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Corte de manga

El proyecto de detonar Comodoro Py unió a supremos que se recelan. La mano visible de CFK, una ministra herida, nostalgias rafaelinas y periodismo de guerra.

Por 30/07/2020 16:40

Por un rato, los Fernández lograron unir a la Corte Suprema en su contra. La mayoría peronista de Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti coincidió con Carlos Rosenkrantz en la necesidad de ahorrarse el viaje hasta la Casa Rosada para la puesta en escena de la reforma judicial. Los llamados de última hora de Julio Vitobello y Marcela Losardo fueron declinados en forma amable. Lorenzetti está en Rafaela y Rosatti en Santa Fe, pero se conectaron con Maqueda y el titular de la Corte, que permanecen en Buenos Aires, para poner en común una negativa que insinúa hacia afuera una unidad que, adentro, no existe. Según dicen en el Palacio, no hubo una decisión grupal ni un Zoom de cuatro que se recelan entre sí y sólo se ponen de acuerdo ante el espanto. Apenas una conclusión: no sobran voluntarios para a ir a aplaudir su propio paso a degüello. Sólo Elena Highton de Nolasco abandonó la reclusión a la que se había rendido el 19 de marzo pasado para salir del aislamiento e ir en busca de una reconciliación pública con Fernández y los entusiastas del panperonismo que, tal vez así, puedan olvidar su voto a favor del 2x1 para los represores de la última dictadura o su alianza con Rosenkrantz para votar a favor de los deseos de Mauricio Macri en la era Cambiemos. La única mujer del máximo tribunal exhibe una coherencia indiscutible y siempre juega al oficialismo. Con los 75 años ya cumplidos, le preocupa, dicen los demás supremos, el futuro de su hija Elenita, designada secretaria de Relaciones de Consumo de la Corte con rango de camarista.

 

 

Entre los supremos ausentes, se consideran gente con memoria, muchos años de trayectoria y experiencia política. Por eso, dicen, nadie quiere que se le rían en la cara. La reforma que busca licuar el poder de la guillotina tendenciosa de Comodoro Py tiene cierto respaldo, aunque nadie sabe si logrará votos en el Congreso y todos se preguntan de dónde van a salir los fondos para el traspaso y ampliación de la justicia federal a la órbita de Horacio Rodríguez Larreta. ¿El jefe de Gobierno logrará alguna concesión de Fernández o terminará litigando ante la propia Corte?

Más importante que eso, las objeciones que aparecen en todas las encuestas con respecto a la lentitud de la Justicia tienen que ver con delitos ordinarios, femicidios y casos de violencia urbana. “¿Crean un megafuero para la política y el resto de los temas no importa?”, le preguntó a Letra P un asesor que interpreta a la mayoría peronista. Algo más que esgrimen en su defensa los supremos: la principal causa de la demora en la Corte es la negativa del Estado a pagar los juicios de los jubilados, que vuelven a aumentar en este 2020 en el que Fernández decide por decreto los aumentos.


 

 

PALABRA DE ALBERTO. El problema principal es con el Presidente, que habilitó una ampliación del número de miembros del máximo tribunal después de que se cansó de rechazar esa “fantasía”. Viral, repetida y contradictoria, la palabra de Fernández es lo que se juzga mal. También la de Losardo, que prometió que no habría cambios sin consulta previa. 

A fines de abril, Cristina fue a visitar al Presidente y lo abrumó con reclamos sobre un poder judicial que atravesaba intacto los primeros meses de gobierno.

La crónica que hacen en el Palacio coincide con el razonamiento de la oposición de Juntos por el Cambio y los dueños de las grandes empresas de comunicación. Cuentan que, cuando a fines de abril Cristina recibió un rechazo a su planteo sobre las sesiones en el Senado, fue a visitar al Presidente y lo abrumó con reclamos sobre un poder judicial que atravesaba intacto los primeros meses de gobierno. Días más tarde, Fernández recibió a Gustavo Sylvestre en Olivos y abrió la puerta por primera vez a la ampliación. “Quiero aclarar que yo pienso que no debe aumentarse el número de jueces de la Corte, pero me gustaría escuchar a gente experta”, dijo en C5N. Ese viraje del profesor de Derecho Penal, dicen en la Corte, merece una explicación más seria.

