X

El vecino nacional

El zarpazo de Fernández acelera el despegue del alcalde, que se ceba con encuestas. Pero sin provincia no hay paraíso: Santilli x Vidal vs. el póker de barones.

Por 12/09/2020 12:29

En la Argentina del día a día, no hay forma de gobernar la crisis múltiple, pero siempre sobran planes para mañana. La amistad de Horacio Rodríguez Larreta con Alberto Fernández nadaba contra la corriente cuando la pandemia era prioridad absoluta y rendía el canto de sirenas del consenso para todos, pero la sublevación de la Policía bonaerense encontró a Axel Kicillof en un estado de debilidad manifiesta y el Presidente, que se vio rodeado de patrulleros y policías en la Quinta de Olivos, aceleró con el decreto que le quita a la Ciudad el 1% de la coparticipación.

El jefe de Gobierno porteño quedó obligado a pelear por los recursos ante la Corte Suprema y se vio forzado a anticipar una disputa nacional que estaba en el horizonte pero no quería precipitar. Larreta salió a defender lo suyo para el territorio cautivo del PRO, pero habló por primera vez con un mensaje que intentó dirigirse a todo el país. “Mañana le puede pasar a cualquier provincia”, “necesitamos un federalismo en serio sin depender de los favores del gobierno de turno”, “podemos avanzar haciéndolo juntos los bonaerenses, los cordobeses, los mendocinos, jujeños, fueguinos, todos juntos”, dijo. Que el discurso haya sido interferido por la solicitada del Presidente que contaba con el apoyo de 19 gobernadores peronistas -incluido el beneficiado Kicillof- al decreto no quita que Larreta se haya anotado el salto diferenciador de Juan Schiaretti, con quien el alcalde mantiene históricos vasos comunicantes.

 

 

Tomado por la pandemia y la coordinación con Fernández y Kicillof para enfrentar la pandemia, Larreta lleva meses haciendo equilibrio en la interna de Juntos por el Cambio como contracara ejecutiva de los halcones. Sin embargo, la triple alianza del AMBA le rindió en las encuestas que revisa de manera permanente y le permitió ganar un posicionamiento a nivel nacional que no tenía. Como anticipó Letra P hace 20 días, dentro de la alianza opositora nadie espera que la tensión con Mauricio Macri se vuelva irreconciliable, sino, más bien, un nuevo acuerdo como el que sellaron en 2015 para la candidatura de Larreta a jefe de Gobierno. Como Macri en su momento, Larreta va por su segundo mandato y pretende en 2023 ser candidato a presidente. Para eso debe acordar un nuevo reparto de roles y de acciones con el egresado del cardenal Newman.

 

 

CUANDO UN AMIGO SE VA. Hace tiempo que Larreta repetía ante su entorno que la crisis iba a llevar a Fernández a desviarse de la avenida del medio, acentuar la polarización y mimetizarse con CFK, la gran detractora del alcalde porteño. Lo preveía aún cuando mejor se llevaba con el Presidente, aunque seguro no esperaba que le recortaran por decreto -con un minuto de anticipación- una cuota de la coparticipación que Macri le había entregado también por decreto. Larreta sabía que, tarde o temprano, iba a perder el beneficio desmedido que le había concedido el turista europeo, pero pretendía reeditar la mímica de una negociación para no quedar tan desdibujado. Según dicen en la Ciudad, “la confianza” construida en nueve meses de gobierno acaba de derrumbarse. A partir de ahora, queda la gestión compartida, que no va a alterarse, pero hubo un “punto de inflexión” y el “amigo” Horacio llegó a la conclusión de que “la palabra” de Alberto vale muy poco.

Larreta no sólo salió a responder por lo económico sino, también, por lo político. “Él no quería lanzarse a la pelea nacional, pero, si no responde, le invaden la Ciudad. Si no tiene firmeza, los porteños lo pasan por arriba”, le dijo a Letra P un consultor que trabaja con el jefe de Gobierno. Todo su estrategia tiene un correlato en las encuestas y los focus group.

 

 

SANTILLI, A LA PROVINCIA. Larreta ya venía pensando en su armado nacional, pero el decreto de Fernández parece haber acelerado los tiempos y acertar en la provincia de Buenos Aires es el factor crucial para cualquier pretensión presidencial. En Parque Patricios, admiten que Diego Santilli es un nombre que trasciende las fronteras municipales y ya comenzó a hacer pie en tierra de Kicillof.

