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El diputado cerealero Atilio Benedetti ahorra para el sillón de Urquiza: quiere gobernar Entre Ríos. Miembro del club +200, votó contra el aporte solidario.

Por 19/11/2020 17:35

 Su nombre apareció en una lista que ningún dirigente quiere integrar. Sobre todo, en estos tiempos. Atilio Benedetti figura en la nómina de los legisladores que serán alcanzados por el aporte extraordinario de las grandes fortunas, el proyecto de ley aprobado en la madrugada de este miércoles por la Cámara baja.

El diputado nacional de Juntos por el Cambio, enrolado en el radicalismo, votó en contra. Horas antes, había planteado ante los popes del bloque la posibilidad de abstenerse, precisamente por su incómoda situación. Le aconsejaron que actuara según sus convicciones, que le indicaron que debía expresarse por la negativa. “Estoy totalmente en contra y me pone muy incómodo porque pareciera que estoy en defensa propia, pero creo que es un mal impuesto porque caza en el zoológico y afecta a quienes generan trabajo y desarrollo económico y no a las grandes fortunas que están en los paraísos fiscales”, le dijo a Letra P.

Según los registros de la Oficina Anticorrupción, al 31 de diciembre pasado, Benedetti tenía un patrimonio de $ 332.651.930.

Según los registros de la Oficina Anticorrupción, al 31 de diciembre pasado, Benedetti tenía un patrimonio de $ 332.651.930. Un poco más abajo se ubicó el presidente del bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner.

Comenzó su carrera política en la ciudad de Larroque, un pueblo de 14.500 habitantes ubicado a 50 kilómetros de la ciudad cabecera de Gualeguaychú. Lo hizo desde el cargo electoral más bajo en el escalafón. Fue concejal con la vuelta de la democracia y, luego, tuvo un impasse de ocho años hasta que asumió la intendencia. En el medio, ocupó cargos partidarios en los órganos de conducción provincial y nacional.

Benedetti alcanzó la primera plana en la política provincial con el conflicto entre las entidades del campo y el Gobierno, en 2008. El dirigente, que había cultivado bajísimo perfil, más aun por lo chico que es su pago en el mapa entrerriano, empezó a ocupar los principales espacios en los medios cuando las retenciones móviles eran el tema en todos los ámbitos.

Hasta allí, el larroquense nacido el 1º de enero del ’55, al calor del final del primer peronismo, era un empresario del agro de magnitud. Al momento en que el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, presentaba el proyecto que reestructuraba el impuesto a la soja, Benedetti presidía el Consejo Empresario de Entre Ríos y se desempeñaba como prosecretario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Cuando el nuevo siglo transitaba sus primeros meses, el radical había sido elegido presidente del Centro de Acopiadores de Granos de Entre Ríos.

 

 

El campo está en su ADN. Esa marca se hizo indeleble en dos oportunidades clave. La primera es personal y familiar: a los diez años, falleció su padre y su madre debió hacerse cargo de cuatro hijos y de la empresa rural que sostenía a la familia. La segunda vez tuvo más repercusión en la vida social y política con el conflicto agropecuario que sacudió al país, con Entre Ríos como uno de los epicentros de la disputa.

En las elecciones legislativas del año siguiente, ese exintendente de Larroque, de bajo perfil, se convirtió en el rostro del radicalismo y de la oposición. Encabezó la lista de aspirantes a diputados que se completaría con dos dirigentes del campo. Tras el triunfo ante el peronismo, Entre Ríos aportó tres “agrodiputados”. Aún faltaría en la escena electoral Alfredo De Angeli.

Presidió el Consejo Empresario de Entre Ríos, fue prosecretario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y condujo el Centro de Acopiadores de Granos de Entre Ríos.

MAL CÁLCULO. Su victoria ante el peronismo, que llevaba invicto diez años, le indicó a la oposición que no había otro nombre para las elecciones de 2011. Los radicales entendieron que el hombre tenía todas las posibilidades. Fue candidato a gobernador, pero perdió contra Sergio Urribarri, que obtuvo el 56 por ciento de los votos y fue reelecto el mismo día en que Cristina Kirchner lo hacía en el país.

En 2013, el licenciado en Bromatología fue candidato a senador nacional. Fue traumático para el partido centenario. El oficialismo se quedó con dos bancas en el Senado y el cargo por la minoría quedaba para el peronismo disidente con apoyo de Mauricio Macri en la Nación y del exgobernador Jorge Busti en la provincia. Alfredo De Angeli ocupaba su primer cargo político. El radicalismo entrerriano quedaba por primera vez en la historia sin representación parlamentaria en la Cámara alta.  

Benedetti se dedicó a Terra Greda S.A., su empresa de acopio, comercialización de granos y producción de alimento balanceado. Un año antes, había ingresado con una inversión de 17 millones de pesos al negocio porcino y la firma obtuvo el premio en la categoría “Mejores productores de carne del país” que otorgan el diario La Nación y el Banco Galicia.

En 2015, el diputado nacional tuvo otro mal trago. Su aspiración para la candidatura a gobernador fue frustrada en el marco de la interna con el PRO. Rogelio Frigerio impuso el nombre de De Angeli y la UCR volvió a sentir el golpe. Por primera, vez no llevaba un candidato propio en la fórmula para la Gobernación.

En 2017, Benedetti volvió a encabezar la lista para la Cámara baja, pero siempre con la mira puesta en el objetivo mayor: gobernar Entre Ríos. La película volvió a repetirse. El triunfo de 2017 en las legislativas lo entusiasmó para las ejecutivas de 2019, que lo tuvieron como candidato. Otra vez la derrota, ahora ante Gustavo Bordet, que fue reelecto en una elección desdoblada de la nacional con el 58 por ciento de los votos. Benedetti era rezagado a un segundo lugar cómodo, más de 20 puntos abajo.

El radical de Larroque, que suele recibir elogios de Elisa Carrió cada vez que llega a Entre Ríos, no sabe bien qué va a hacer el año que viene, cuando se le termine su mandato. Desde 2009, ha sido el rostro de la oposición provincial y la marca de una nueva etapa de su partido. En su entorno, no descartan que la historia continúe, con la convicción de que la labor parlamentaria se entiende siempre como antesala de un nuevo intento por llegar al sillón de Urquiza.