23|7|2021

Unión Cívica Convivencial

28 de marzo de 2021

28 de marzo de 2021

El radicalismo cree tener chance de liderar JxC. Con cañones aún humeantes, depende de la paz que logren sus coroneles. Barco sin capitán y esa figura en proa.

Oteando el horizonte se visualiza el barco de Juntos por el Cambio navegando hacia las aguas turbulentas de las legislativas de octubre. Viaja sin capitán a la vista y sobre cubierta la tripulación se reparte entre rojiblancos y amarillos. Al igual que estos últimos, los primeros dirimen su propia rencilla para parir sus oficiales. Vienen de un viaje largo trapeando la cubierta mientras otros conducían la nave, la opción que encontraron para subirse al barco que ahora quieren timonear. En proa parece asomarles una esperanza. Sí, la UCR parece estar frente a un escenario prometedor, pero tiene la obligación de mantener la convivencia pacífica entre las partes si quiere dejar de ser el hermano menor del PRO.

 

Con los cañones de la batalla en Buenos Aires aún humeantes, los dirigentes muestran con entusiasmo “el mensaje de la militancia” del domingo pasado, cuando 115.000 afiliados, más del 17% del padrón, superaron toda previsión sobre el número de participantes, en una interna devaluada a ojos de la maquinaria mediática pero que definía mucho. Acaso las acciones de la dirigencia y el rumbo que tome la alianza opositora dimensionen en un futuro el espesor de la contienda entre el oficialista Abad-Negri y el retador Posse-Lousteau. Mirar el espejo de Gualeguaychú es un buen ejercicio.

 

Hay quienes leen en la paridad de la votación entre el oficialismo y la línea Evolución, que vende renovación, un triunfo del partido, toda vez que el resultado de la contienda no desacreditó a ninguno. Ahora, ganadores y perdedores se sientan a la mesa grande fortalecidos, reflexiona un dirigente bonaerense del campamento ganador reconociendo el resultado que obtuvo el intendente de San Isidro.

 

De otro modo: en virtud de la pequeña diferencia que sacó pese a contar con el aparato, el oficialismo ganó con no perder. Mientras que, pese a haber perdido, el retador ganó por la performance alcanzada. Desde esa óptica, la UCR lleva un plantel sin lesionados al partido que debe jugar con el macrismo.

 

Hubo en campaña -hay ahora- una línea argumental unívoca en ambos sectores más allá de las acusaciones de seguidismo amarillo que hacen unos y de oportunismo y oposición friendly que descargan otros: dirigentes de ambas trincheras dicen -y, lo más importante, lo creen- que es hora y pueden dar una batalla con los amarillos por el control de la coalición. Hay datos objetivos para sostenerlo. Uno, claro, la derrota de 2019 que por obvias razones pegó más duro en el PRO; otro, el que usó el propio Abad en campaña para neutralizar a quienes acusaban al salvadorismo de prestar un servicio de acompañantes a la gestión Vidal: antes de 2015, el radicalismo tenía once intendencias y ahora tiene treinta y dos. Otra vez: comparado con la de hace seis años, la UCR llega a esta elección más fuerte y con su socio mayoritario disminuido, sin el sillón que ocupa Axel Kicillof.

 

¿La diversidad de dirigentes le permite al radicalismo pescar en diversas peceras? El vecino peronista que camina por la vereda de enfrente acaso esté dándole la respuesta con el ejemplo Berni, ese electrón presuntamente suelto pero asido como garrapata a la estrategia electoral del oficialismo en curso.

 

Nombres

Uno bonaerense y el otro, porteño; uno línea oficialista y el otro, línea retadora; uno político y el otro, un out sider que amagó en 2017 pero no concretó. Martín Lousteau y Facundo Manes, de 50 y 52 años de edad, son hoy los dos activos más destacados del radicalismo en el AMBA, región clave para quien pretenda pisar fuerte en la arena política. 

 

El senador porteño suma millas. Desde su sorpresivo desembarco en el Ministerio de Economía en la primera gestión de CFK no paró. Con la feroz disputa con el campo por la 125 salió eyectado del gabinete en menos de lo que canta un gallo, pero su inmediata férrea oposición a su exjefa le permitió no perder vidriera. En el invierno de 2015 le cascoteó el rancho a Larreta y después, de un gran salto geográfico y político aterrizó en Estados Unidos al convertirse en embajador del gobierno de Macri en Washington. Tras su renuncia, con la llegada al Congreso, el aliado de Rodríguez Larreta aceleró su construcción y hoy tiene silla fija en la mesa de JxC. Su delfín en la populosa Tercera sección electoral -y en toda la provincia- Pablo Demenichini instala Evolución en la madre de todas las batallas.

 

Manes, esa serpiente enjabonada para el sistema político, tal como lo definió el periodista Nicolás Fiorentino, suma por todos lados. Jugado por el oficialismo en la interna bonaerense, en la que hizo campaña activa por la lista Adelante Radicales de la que formó parte su hermano Gastón, parece estar más cerca de dar el salto al barro. “Estamos esperando que tome la decisión. Él sabe que este es el momento”, se entusiasma un dirigente radical dueño de votos al tanto del operativo seducción. En el PRO miran de reojo, creen que esta vez sí se calzará el traje de candidato y saben que ese jugador en cancha puede alterarles los planes.

 

“Es muy difícil alcanzar un acuerdo interno con quien fue sumiso y servil”. “Es imposible confiar en quienes tienen una actitud zigzagueante y oportunista”. Pareciera imposible volver tras esas acusaciones vertidas en campaña, pero en política todo es posible. Y la dirigencia desarrolló la habilidad de convertir un campo de batalla en una pradera de aparente calma en un pestañeo. El radicalismo podría estar en el zaguán de una nueva hora. Dependerá de la convivencia que logren los marineros para alumbrar un nuevo capitán. De momento, hay un civil nacido en Quilmes que tiene el uniforme de marinero en la mano, a quienes muchos le piden que se ponga la gorra de plato.