Larreta y Santilli se conocen de memoria y llevan una vida haciendo política juntos en la Ciudad. Sin embargo, el archivo registra un paso fugaz de los dos por el bastión del peronismo. Corría diciembre de 2000, cuando Carlos Ruckauf designó a Larreta como presidente del Instituto de Previsión Social y Santilli desembarcó como escolta. Aunque duraron poco, igual que el canciller Ruckauf, algunos todavía lo recuerdan: se fueron el 11 de diciembre de 2001, días antes del estallido.

 

Campaña permanente. Santilli, con vecinos y vecinas de Villa Devoto, a pasitos de la provincia.

 

Más tarde, se acoplaron a la aventura de Macri y las diferencias que en algún momento tuvieron fueron limadas, según dicen, en una reunión para la fórmula porteña que se hizo en 2015 en la casa de Jaime Durán Barba. En los últimos dos años, el vicejefe de Gobierno se convirtió en el socio principal del alcalde. Desde el desastre en la organización del River-Boca en noviembre de 2018, se hizo cargo del Ministerio de Seguridad y resolvió, a ojos de Larreta, un problema fundamental. En 2019, decidió reeditar la fórmula de 2015 como compañero de HRL, aferrarse a un lugar de poder y resignar, al mismo tiempo, su ambición de heredar el cargo máximo en la Ciudad. En ese entonces, Horacio solía decirle: “Si te hablara únicamente como amigo, no sabría qué recomendarte”. Santilli hizo lo que le convenía a Larreta en mayor medida y se quedó sin horizonte de corto plazo en la Ciudad: en el próximo turno electoral, tendrá que migrar. Como a su socio, que lo considera su “hombre político”, la pandemia le permitió aumentar su nivel de conocimiento en la provincia.

El vicejefe hizo algunas apariciones en el territorio madre de todas las batallas y dispuso que dos de sus hombres de confianza hagan incursiones permanentes: el ministro de gobierno, Bruno Screnci, y el vicepresidente del Banco Ciudad, Fernando Elías, ya trabajan en el distrito que gobierna Kicillof. Hacia 2021, la decisión que admiten en el gobierno de la Ciudad es que Santilli colabore con la campaña del candidato del PRO en la provincia y sostienen que será Maria Eugenia Vidal la encargada de encabezar la boleta amarilla, algo que no es seguro que seduzca a la chica de Flores. La exgobernadora terminó mal la gestión y parece imposible que tenga una nueva chance después de los años traumáticos de Macri en el poder. Pero cerca de Larreta hacen cuentas: piensan que, si Kicillof sigue así, puede terminar su mandato realzando las acciones de la que ayer fue su víctima.  

 

 

CUATRO NOMBRES. Falta una eternidad y Santilli repite a su entorno que hablar de 2023 hoy es “ciencia ficción”. Sin embargo, los encuestadores que trabajan para el PRO advierten que el esposo de Analía Maiorana es el que más mide en la provincia después de Vidal, que ya se quemó con el fuego bonaerense.

 

 

La irrupción de Santilli como candidato del otro lado de la General Paz es negada por la comandancia de Uspallata y anticipa un foco de resistencia por parte de los cuatro barones macristas, Jorge Macri, Néstor Grindetti, Diego Valenzuela y Julio Garro. El pelotón de potenciales candidatos PRO en la provincia tiene anotados al primo Jorge, dueño del sueño eterno de ser gobernador pero con un apellido que conspira mal contra sus pretensiones en la inmensidad bonaerense. Otros mencionan a Cristian Ritondo y a Emilio Monzó, aunque está alejado de la política pública y parece en boxes mientras el resto suma kilometraje cada día.

Para el armado nacional, Larreta admite que, en el equipo de las palomas, hay cuatro nombres que rinden en las encuestas: el de él, el de Santilli, el de Vidal y el de Martín Lousteau, decidido a ir en busca de la jefatura de Gobierno y, en apariencia, sin rivales. Sin embargo, la exgobernadora acaba de mudarse a la Ciudad y hay quienes anticipan que tarde o temprano vendrá un enroque con Santilli. Qué lugar tendría Lousteau en ese esquema es otro de los acertijos que debería resolver Larreta, que convirtió al economista que le dio el susto de su vida en socio obediente para la Ciudad.