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Mañana, Máximo & Massa

Uno pone creciente tropa política. El otro, los fierros del establishment. Los movimientos de una sociedad que construye para un futuro por ahora sin fecha.

Por 04/07/2020 13:08

En la Argentina del día a día, no hay forma de gobernar la crisis múltiple, pero siempre sobran planes para mañana. Con la ya famosa reunión en la casa de Jorge Brito, los diputados Máximo Kirchner y Sergio Massa dieron un paso más en un doble sentido: se acercaron al establishment y abonaron la ilusión de un futuro político que los encuentre asociados. La cena con Marcos Bulgheroni, Marcelo Mindlin, Hugo Dragonetti y Miguel Acevedo puede derivar en un primer paso para el contrato social tan promocionado como demorado, puede recrear la ficción de la burguesía nacional que tanto enamora en el peronismo kirchnerista y puede allanar -o no- el avance del también postergado impuesto excepcional a las grandes fortunas. Pero ya rindió sus primeros frutos. 

Como cabezas visibles de un gobierno al que se lo critica por la falta de gestión y la falta de política, Kirchner y Massa se consolidan como un eje de relaciones que tiene base en la provincia de Buenos Aires y perfora las paredes del Congreso.

Como cabezas visibles de un gobierno al que se lo critica por la falta de gestión y la falta de política, Kirchner y Massa se consolidan como un eje de relaciones que tiene base en la provincia de Buenos Aires y perfora las paredes del Congreso. Tienen con qué y pueden hacerlo, a diferencia de otros en la comandancia del Frente de Todos. Sobrecargado de tareas y con un gabinete que sólo él sabe en qué medida lo ayuda, Alberto Fernández está abrumado por el doble frente de la peste y la deuda. En una situación similar aparece Axel Kicillof, que debe frenar el avance del virus que se expande en el conurbano y gobernar una economía en crisis. Accionista principal de la sociedad de gobierno, Cristina Fernández parece repartida entre el Senado, el frente judicial, la provincia de Buenos Aires y algunas áreas del Gobierno, pero con escasa voluntad y margen para trascender los marcos del oficialismo. 

El jefe del bloque de diputados y el presidente de la Cámara, en cambio, reúnen el deseo, la vocación y la libertad de hacer política desde un segundo estamento del poder. Ejercitan una alianza que nació en campaña, cuando Máximo y Eduardo De Pedro -el tercer comensal peronista en casa de Brito- se sentaron durante horas, primero para convencer a Massa y después para negociar las listas con los operadores del Frente Renovador. Con un Congreso que funciona a medias, los socios de una misma “generación” tejen con el Círculo Rojo, de cara a un mañana de lo más impreciso.

 

 

EL DON PIRULERO. Lo contó Letra P: por ser el hijo de Cristina, por conducir una organización como La Cámpora, por su lugar en Diputados, Kirchner es hoy el tercer nombre en la mesa más chica del poder junto al Presidente y su vice. A la portación de apellido, le sumó mérito propio y parece imitar más los pasos de su padre que de su madre. Después de que CFK hiciera detonar todos los puentes con el establishment en la presidencia, ahora su hijo desanda ese camino de confrontación en un regreso al primer Kirchner, de vínculo con empresarios, sindicalistas, banqueros economistas y financistas. Si trata de sentarse con el poder real a lo Néstor, sin reconocer límites de ningun tipo, en el oficialismo, no hay mejor socio que Massa para dar ese paso.

Massa se mueve desde hace casi una década como parte de un bloque de poder que a veces se expande y a veces se comprime, pero siempre está.

El exintendente de Tigre se mueve desde hace casi una década como parte de un bloque de poder que a veces se expande y a veces se comprime, pero siempre está. El “tío” Brito fue el primero en conocerlo a fines de la década del ‘80, cuando Massa era un joven inquieto de la Juventud Liberal bonaerense y apareció un día por el Club de paddle San Jorge, en Boulogne, San Isidro. El dueño del Banco Macro todavía lo recuerda: él era el presidente del club y su vice era el empresario Mauricio Macri. Desde entonces, pasó de todo, pero ese lazo nunca se quebró.