Los ministros lo adjudican a una vicepresidenta que no mejoró su situación en las causas que la afectan y que no puede salir de la defensiva en la que quedó durante los años de Macri si no apunta a un cambio en la cúspide del poder judicial. A esta altura, dicen, ya es tarde y a Cristina no le sirve apostar a un proceso que buscará diluir en el tiempo el poder extorsivo de Comodoro Py. 

 

 

La reforma que Fernández anunció en campaña fue intervenida por CFK con la demanda de ampliar la Corte, que tiene como prioridad desactivar el foco de tormenta de los expedientes que la persiguen. La inclusión de Carlos Beraldi y su socio histórico Carlos Arslanian en el consejo consultivo facilita todas las argumentaciones. A la inversa, la ausencia en el acto de Vilma Ibarra y Gustavo Beliz, señalados como ideólogos del proyecto, parece ser bastante más que una anécdota. En el caso de Beliz, se atribuye a su derrota ante viejos enemigos: la sulfatada dupla Javier Fernández/Darío Richarte, que pesa en el mismo fuero Penal Económico que va a la fusión con Comodoro Py. Por eso, en el cuarto piso del Palacio, algunos opinan que Alberto avanza a desgano con la iniciativa que presentó en la Casa Rosada y hasta contempla la posibilidad de que fracase. Sería la forma de demostrarle a CFK que lo intentó pero no pudo. Algo similar reconocen en reserva altos funcionarios del Presidente. Después de haber pasado mucho tiempo en soledad, con el asesoramiento de Beraldi y sus abogados, la vicepresidenta necesita saldar ese conflicto a su favor para evitar imprevistos en un futuro que, como siempre, es incierto.  


Bendita. Highton, este miércoles, única embajadora de la Corte en la Casa Rosada.

 

DEBILES CONTRA DÉBILES. Pese a todo, las diferencias supremas son elocuentes. Mientras algunos hablan de un gobierno que quiere crear una “nueva mayoría automática”, otros afirman que la iniciativa de los Fernández es más de lo mismo. Sería el último capítulo de un intento legítimo -tan recurrente como frustrado- de la política por revertir la asimetría con un poder judicial que se sienta a esperar el fracaso de los inquilinos de la Rosada, en línea con el poder económico y con sus propios intereses de casta.  

Lorenzetti es el que más contactos tiene con el consejo de expertos, conoce a la mayoría, tiene un vínculo de lo más estrecho con dos de ellos y los considera respetables en su mayoría. El resto de los jueces de la Corte, en cambio, devalúan a los que se sentaron atrás de Fernández, los reducen a un grupo que deberá avalar la doctrina Beraldi-Arslanian y cuestiona la escasez de constitucionalistas, la idoneidad técnica y la ausencia de otros representantes del peronismo como Alberto García Lema o Joaquín Da Rocha.

Mientras Rosatti y Maqueda suponen que el proyecto puede abroquelar a los distintos estamentos de la oposición y ser un boomerang para el Gobierno, el rafaelino que reinó durante 11 años en la Corte ve una fragilidad en el máximo tribunal que le impide plantarse ante el Gobierno como en su tiempos de gloria. Si estuviera él al frente, sería otra la situación, se deduce. A Rosenkrantz le queda un año como presidente y tanto Rosatti como Lorenzetti niegan intenciones de ocupar su lugar pero se la endilgan al otro. Ponerse de acuerdo para golpear al Gobierno con expedientes calientes en los próximos meses demandará una minima comunión.  

 

 

Inescindible del cuadro, la presión de los dueños de los grandes medios en la batalla que recién se inicia es intensa. No sólo se expresa a través de la pantalla o la firma de los columnistas destacados; también, por la vía de los llamados de lobistas reconocidos para que los supremos salgan a enfrentar al Gobierno.

Sin embargo, el bloque de poder que enfrentó al cristinismo hoy permanece astillado. La Nación apunta a Lorenzetti, en una directriz que une de manera imaginaria los intereses de Fernán Saguier con los de Elisa Carrió. A la inversa, Daniel Hadad mantiene a Infobae siempre alineado con Lorenzetti y Clarín, que estuvo unido a Rosenkrantz por el doble agente Fabián “Pepin” Rodriguez Simón, parece concentrado en su disputa de fondo: demostrarle a Fernández que no le conviene Cristina.