiosas de la CELAC, que debemos reconocer y potenciar, es su capacidad de dar impulso al diálogo con nuestros socios extrarregionales", recogió el guante, poco después, el canciller Felipe Solá.

 

Como el foro es desde su creación en diciembre de 2011 un ámbito más o menos laxo de coordinación de políticas entre los países de América Latina y el Caribe, no cuenta aún con una institucionalidad fuerte ni procedimientos rígidos para la elección de sus autoridades rotativas. Por caso, pandemia mediante, México continúa este año su segundo período consecutivo, algo que cambiará en la reunión de septiembre de modo que las nuevas autoridades asuman en enero de 2022.

 

En ese contexto de baja institucionalización, resulta imposible hoy, a diferencia de lo afirmado prematuramente por algunos medios, afirmar que Fernández será con seguridad el próximo presidente pro tempore del bloque que se plantea como una suerte de Organización de Estados Americanos (OEA) sin el peso asfixiante de Estados Unidos y también sin la presencia de Canadá. Sí puede afirmarse que, por el momento, la Argentina es la única candidatura en pie para liderar el organismo que busca aunar posiciones para luego negociar en conjunto con la hiperpotencia y que ha recogido respaldos llamativamente variados, de izquierda a derecha, de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Perú, México, Colombia, Ecuador, Chile, Paraguay, El Salvador, Belice, Surinam y otros.

 

Brasil no ha salido de la CELAC, pero ha congelado su participación, algo que el canciller Felipe Solá le ha pedido que cambie a su par Carlos Alberto França, aunque sin respuesta por el momento debido al carácter recalcitrante que Jair Bolsonaro le imprime a su política internacional, una suerte de trumpismo sin Donald Trump.

 

Un éxito en la pelea por liderar la CELAC representaría el quiebre de una tendencia reciente desfavorable para el país, como fue la derrota del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, para dirigir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la de Christian Asinelli, asesor y subalterno de aquel, para la Corporación Andina de Fomento (CAF).

 

En Cancillería destacan el perfil de Fernández como atractivo para liderar un bloque cruzado por problemas similares, pero también por miradas ideológicas muy diferentes.

 

"Es un candidato antigrieta, ideal para romper esa trampa y poder sentarse junto a presidentes que mantienen posturas opuestas entre sí", le dijo a Letra P una fuente del Palacio San Martín.

 

La "plataforma" argentina para hacerse con el cargo apunta a la identificación de problemas comunes como la pobreza, la escasez de vacunas contra el nuevo coronavirus –muy agudas en muchos países–, problemas políticos e institucionales que demandan más mediaciones y menos imposiciones externas y el creciente atraso tecnológico. A esto último apunta, por ejemplo, la propuesta de crear una agencia aeroespacial latinoamericana.

 

Asimismo, el Gobierno planea apalancarse en el bloque para multiplicar las oportunidades de comercio, lo que indica el foco diferente de la diplomacia nacional respecto de lo que proponen Brasil y Uruguay en el Mercosur. En pocas palabras, más comercio con la región y menos énfasis en alianzas de dudoso resultado para las industrias locales como las que podrían cerrarse con China o Corea del Sur.

 

En ese sentido, se ponderó que el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme, haya concretado en los últimos días acuerdos para la exportación de silobolsas a México, que ahora se encuentre en Guatemala para abrir nuevas posibilidades de exportación y que esté trabajando en la apertura del mercado de Colombia para las pickups argentinas.

 

Ebrard y el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, sentaron en la última reunión un programa de largo aliento para la CELAC: su institucionalización, para la que incluso mencionaron un modelo extremadamente exigente como es el de la Unión Europea. En esa línea llegó incluso a plantear el remplazo de la OEA, un organismo dominado a placer por Estados Unidos, cuyo poder diluye la retórica de que cada país tiene un voto como todos.

 

"En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador, a petición y aceptación de las partes en conflicto", dijo AMLO. Así, puso una vez más en la mira al secretario general de ese organismo, Luis Almagro, uruguayo de nacimiento, pero estadounidense de corazón, al punto que fue expulsado de su alianza, el Frente Amplio –a la que supo servir como canciller–, debido las aristas más controvertidas de su actuación.

 

Esa, sin embargo, que suena hoy a utopía, no será una pelea de corto plazo. Más realista, Fernández apenas buscaría consolidar su condición de "profeta offshore" y restablecer en alguna medida el protagonismo regional que la Argentina ha perdido en medio de sus crisis recurrentes.