Brito acaba de regresar a los primeros planos con una entrevista en El Cronista, justo cuando su íntimo amigo Carlos Melconian vuelve a ser candidateado para el podio inalcanzable del Ministerio de Economía. Al apoyo del banquero, Massa le suma sponsors conocidos, entre los que se destacan los comensales Mindlin y Bulgheroni, Daniel Vila, José Luis Manzano, Alberto Pierri y una liga que se activa cuando está en auge. Nombres que terminaron mal con Cristina, como el dueño de Pampa Energía, acaban de regresar asociados con el Gobierno en el proyecto atrofiado por la peste de “encender” la economía. Es Massa el artífice principal de ese puente que llevó a Fernández, la semana pasada, a elogiar a Mindlin y presentarlo como emblema del empresariado nacional que invierte, en contraste con Vicentin. La cena de Máximo con el zar de la energía confirma que la plana mayor del Gobierno le abre las puertas y Cristina permanece por ahora a cierta distancia, aunque al tanto de todo. Solo faltaría que el traidor a la causa de la argentinización de YPF, Sebastián Eskenazi, se sentara un día a apagar viejos rencores, algo incompatible con que siga interesado en el juicio buitre contra la Argentina. 

La ecuación está a la vista y rinde dividendos para los dos. Máximo le aporta volumen político a las relaciones de Massa con el mundo empresario: así, cada uno le transfiere al otro una parte de su capital y se fortalece en lo que le falta. El juego que cada cual atendía se convierte en uno nuevo y constituyen un eje de poder tan real como ascendente dentro del FDT.  

 

 

CAMBIEMOS. Para que la alianza Máximo-Massa funcione, los dos tuvieron que vencer desconfianzas, deponer intensas agresiones previas y desplazarse del lugar en que se paraban. Crecer. Acostumbrado a traficar en los medios cada una de sus movidas, esta vez el exintendente no fue el que dio a conocer el encuentro. Aunque sin los nombres de los asistentes, la información apareció primero en una nota de Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna, el domingo pasado, que anunciaba que el 14 de julio MK presenta finalmente su proyecto para que los ricos aporten. Todo un cambio, que le interese más a Máximo que a Massa dar a conocer una cita.

Como dice uno de los políticos que lo conoce bien: “Sergio deber estar pensando ‘si esto no funciona, mañana puedo ser yo’”. ¿Cuándo es mañana?  “Mañana puede ser cualquier cosa en Argentina. Y en la cabeza de Sergio, también”.

Los amigos que tiene Massa en el frente opositor registran con claridad cuál es el salto del tigre, de regreso al útero materno del cristinismo y en una sociedad que alumbra un camino  futuro con el jefe de La Cámpora. Dicen que el giro es elocuente. Primer síntoma: Sergio hace rato que no llama. Conclusión: la desorientación, que tantas veces lo gobernó, quedó atrás y otra vez está en carrera. Lo ven haciendo el juego más inteligente, primero porque casi no habla y se acomoda en un perfil más bajo, lo que tanto sufrimiento le costaba. Segundo, porque sus apariciones buscan conservar a su viejo electorado: el pedido de juicio político a los jueces que liberen detenidos sin darle vista previa a las víctimas y cumplir con la ley 27.372, el proyecto contra el “vandalismo rural” por la rotura de silobolsas, sus movimientos en torno a Vicentin para licuar la expropiación.

Massa se diferencia, pero está adentro y nada indica que vaya a dar un paso al costado. Con una economía arruinada por los años de Macri y el efecto de la pandemia que asoma devastador, ante una crisis profunda, el presidente de la Cámara de Diputados puede emerger como solución o ser arrastrado por un tsunami, según especulan en la oposición. Como dice uno de los políticos que lo conoce bien: “Sergio deber estar pensando ‘si esto no funciona, mañana puedo ser yo’”. ¿Cuándo es mañana?  “Mañana puede ser cualquier cosa en Argentina. Y en la cabeza de Sergio, también”. 

 

 

Es temprano y todo es día a día para un gobierno que sufre para salir del encierro: el virus, la deuda, la recesión, el temor a lo que vendrá y un frente social-empresario aguerrido que no duda ni da marcha atrás. Sin embargo, entre los empresarios de contacto habitual con Massa hay eternos ganadores que gozan del entusiasmo fácil. Uno de ellos le dijo a Letra P que Máximo y Massa apuntan juntos a 2023. “Será Máximo-Massa o Massa-Máximo, lo verán en su momento”, deslizó.

Falta una eternidad. Nadie sabe en qué condiciones llegará Fernández al final de su mandato y si querrá o podrá ser algo más que un interregno. También Cristina tendrá que evaluar qué futuro puede alumbrar para el entenado Kicillof en el próximo turno presidencial. Pero esa alianza incipiente estimula el juego del pensamiento entre los que no tienen urgencias y persiguen, desde siempre, el mismo anhelo: encontrar una armonía mayor entre la política del peronismo y las ambiciones del establishment.