02|5|2022

El nuevo Alberto, del paraíso offshore a la maldita Buenos Aires

03 de noviembre de 2021

03 de noviembre de 2021

Faltó la bilateral con Biden, pero Fernández volvió conforme de Europa. Presidente blindado y Cafiero de frontman. El barro electoral y la sombra de la derrota.

(Enviada especial a Roma y Glasgow) La agenda apretadísima de la gira, la preparación de discursos e intervenciones, reuniones bilaterales y participaciones casi no dieron tiempo a poner el ojo en Argentina. Concentrada en Roma y Glasgow, la comitiva presidencial se despegó por unos días de la convulsionada política local, las internas del Frente de Todos (FdT) y las elecciones que se avecinan y que anuncian, casi sin margen para el error, una nueva derrota en las urnas.

 

En Europa, Alberto Fernández hizo su juego con tranquilidad. Rodeado por su círculo de máxima confianza, con Santiago Cafiero otra vez cuidándole las espaldas – ahora, como canciller - y una nueva estrategia en la relación con los medios, el Presidente se movió seguro entre líderes europeos, dejó sus mensajes en el G20 y la cumbre de cambio climático, se anotó triunfos en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el anuncio de inversiones y buscó afirmarse como un interlocutor en la región en el mundo inestable de la pospandemia. En el balance final, solo faltó la ansiada bilateral con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, cuya intervención será decisiva en la definición que tome el directorio del Fondo en la reunión que tendrá en diciembre. El estadounidense se hace esperar.

 

La madrugada de este miércoles devolvió al Presidente a la dura realidad local, donde esperan encuestas poco auspiciosas para el oficialismo en las elecciones del 14 de noviembre. El equipo presidencial prefirió no hacer ningún comentario sobre los números que circulan. Espera que el domingo de las urnas llegue y pase lo más pronto posible y transmite que mantiene la calma pese a los pronósticos agoreros y las especulaciones sobre qué podría pasar en el FdT tras una nueva derrota.

 

“El gabinete ya se acomodó. Las expresiones del FdT que no se sentían protagonistas, como los gobernadores, ahora tienen su lugar en el Gobierno. Todos entendemos que el FdT no puede romperse. El único camino es fortalecerse, porque el día 15 hay que seguir gobernando. Habrá que hacer en dos años lo que estaba previsto hacer en cuatro”, apuntó un funcionario de confianza del Presidente.

 

Aunque la realidad local pega un cachetazo, Fernández entiende que la gira internacional lo devuelve al lugar en el que le gusta mostrarse, como hombre de diálogo y referente regional, y detona las críticas internas sobre la política del Gobierno. “Es esclarecedor para los argentinos. Siempre se trata de mostrar a un presidente aislado. Está claro que no es así. Alberto es un presidente que puede hablar con el mundo”, dice un dirigente que ocupó un lugar en la comitiva oficial. Quedó explícito, por ejemplo, el contraste con el brasileño Jair Bolsonaro, que quedó casi aislado en el G20, sin ninguna reunión bilateral. En el terreno internacional, Fernández lleva cuerpos de ventaja.

 

Apenas aterrizado en Buenos Aires, el Presidente tuvo una confirmación relacionada con la campaña. El próximo sábado, el FDT volverá a mostrarse unido antes de las elecciones. Será en un acto que se celebrará en Merlo, donde gobierna el intendente Gustavo Menéndez. Aunque unos días antes de lo que prevé el calendario oficial, el encuentro oficiará como cierre de campaña. Será la forma de “liberar” después a toda la dirigencia del país para que pueda hacer sus respectivos cierres en sus distritos.

 

La Casa Rosada espera que allí estén todas las figuras del oficialismo, con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner incluida. Fernández la llamó desde Escocia para darle detalles de la gira y de las conversaciones por la deuda.

 

Como contó Letra P, el nuevo esquema de comunicación del Presidente, que empezó a implementarse en Buenos Aires a fines de septiembre con acciones de “microcampaña”, se sintió con más contundencia durante la gira.

 

El anillo que lo rodeó preservó a Fernández para las actividades con líderes de primer nivel, jefes y jefas de Estado y limitó al máximo su exposición ante los medios. El Presidente estuvo concentrado en las actividades oficiales y delegó la comunicación oficial en Cafiero. “Esta gira fue distinta a la anterior. Los eventos absorbieron todo el tiempo”, justificó un hombre de la mesa chica presidencial. 

 

La portavoz de Presidencia, Gabriela Cerruti, que se sumó a la comitiva por primera vez, y el subsecretario de Comunicación, Marcelo Martin, monitorearon los movimientos. Para el trabajo en discursos y la preparación de las reuniones bilaterales, el Presidente estuvo en contacto permanente con sus funcionarios y funcionarias de mayor confianza, Cafiero, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca; la asesora Cecilia Nicolini, el jefe de asesores, Juan Manuel Olmos, y el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello. Una mesa chica políticamente sin fisuras, ciento por ciento albertista.

 

Cafiero tuvo en Europa el protagonismo que perdió en Argentina cuando salió de la Jefatura de Gabinete, tras la derrota electoral. Como encargado de las relaciones exteriores, estuvo siempre al lado de Fernández en el contacto con los líderes extranjeros, pero el Presidente le dio, además, un rol dentro de la comitiva que no tuvo su antecesor, Felipe Solá.

 

El canciller tuvo a su cargo la comunicación con la prensa en Roma, después de la reunión con Kristalina Georgieva y de las bilaterales del primer día del G20, y encabezó el anuncio de la inversión australiana que el Gobierno lanzó con bombos y platillos desde Glasgow.

 

En el vuelo de regreso a Buenos Aires, fue el encargado de hacer el balance de la gira en diálogo con los medios enviados a la gira europea. El tándem con Todesca hizo, además, las correcciones finales de los discursos de Fernández, en los que intervinieron “varias manos”, desde Beliz hasta Nicolini, pero que el Presidente terminó de afinar siempre de manera personal durante los viajes en avión, antes de cada cumbre o incluso en el mismo recinto en el que le tocaba hablar, tanto en el G20 como en Glasgow.

 

En ese proceso se filtró un primer borrador del discurso que Fernández dio el martes ante Biden en la conferencia sobre metano. Infobae publicó la versión en la que el Presidente le hablaba directamente a su par estadounidense y le pedía intervención para destrabar la negociación con el Fondo. Cafiero y Todesca lo modificaron el lunes por la tarde, en Edimburgo. Consideraron que Fernández "no tenía por qué pedirle” a Biden. “La discusión del Gobierno es con el Fondo, no con Estados Unidos”, apuntaron. Cuando llegó al Presidente, el documento ya estaba corregido.

 

El mandatario no dejó pasar una oportunidad para marcar su mensaje. En Roma, hizo uso de la palabra en las tres conferencias disponibles. En Glasgow, habló en la sesión plenaria y en el evento sobre metano que organizó Estados Unidos. La deuda y las renegociaciones con el Fondo fueron el eje con todas sus intervenciones. Del exterior, volvió con buenas noticias. Le resta ahora ordenar el frente interno y enfrentarse al trago seguramente amargo que traerá el resultado electoral.