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Contra el aislamiento "intermitente" de Kicillof, ofrece un esquema en etapas en el pico de la crisis social, que muestra un futuro, aunque con baja precisión.

Por 17/07/2020 21:01

Sobre la base de un acuerdo que sellaron el lunes por la mañana en la Jefatura de Gobierno de Parque Patricios, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta ponen en marcha una apertura diferenciada en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Aunque con criterios y discursos disimiles para pasar a una fase con mayores habilitaciones, el gobernador y el jefe de Gobierno defienden sus indicadores sanitarios sobre el estado del coronavirus. Pese a esta grieta, hay una situación que los iguala: tanto en la provincia de Buenos Aires como en la Ciudad pesó más la presión social, política y la malaria económica para avanzar con el desande del confinamiento estricto que rige desde el 1 de julio. Munido de estos argumentos, el jefe de Gobierno exhibe un plan a futuro y pone el acelerador en el operativo despegue de la triple alianza, mientras el gobernador propone flexibilizar pero con un tono de preocupación y alerta.

Rodríguez Larreta comunicó un guion de apertura gradual, con fechas a corto, mediando y largo plazo, junto a especificaciones para cada sector de la economía porteña. Una precisión detallada que choca con la flexibilización más conservadora que promueve Kicillof. Ese punto, que se buscó suturar en el cónclave del lunes y en la reunión del miércoles con el presidente Alberto Fernández, aún genera rispideces entre ambos gobiernos.

 

 

El jefe de Gobierno respalda su plan a futuro en base a que "la Ciudad lleva 25 días de estabilización". Se refiere al número de contagios diarios que, según la visión de la administración porteña, oscila entre 900 y 1.000. Ese número, junto al índice de contagiosidad (número R0), son los dos indicadores que el larretismo exhibe para justificar la apertura a largo plazo. El otro indicador que mira es el hastío propio y externo: el suyo, porque no soporta un comentario más de sus aliados de Cambiemos  que le piden romper la etapa de buena vecindad con el peronismo; y el de los porteños, que llevan más de 120 días de encierro con una depresión económica feroz.

En la hoja de ruta para descomprimir la cuarentena, Rodríguez Larreta avanzará primero con la reapertura de comercios barriales y las jornadas de actividad física, con un manual de gestión que mezcló indicadores sanitarios y gestos a su base electoral. Sobre esto último, Rodríguez Larreta utilizó su tiempo en pantalla para saturar con la idea de la "libertad". La planteó ante Fernández y Kicillof durante el anuncio en la Quinta de Olivos y en su propia conferencia, rutina que repitió en cada una de las etapas de la cuarentena que rige desde la segunda quincena de marzo.

En Olivos, consideró a la "libertad" como uno de los principios rectores de su plan de apertura. Argumentó su propuesta en base a un "fuerte compromiso con la libertad y con la responsabilidad que esas libertades demandan". "La pandemia hizo que se restrinjan libertades en todo el mundo", lanzó Rodríguez Larreta en un claro mensaje a su base electoral. En su equilibrio para coordinar la gestión sanitaria, el jefe de Gobierno evita cualquier cortocircuito político con Fernández y Kicillof, pero con este concepto encontró otro punto diferenciador. En su línea discursiva lo marca como la idea de reabrir la Ciudad para que vuelva la normalidad a los porteños, pero también implica un guiño hacia el sector más radicalizado del electorado PRO, que pide a gritos una separación del peronismo y clama por la libertad, incluso con marchas que rompen la obligación de cuarentena estricta.

 

 

Aunque no comparta el concepto tal cual lo propone la biblioteca macrista -en clave opositora al Gobierno-, el alcalde emite un gesto para no perder vínculo con el sector amarillo radicalizado. La táctica del se sostiene sobre una delgada línea, que implica confrontar sin chocar: se acompaña la gestión sanitaria tripartita, pero también se transporta agua para el molino propio. En torno a la manifestación por el 9 de julio, Rodríguez Larreta no se pronunció, salvo para repudiar el ataque al equipo periodístico del canal C5N

El jefe de Gobierno insistió en que el distrito que gobierna “está estabilizado", aunque admitió que esa estabilización de la curva de contagios se da "con un índice alto de casos". En el gobierno porteño sostienen que, como planteó Kicillof al hablar de "cuarentena intermitente", la Ciudad volvería tras sus pasos si se experimenta una crecida de casos. No obstante, Rodríguez Larreta sostuvo que "tenemos que acostumbrarnos a vivir con la enfermedad". Una línea discursiva que choca con el estado de preocupación y alerta que planteó el gobernador bonaerense este viernes.

"No estamos abriendo a tontas y a locas, confiamos en nuestra estrategia sanitaria", le dijo a Letra P uno de los ministros que participó de la conferencia de este viernes por la tarde.