18|11|2021

Galimberti, un radical contra la frigeriomanía

06 de febrero de 2021

06 de febrero de 2021

El intendente de Chajarí lidera una liga de alcaldes de la UCR que quiere disputar con Frigerio en Entre Ríos y quebrar la hegemonía PRO. Sin 2021, no hay 2023.

En cualquier campamento electoral de Entre Ríos, la principal variable en 2021 es la candidatura de Rogelio Frigerio. En el peronismo, porque inquieta la performance que pueda llegar a tener el exministro del Interior, que, como adelantó Letra P, pretende ganar este año y pelear la gobernación en 2023. En el radicalismo, porque retrotrae a su dirigencia a 2015, cuando por primera vez en la provincia la UCR fue sin candidato propio por someterse a la novedad electoral que implicaba la figura de Alfredo De Angeli como postulante de la alianza Cambiemos.

 

El intendente de Chajarí, Pedro Galimberti, picó en punta para que no se repita la historia. Su nombre viene dando vueltas hace un tiempo, pero en estos días sus pretensiones se hicieron explicítas. Fue luego de que el espacio que integra fuera bautizado con el nombre “Construir”. Allí dejó claro que quiere ser protagonista en las elecciones de medio término y disputar con el economista y extitular del Banco Ciudad. Integrado por los jefes comunales de la UCR y un grupo de legisladores y legisladoras, no solo plantaron bandera para el proceso electoral de octubre, sino que apuntaron la proa a 2023.

 

La hoja de ruta del jefe comunal de Chajarí, una ciudad al norte de la provincia con 50 mil habitantes, le indica que debe dejar los hilos de su ciudad para disputar una banca en el Congreso. Entre Ríos renueva en 2021 cinco escaños en la Cámara de Diputados. Esa maniobra, dejó deslizar el propio Galimberti, le permitiría aprovechar la campaña para recorrer la provincia y por lo menos empardar el volumen de conocimiento que tiene la figura de Frigerio, que corre con ventaja luego de haber sido el jefe político de Juntos por el Cambio cuando ostentaba el cargo de ministro del gobierno de Mauricio Macri y visitaba la provincia cada 10 días.

 

Audacia y cálculo

El plan que pretende desplegar Galimberti tiene copyright: lo inauguró el intendente justicialista de Concordia, Enrique Cresto, al tomarse licencia y asumir en el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enosha). La corriente de pensamiento que circula en Entre Ríos plantea que quien está a cargo de un municipio, más aún en época de crisis, no tiene la más mínima posibilidad de saltar el cerco de su comunidad. De ahí la necesidad de salirse de la diaria de la comuna para tratar de pasar de pantalla.

 

Galimberti trascurre su segundo mandato consecutivo en su ciudad. Fue reelecto con uno de los porcentajes más altos en 2019, cuando se impuso por el 67,5% de los votos en una elección que fue desdoblada en Entre Ríos. Con 50 años, fue concejal y ocupó diferentes cargos partidarios. Presidió, incluso, el Comité Provincial entre 2016 y 2018. Su rol de productor agropecuario, aunque se graduó en abogacía, también lo llevó a presidir la Sociedad Rural de Chajarí. Sin embargo, durante el conflicto del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con las entidades del campo por la resolución 125 su figura no tuvo relevancia, pese al perfil alto que ostenta en la vida partidaria.

 

Saltó a la política provincial de la mano de Fabián Rogel, con quien está distanciado. Haberse cobijado detrás de la figura del exdiputado nacional lo puso en la vereda de enfrente de Atilio Benedetti, que en la última década ocupó un lugar determinante en el radicalismo entrerriano: fue candidato a gobernador en 2011 y 2019 y dos veces legislador nacional.   

 

Galimberti se anota entre los opositores más furibundos. Suele hablar de “Estado bobo” y, para golpear al gobernador Gustavo Bordet, al que acusa de “no dar la cara”, agregó otra frase a su repertorio: “Estado mudo”. A fines del año pasado, cuando se acercó la época de las vacaciones de verano, autorizó reuniones de hasta 1.500 personas pese a la pandemia, lo que le granjeó una fuerte crítica por parte del Ejecutivo provincial. Más aún, a los pocos días crecieron los contagios y su ciudad quedó en estado de “transmisión comunitaria”. La directora del hospital Santa Rosa de Chajarí, Fernanda Lalosa, lo cuestionó públicamente. Señaló que Galimberti sostuvo una decisión aperturista por “una motivación estrictamente política” y lo calificó de “anticuarentena”.

 

Efecto Frigerio

El radicalismo de Entre Ríos debe renovar autoridades el 18 de abril próximo y parece haber retomado una de sus mejores tradiciones: el internismo. No siempre le ha dado resultado, pero, viniendo del partido boinablanca, no deja de ser una reivindicación de la institucionalidad: canalizar los debates en el seno de la organización política.

 

La UCR se propone, como prioridad, fortalecerse y sentarse en la mesa de Juntos por el Cambio en mejores condiciones. Galimberti está convencido de que una mayoría radical lo va acompañar porque enfrente está el exministro que, considera, durante cuatro años hizo y deshizo a su antojo en el radicalismo. Es más, también cree que en el PRO hay enojados con Frigerio. Este jueves, el chajariense se encargó de difundir un comunicado de macristas “del norte entrerriano” que acompañan “su liderazgo”. Luego, recibió al excandidato a intendente de Concordia Roberto Niez, quien desafió sin éxito al exfuncionario de Macri en la interna provincial que se realizó en noviembre pasado.

 

Galimberti dijo que quiere "cambiar los paradigmas" de la provincia. Así, blanqueó sus pretensiones para 2023. Seguramente habrá otros. Un dato no debe ser soslayado: todos los jefes comunales del radicalismo transitan su segundo mandato. En otros tiempos, esa condición los hacía acreedores de un pase libre para ocupar un lugar expectante en la lista de aspirantes a la Cámara de Diputados, pero esta opción quedó en un limbo cuando el año pasado la Legislatura aprobó la Ley de Paridad Integral, que establece que las listas deben intercalar postulantes de uno y otro género.

 

La interna radical puede ser el salvoconducto para unificar el partido luego de casi dos décadas sin encontrar una síntesis de conducción y electoral, pero también puede ser el ámbito en el que se repita el pasado de rupturas y divisiones que favorecieron desde 2003 al peronismo y, desde 2015, al PRO. Galimberti se propone romper ese maleficio.